Paula despertó temprano. Sentía el roce de las sabanas en su piel desnuda. Su pequeña tanguita había quedado enrollada en la alfombra. Tomó el celular, que estaba en la mesa de luz, y lo encendió. Descubrió el mensaje de su novio. Llegaré esta noche. Te amo, decía. Ella recordó que solo quedaban cinco días para su boda. Pero eso no parecía entusiasmarla. Todavía tenía en su cuerpo la excitación de la noche anterior, cuando Leandro la llamó por teléfono y ambos intercambiaron charlas tan eróticas y sexuales, hasta acabar juntos a la distancia. Nunca le había sucedido algo tan lujurioso.
Paula notó sus pezones erguidos y la corriente interna que sentía en su conchita estrecha y depilada. Caminó hasta el baño en busca de una ducha fría. Quizás el agua apague esta locura, pensó. Se metió bajo el chorro y comenzó a fregar su cuerpo. A cada momento le volvían a su mente las palabras calientes de Leandro . Pensó en masturbarse pero se contuvo. Reconoció que jamás había estado en semejante estado de irradiación interna por el sexo. Al salir de la ducha secó su piel despacio y, por algunas partes, se colocó crema. Por díos, que sensible estoy, murmuró al tocar sus muslos y su pancita.
Envuelta en una bata caminó hasta la cama cuando escuchó el portero eléctrico. Preguntó quién era y una voz femenina le indicó que traía un regalo para ella. Decidió abrir y esperar. A los pocos segundos tenía frente así un desayuno completo, envuelto en un fino papel transparente. Chocolates y masas finas adornaban el regalo, junto a una rosa roja carmesí . Paula agradeció pero la joven dijo que debía esperar una respuesta.
Abrió el papel y dentro de la taza para desayunar había un mensaje extenso escrito por Leandro . La desafiaba a recibir su regalo de boda, una despedida de soltera diferente...
Paula leyó toda la nota, mientras preparaba el café. La joven la observaba.
- ¿Cómo te llamás?- le preguntó
- Mariana-
-Acá me dicen que sos una experta en masajes y que estás a mi disposición por dos horas-
-Así es respondió Mariana.
Paula bebió el café y comió algunos chocolates, que convidó a Mariana. La joven era algo menor que su anfitriona; con piernas firmes y senos muy redondos que sobresalían por su perfección. Su cara juvenil estaba rodeada de un pelo lacio rubio. Una belleza muy apetecible para los hombres. Estaba vestida con un guardapolvo, que la asemejaba a una médica.
Paula estiró la sábana y se recostó en la cama boca abajo. Se había quitado la bata y sólo tenía su pequeña tanga colocada. Soy toda tuya, le dijo entre risitas nerviosas. Mariana se aprontó sus manos comenzó a masajear los hombros. Sus dedos parecían mágicos, para las contracturas de Paula. Con los ojos entrecerrados comenzó a gozar de cada frotación de Mariana. Por largos minutos la masajista se dedicó a la espalda de Paula. Subió y bajó por esa piel sensible. Ella pensó en las instrucciones de Leo y cuando sintió los dedos de Mariana cerca de su cintura le dijo: Atame, atame, y lo repitió por dos veces más.
La masajista se paró, tomó las cintas que habían adornado el regalo y unió las muñecas de Paula con los parantes de la cama. Quedó de espalda, inmovilizados sus brazos, para sentir los dedos de Mariana.
La masajista inició sus frotaciones por las piernas. Presionó los dedos hasta llegar a la cola de Paula, que por primera vez estaba al borde de una experiencia lésbica. Mariana le quitó la pequeña tanga y ella se deshizo del guardapolvo. Paula giró su cara y pudo ver el cuerpo desnudo de la masajista. Sintió que un escalofrío corría por todo su interior. Sus pezones se habían puesto muy duros. Su sexo destilaba.
