¿Qué hacer con un extraño calvo en la cama? ¿ ser infiel ? Pues anoche supe qué hacer. Mi inconsciente se manifestó con marcada influencia cuando en penumbras, durante un tiempo sin tiempo e incierto, pude experimentarlo.
Ninguno de mis novios, ni amantes, ni mi concha ha sido o es calvo ni por naturaleza ni por gusto. Esto ha generado en mi cierta curiosidad femenina, que se incrementó con el impacto agradable que tuve cuando vi luciendo unas calvas cautivadoras, en uno de los mundiales de fútbol a Zinedine Zidane de Francia y Ronaldo Nazario de Brasil. Desde entonces, el referirme o pensar en un divino calvo, bien calvo, completamente calvo, era inevitable que sugerentes pensamientos no atravesarán las delicadas fibras de mi sensibilidad.
Debía suceder, así lo sospechaba, y sucedió lo que tenía que pasar. Después de brindar anoche fuimos a visitar a unos parientes, allí esta él aguardándome .
Bebimos saltamos, reímos, bailamos y yo distinguía entre todas la mirada la suya , siempre ahí mirándome como penetrándome , buscándome . Las burbujas del champagne hicieron mella en mi concha que empezó a dormitarse en un rincón sobre un sillón.
Y yo dándo vueltas y vueltas de la mano del extraño y varonil calvo , hasta que de golpe no me digan como fue por que no sabré decirlo me encuentro en una habitación con luz difusa de velas en una cama con el calvo extraño besándome, acariciándome.
Nos besamos intensamente, él lamió mi boca, mi lengua, mi cara, mi cuello y yo no sabía cómo detenerlo. Instintivamente yo rozaba mis piernas entre sí y ya estaba empapada; además para ese momento ya mi falda estaba muy arriba y estoy segura que cada vez que miraba mis piernas se complacía con todo lo que lograba ver.
Mis manos sólo buscaban su pecho, y el sentir la aspereza de sus vellos me transmitía una deliciosas sensaciones que llegaban hasta mi interior. Yo no quería que nada cambiara en ese momento. Sin pensarlo, poco a poco fue abriendo mi camisa y tocando con su boca el borde de mi sostén. Primero rodeó mis pechos y luego los fue separando con su boca. Comenzó a jugar con ellos, los tomaba con las manos juntas, mamaba mis pezones y, cuando yo ya sentía que los devoraba, salía y metía toda su cara en medio. Qué placer. Tenía a un calvo , alguien extraño en mis pechos y ahora ya sólo deseaba que me tomara y usara mi cuerpo para su goce.
Nuestros movimientos, que permitían un mayor placer, fueron cambiando nuestra posición inicial, no me dí cuenta en qué momento mis piernas se acomodaron sobre las suyas.
Pude abrigar entre mis piernas al calvo más varonil que haya visto, él disfrutaba de mis extasiadas sonrisas pletóricas de placer y en sus apasionados arrebatos se deslizaba para provocarme sensaciones sin parar, posándome su calva entre mis dos montañas traseras para proseguir por el sendero de mi espalda y voltearme para casi lastimar mis pezones y mi cuello.
En un momento que besaba mi cintura, que me chupaba mi ombligo, él se arrodilló y metió sus manos y empujó hacia él mis nalgas, obligándome a acercarle mi vagina. Eso me ruborizó un poco: él olería, vería lo mojada que estaba y yo no podría hacer nada.
Eso no le importó, al contrario, metió su cara en medio y decidió acercar allí su boca y comenzar a lamer como un perro. Yo comencé a emitir unos gemidos que no sabía que saldrían de mí.
Mientras esto pasaba, sus manos buscaban la terminación de estas ropas intimas para bajarlas. Ya no era dueña de mí, así que no tuve ninguna objeción; al contrario, apoyando mis piernas en sus hombros y aprovechando que así encerraba su cara con mis piernas, subí mi culito virgen y le facilité la maniobra.
Él decidió bajarlas sólo al medio de mis piernas. Luego me las levantó a su gusto y, mientras se complacía mirando tanto mi culo como mi vagina, intercambiaba unas tocadas con dos dedos dentro de ambos agujeros, con lamidas allí mismo. Yo ahora había girado hacia él mientras acercaba libremente su cara a toda mi intimidad.
