El sábado me desperté un tanto inquieta, llevaba una semana sin tener sexo con Carlos, mi pareja , con quien convivía hace tres años y eso era muy extraño. Sobre todo porque en las tres últimas veces que me había insinuado él me había rechazado, algo bastante raro en él, ya que hasta aquel momento siempre había sido él el que me había propuesto sexo abiertamente. Así que me desperté con una ganas tremendas de hacer algo. Como hacía calor, aunque estábamos en primavera, no llevaba ropa, dormía totalmente desnuda con una ligera sábana para taparme si me molestaba el fresco de la mañana. Dirigí mis manos hacía mi sexo y muy suavemente empecé a masajearme el clítoris, pero enseguida una serie de ruidos empezaron a desconcentrarme. Oí a mamá duchándose y unos fuertes golpes en el piso superior, supuse que sería Jeremías, el hijo de 3 años de mis vecinos. Así que ante aquel panorama decidí levantarme. Me puse una calza ajustada pescador y una simple remera y me dirigí a la cocina. Mi madre estaba preparando el desayuno, y extrañamente en ella, canturreaba una canción. En realidad en las últimas semanas, mi madre había estado más alegre que de costumbre, supuse que sería a causa de algún hombre y por enésima vez traté de averiguar algo:
- ¡Buenos días, mamá! Qué alegre estás hoy ¿no?.
- ¿Yo? – Me preguntó como si le hubiera hecho la pregunta más rara del mundo – no, estoy como siempre, hija mía.
- No, yo te noto diferente desde hace una semana mamá. Seguro que hay algún hombre por ahí que te causa ese estado de ánimo.
- No hija, no hay ningún hombre, de verdad. Es sólo que me alegro de estar viva –
Terminó diciendo por enésima vez mientras me ponía una taza de café.
Preferí no seguir insistiendo en el tema porque sabía que no lograría averiguar nada y además tenía cierta prisa, ya que a las nueve en punto debía estar en la peluquería para hacerme el peinado para la boda de Eugenia .
Una vez en la peluquería no pude evitar pensar y recordar que en la última semana tanto mamá como Carlos habían estado extrañamente felices y diferentes, o por lo menos a mí me daba esa sensación. Y no sólo eso, también entre ellos la relación era extrañamente fantástica, sobre todo si la comparaba con la relación de casi "odio" que mi madre había tenido con mi anterior novio . Aunque evidentemente me hacía feliz ver que Carlos y ella se llevaban bien.
Tras la sesión de peluquería volví a casa y comí con mi madre, luego me vestí para la boda con el vestido que me había comprado un mes antes. Era un vestido con una pollera larga y una camisa de manga tres cuartos de color negro, con un escote que dejaba entrever el nacimiento de mis senos. Apenas llegó Carlos, de su trabajo , como ocurría últimamente siempre se mostró muy amable con mi madre, le dijo lo hermosa que estaba; aunque por supuesto también tuvo halagos para mí. Comió mirándonos amabas con mucho deseo, la verdad que yo tenía ganas de llevarlo al Carlos a la habitación y darle merengue .Mi madre se interpuso y nos llevó a la sala de planchar para mostrarnos como había quedado la ropa planchad apara la fiesta de aquel día.
Y ya todo se diluyó , Carlos luego durmió algo a solas y se duchó. Nos fuimos hacía la iglesia, ya que la ceremonia sería a las siete de la tarde .
Cuando llegamos los novios aún no habían llegado y mucha gente les esperaba fuera. Saludamos a nuestros amigos y entonces le ví. Federico , mi ex director ahora inspector general de la institución donde yo trabajaba , estaba allí. Me sorprendió bastante verle, aunque por otra parte también era lógico que estuviera allí, ya que era familiar de Eugenia , la novia.. Durante unos segundos nuestras miradas se cruzaron pero ninguno de los dos se acercó al otro para saludarnos.