Mariana comenzó a besar la espalda de Paula, que gemía despacio. Te voy a comer toda, le dijo, mientras los labios recorrían la geografía desnuda. Labios y dedos jugaban en la piel de la mujer, que estaba a pocos días de casarse. Las caricias encendieron a las dos. Mariana, con habilidad, comenzó a rozar los cachetes de la cola de Paula. Pasaba un dedo por la línea divisoria.Mariana comenzó a besar la espalda de Paula, que gemía despacio. Te voy a comer toda, le dijo, mientras los labios recorrían la geografía desnuda. Labios y dedos jugaban en la piel de la mujer, que estaba a pocos días de casarse. Las caricias encendieron a las dos. Mariana, con habilidad, comenzó a rozar los cachetes de la cola de Paula. Pasaba un dedo por la línea divisoria.
Te voy a chupar todo el culito, le dijo Mariana al oído. Luego apoyó sus senos en la espalda de Paula y frotó su sexo sobre la cola. Paula abrió las piernas de manera instintiva, mientras Mariana estaba encima suyo. Gimieron ambas. La humedad de sus vaginas impregnaba la habitación. Paula se retorcía de placer y hacía esfuerzos por liberar sus manos. Los cuerpos se apretujaban... Las tetas de Mariana en la espalda de Paula. La cola de Paula que se alzaba para sentir los labios de la conchita de Mariana. Que comenzó a deslizarse hacia abajo, para atrapar el anillo de la cola . Le beso la piel de los cachetes. Después los separó y hundió su boca en el orificio virgen. El ancho de su lengua jugaba en la colita y trataba de abrir el anillo. Paula pedía más y Mariana metió su mano entre las sábanas y la conchita para penetrarla con un dedo. Volvió a gemir con más fuerza y liberó sus pensamientos.
Chupáme más el culo, me volvés loca, me estás matando de placer, gritaba Paula al sentir que la lengua le relamía la colita, mientras un dedo jugaba en la cueva de su sexo.
Quiero que me hagan la cola, dijo Paula y Mariana hundió más su boca en los cachetes, con más fuerza... En un instante, la masajista se incorporó y le susurró al oído: ¿Querés en serio que te rompan el culito?
-Si-
- Esperá a tu noche de boda- respondió Mariana
- Ahora ahora deseo que sea- dijo Paula.
Mariana liberó a Paula de las ataduras y le alcanzó el teléfono.
- Vos sabés que tenés que hacer- le dijo
Mariana volvió a besar los cachetes de Paula, mientras ella marcaba el número de Leo .
-Mi vida quiero sentirte toda- le dijo Paula. Leo la escuchaba.
-Tu regalo me está enloqueciendo, me está chupando el culito mientras hablo con vos- agregó.
Leo sentía la respiración agitada.
-Quiero que completes mi despedida de soltera y entregarme a vos- lanzó Paula y sintió como su cuerpo se aflojaba como una marioneta. Un orgasmo intenso la sacudió en su cama. Mariana acababa de chuparle con más fuerza la colita, hasta arrancarle un goce único. La masajista se paró, se pasó un dedo por su sexo y lo apoyó en los labios de Paula
-Es para que no olvides mi aroma- le dijo y le tiró un beso. Paula se incorporó y se abrazó a ella. Se fundieron en un beso profundo, de lenguas entrelazadas. Sus senos de rozaban. Sus aureolas se tocaban. Mariana, le dijo al oído que debía prepararse para gozar más. Leo es un experto, le susurró.
-Deseo todo antes de mi casamiento- dijo Paula.
A los pocos minutos sonó el portero. Paula se acostó de nuevo boca abajo y escuchó cuando Mariana le abría la puerta a Leo .
- Es todo tuya- le dijo...
Paula se emocionó al sentir el aroma varonil de Leo . Ese hombre que en pocas horas había revuelto su vida y la había elevado a un goce desconocido, a través de las fantasías.
Leo apoyó sus manos rugosas en la espalda de Paula y las bajó hasta tocar la cola. Lentamente se sacó la ropa. Ella esperaba por la dureza de ese hombre.
-Quiero tenerlo toda adentro- le dijo ella. Leo colocó una almohada debajo la pancita de ella yPaula se emocionó al sentir el aroma varonil de Leo . Ese hombre que en pocas horas había revuelto su vida y la había elevado a un goce desconocido, a través de las fantasías.