Era sorprendente, estaba ya en manos de un hombre que me desvirgaría y yo no tenía conciencia para nada. Todo lo que había pensado: planificar, sexo en el matrimonio, NADA POR FUERA, todo se había ido a la basura.
No sé en qué momento lo hizo pero, cuando me di cuenta, algo más estaba cerca de mi vagina. Primero pensé que era un dedo suyo, pero luego lo sentí más grueso. Confieso que no había visto una verga diferente a la de mi concha , pero nunca había tocado una de ellas.
Él pasaba primero su pija por cada uno de mis labios vaginales, luego ponía la punta en medio y finalmente la bajaba al otro agujero. Eso me tenía loca de verdad. Nunca pensé que con mi belleza fuera a dejar a un hombre hacer eso. Pero él lo hacía y yo lo había dejado.
Me abrió todo lo que quiso. Ahora ya me tenía abierta como una puta, a su merced. Estaba entre recostada y sentada, `ponia su mano rodeando toda mi concha , la tapaba, restregaba mis pelos del pubis con la mano, con la cara, los lamía, chupaba un jugo blanco que me salía como una fuente y lo saboreaba, luego subía y me mamaba las tetas, pasaba a mi boca mi propio jugo. Lo deseaba por lo que me hacía.
Pude notar el grosor de su órgano, sus venas fuertes como riachuelos azules, lo mismo que la humedad que dejaba huellas en la cama . Enseguida el calvo me penetraba . Bajé la mirada y vi cómo los labios de mi concha se abrían y chupaban lentamente esa verga que iba desapareciendo. Sentí que si no me erguía no entraría más. Así que abracé su cabeza y empujé hacia delante, lo que logró que entrara toda.
Todo era de lo mejor, cuando pasó algo imprevisto: oí en el fondo del pasillo que tapaba una pared, la voz de mi esposo que me llamaba y me exigía que le dijera donde me hallaba. Sabía que él no entendía lo que pasaba y por eso no se acercaba, era sólo para buscarme , para irnos a casa .
Como no nos veía, yo quedé acostada con el pelado entre mis piernas y mi concha expuesta completamente. Le contesté lo más serena que siguiera durmiendo que yo luego lo iba a buscar , el calvo, aprovechó el momento y, sin pensarlo dos veces, bombeada y bombeaba metiendo su pija en mi.
La boca del calvo quedaba en mis tetas, él mamaba y mamaba sin parar, mi cuerpo se contoneaba buscando que su verga me entrara más y más; deseaba que me penetrara hasta la garganta..
Luego, incliné mi cabeza sobre la suya y él subió su boca y me dijo obscenidades en mi oreja todo lo que quiso. Cuando tomó mi culo para ayudar a empujar, me dijo que se iba a correr, que no iba a aguantar más. Eso me calentó y perdí la noción del espacio y el tiempo. Era formidable, no sólo me penetró como quiso, sino que me llenaría de su leche. Quería que toda llegara a mi interior. Fue lo que deseé más en ese momento, por lo que restregué mi pubis en él y logré que entrara la verga completamente en mí. Cuando se dio cuenta de ello, me dijo que me llenaría toda la noche, que esa verga no saldría de allí nunca. ¡Qué caliente me puso!
Mi corazón latía como el más rapido caballo. Sabía que dos movimientos más y me correria con una verga dentro de mí. Así que me sincronicé a sus movimientos. Mientras le decía secretamente que aguantara, iba subiendo y subiendo a límites insospechados. Fue entonces cuando ambos nos corrimos, yo me restregaba y él me penetraba más y más. Casi estaba sobre él, ni un sólo poro de mi cuerpo se separaba del suyo. Entonces la sacó de mi cueva y la metió en mi boca. Una desenfrenada orgía de sensaciones al sentir su cabeza calva complaciente inseparable con mi piel desnuda, que valiéndose de su virilidad arrojaba su semen mi boca salpìcando mi cara … hmmm qué placentero.
En silencio, fuimos disminuyendo nuestro ritmo y seguimos pegados, mientras conversaba con mi esposo para calmarlo. Le dije ue ya termnaba de dialogar e iría con él, que todo estaba bien.