En el interior de la Iglesia y mientras duró la ceremonia estuve bastante ausente, debo confesarlo, pensando en Federico porqué él en su ultima charla, el viernes , me había propuesto un ascenso importante al mismo momento que me pidió que saliera ese viernes con él a cenar a su departamento, así todo junto en el vértigo del viaje de una ascensor del la planta baja al piso 14 donde los inspectores tenían sus oficinas y solo me dejó su número de celular para confirmarlo dar por terminadas nuestras cosas , que en todo caso serían como nunca iniciadas. Volver a verle había hecho renacer mis dudas , Federico me excitaba, maduro, simpático, elegante , muy varonil, atlético y poderoso , pero al mismo tiempo tan siempre a las corridas, como todo hombre poderoso .Recordé nuestros tres años juntos de trabajo y con Carlos, mi novio , el sexo era tan... mecánico, desapasionado, soso; no se me imaginaba que quizás con Federico sería puro fuego quemándome por dentro.
Inmersa en aquellos pensamientos oí una voz a mi lado varonil preguntándome:
- ¿Te encuentras bien? – Era Carlos.
- Sí, tengo un poco de calor, nada más – me excusé – voy a salir a tomar el aire.
Salí a la calle y respiré profundamente, y entonces escuché su voz:
- Sigues tan bonita como siempre – me giré hacía él.
- Tú también estás muy bien – le dije – pensé que no vendrías, Eugenia me dijo...
- Sí, sé lo que te dijo, yo le dije que lo hiciera así, quería ver tu cara de sorpresa cuando me vieras – justificó Federico con una perversa sonrisa.
- Sigues siendo tan seductor como siempre – le recriminé.
- Por supuesto.
En ese momento empezó a salir la gente de la iglesia.
- Bueno, supongo que luego nos veremos, en el restaurante – propuso Federico – tengo que hablar contigo y me debes una respuesta.
- Claro.
Él entró en la iglesia y yo me quedé allí, a los pocos segundos apareció Carlos y tras acercarse a mí me preguntó:
- ¿Cómo va ese calor? ¿Se te ha pasado?
- Sí, ya estoy mejor.
Nos hicimos las consabidas fotos con los novios y luego fuimos al restaurante. Mientras comía no podía dejar de mirar a Federico , que estaba sentado dos mesas más allá. Él tampoco dejaba de mirarme y, además, lo hacía con cierta confusión, deseo y remordimiento. Tras la cena empezó el baile, y entonces Federico se acercó a mí, yo estaba bailando con Carlos.
- ¡Hola! – Me saludó como si nos hubiéramos visto el día anterior.
- ¡Hola! – Le respondí yo y presentándoselo a Carlos le dije: - Este es Federico , mi exjefe , Carlos, mi novio .
Muy correctamente ambos se saludaron y entonces Federico con cierto descaro le preguntó a Carlos:
- ¿Me dejas bailar con esta preciosidad?
- Por supuesto – aceptó Carlos y se alejó de nosotros en dirección a la barra.
Federico me tomó por la cintura y empezamos a bailar. Noté como pegaba su cuerpo al mío y como se movía para colocar su sexo erguido estratégicamente, para que yo pudiera sentir su erección. Con aquellos movimientos me estaba poniendo a cien, cada vez estaba más excitada y no dejaba de imaginarme en sus brazos mientras me hacía el amor. Para colmo cada vez me estrujaba más contra él, y acercaba sus labios a mi cuello haciéndome sentir su respiración en mi oído, algo que él sabía sobradamente que me ponía a mil. Empecé a sentir calor y entonces oí su voz preguntándome:
- ¿Por qué lo dejamos?
- Porque... – No supe que responderle
- ¿Por qué no vamos a un lugar más tranquilo?, así me respondes a mi propuesta ¿eh? – Me dijo .
Sin contestarle, busqué a Carlos en la barra.
- No te preocupes por tu pareja, está bastante ocupado por lo que veo bailando con tu madre y no creo que sé de cuenta de tu ausencia.
Siempre tan creído y autosuficiente, esa era una de las cosas que más me molestaba de Fede , pero a la vez me encantaba. Eso y el hecho de que siempre diera por hecho que estaba a su entera disposición.