Leo apoyó sus manos rugosas en la espalda de Paula y las bajó hasta tocar la cola. Lentamente se sacó la ropa. Ella esperaba por la dureza de ese hombre.
-Quiero tenerlo toda adentro- le dijo ella. Leo colocó una almohada debajo la pancita de ella y comenzó a jugar con un dedo en el culito virgen. Ella estiró la mano y agarró el pene erecto. Sintió esa espada caliente, gruesa, cuya cabeza brillaba. Lo acarició. Corrió la piel del tronco. Jugó con los dedos en el glande.
-Tenes una pija hermosa- le dijo y sintió como un dedo penetraba en su colita.
-Hacemela despacio- agregó.
Leo sentía que su erección crecía y que la piel de esa mujer era única. Paula alzó más su cola, cuando sintió que esa verga dura se frotaba en su culo. Leo prefirió mover la cabeza de su mástil hacia la conchita de Paula y de un solo empujón enterró su pija. Ella lanzó un grito gutural de placer. Las paredes de su vagina atrapaba la pija del hombre que la noche anterior la había excitado por teléfono.
-Cogeme toda le pidió.
Él comenzó con suaves movimientos hasta que se hicieron más intensos. Su dureza abría la cueva de Paula, cuyo cuerpo estaba cada vez más liberado.
-Metemela toda- gritó
Leo hundió más su pija hasta que ella sintió toda su conchita llena..
-Más..más...más-le rogó. Nunca había sentido una verga tan dura y grande.
Leo acompasó los movimientos y abrió con sus manos los cachetes del culo...
-¿Te gustó como te chupó el culito Mariana?, le preguntó
-Si, mi macho , me enloqueció su lengua, pero ahora quiero tu verga- respondió Paula.
Leo apoyó la cabeza de su pene en el anillo del culito de Paula y empujó despacito. Ella no se apartó. Empujó un poco más y sintió como el orificio cedía...
-Así despacito hacelo- pidió Paula...
Leo con cadencia trataba de abrir el colita de esa mujer. Ella gimió al sentir el grosor del glande que le quemaba en su cola...
-Me duele un poco...pero te quiero todo adentro-
Leo esperó a que el anillo de Paula se acostumbre al grosor de su miembro y se movió despacio.
Paula sentía como su cuerpo se abría. A pocos días de su boda estaba entregando la virginidad de su culo a otro. No le importó
-Damela toda, por favor...quiero más- dijo ella
Leo empujó y parte del tronco del pene penetró en el culito. Después un poco más, hasta casi toda su longitud. Ese miembro duro la estaba atosigando de placer. La habitación olía solo a sexo y los gemidos de placer de los dos rebotaban en las paredes. Leo penetró con más fuerza a Paula. Los dos se acompasaban.
-Llename de leche- le pidió.
Leo movía su pija por ese canal con sabiduría. Como si pudiera detectar con exactitud el límite entre placer y dolor...Lentamente retiro su pene del culito, se agachó y comenzó a lamerlo. Hundió su boca y su lengua en su conquista anal. Paula pedía por más...
Por más de 10 minutos lamió ese culito que acababa de desvirgar. Ella gozó con esas lamidas, que aliviaron la apertura de su anillo. Luego, Leo volvió acomodar la cabeza de su pene en el orificio del culo de Paula y volvió a penetrarla...ella sintió que se abría toda y que los movimientos era más brusco...
-Te la voy a meter toda- le dijo y empujó hasta el fondo. Ella bramó de placer. Su colita se había tragado toda la pija de Leo . Él se movió con intensidad y Paula sintió que iba a acabar...
-Acá va mi leche- gritó Leo y los chorros de semen brotaron con fuerza. Paula se frotaba con una mano el clítoris acabando juntos. Su culo era una cueva que desbordaba líquido blanco...
Los dos quedaron abrazados en la cama. Exhaustos. una mano el clítoris acabando juntos. Su culo era una cueva que desbordaba líquido blanco...
Los dos quedaron abrazados en la cama. Exhaustos.
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