Nos alejamos del bullicio y salimos del salón. Y con la misma seguridad que había mostrado hasta aquel momento, Fede me llevó hasta los baños. Me hizo entrar en uno de ellos y tras cerrar la puerta, me besó apasionadamente. Primero intenté apartarle de mí, resistirme, pero a medida que su lengua se adentraba en mi boca y sus manos acariciaban mi cuerpo, me dejé llevar por aquella sensación que tanto había ansiado durante todo aquel año.
- Estas preciosa con este vestido – me susurró al oído, mientras adentraba una mano por mi escote – y te hace muy sexy y deseable. Creo que tengo de ti un si, debemos festejar, señora secretaria .
- Federico – protesté aunque me moría de ganas por hacer aquello.
-Ya tienes ahí mi designación, sacó de su bolsillo una caja donde había muy bien guardado un hermoso collar de perlas y el papel con mi designación por el puesto que yo había soñado estos tres años y que jamás nadie hasta aquel momento me había propuesto.
- Sé que todo te parece muy rápido y vertiginoso, pero la vida actual es vértigo, velocidad de cambios y como te dije es por todo lo que se de ti en lo laboral que me has demostrado estos tres años. Lo otro lo deseo y se que lo estás deseando, sé que quieres sentirme, lo veo en tus ojos. Dudé, el me besaba el cuello buscando mis labios hasta que me aflojé y le di el abrazándolo con fuerza y besándolo apasionadamente.
Su cuerpo se pegó al mío y pude sentir su pene erecto, ese magnifico pene que tan buenos momentos me había dado. Seguidamente Federico me desabrochó la camisa dejando libres mis desnudos senos. Y se dedicó a mimarlos, besarlos, chupetearlos, haciéndome estremecer una y otra vez, haciendo que cada vez le deseara más. Luego me subió la pollera hasta la cintura y tomando las medias por la parte alta de mis muslos como acariciándome suavemente me las quitó con extrema lentitud y sensualidad, mi sexo palpitaba deseando que su boca se posara sobre él, me quitó la tanguita de encaje y puso un dedo sobre mi clítoris … Comenzó a masajearlo con mucha suavidad, mientras besaba mi vientre y con la otra mano tomó mis medias y se las guardó en el bolsillo del pantalón. Mi respiración sonada cada vez más acelerada, y en mi cabeza sólo existía una idea, sentirle dentro de mí.
- ¿Me deseas, verdad, preciosa? – Me preguntó sabiendo de antemano cual sería mi respuesta.
- Sí – murmuré en un suspiro de placer.
- ¿Quieres sentirme dentro de ti, haciéndote morir de placer? – Volvió a preguntarme mientras introducía un par de dedos en mi vagina. Mi cuerpo se estremeció por completo y respondí:
- Síiiiii.
Carlos era muy limitado en la cama, se limitaba a colocarse sobre mí y hacérmelo sin más, sin preocuparse de si yo estaba o no excitada.
- Anda, ven aquí – me dijo tomándome del brazo y haciéndome apoyar sobre el depósito de agua del lavatorio , dándole la espalda.
Me hizo separar las piernas y sentí su lengua acariciando suavemente todo mi sexo. Con sus manos, abría mis nalgas y lamía también mi ano. Durante unos minutos se entretuvo en lamer mi sexo, introduciendo su lengua unas veces en mi vagina y otras en mi ano. Yo gemía sin cesar, me convulsionaba sintiendo aquel placer, sintiendo como escapaban los jugos del goce, de mi sexo. Se puso en pie y preguntándome:
- ¿Quieres que te la meta ya? – Restregó su glande por mi húmeda conchita .
- Sí, la quiero – balbuceé, mientras empujaba hacía él buscando su pija .
- Esta bien – aceptó acercando su pija a mi agujero y penetrándome muy despacio.
Me sujetó por las caderas y cuando la tuvo totalmente dentro de mí, me dio una palmadita en la nalga y añadió:
- Vamos allá, nena .
Comenzó a moverse, haciendo que su gruesa verga entrara y saliera de mí. Los gemidos de ambos se confundían en una música de placer que inundaba el baño y resonaba en sus paredes. Me sujetaba por las caderas y empujaba una y otra vez, y otra, cada vez más rápida y profundamente.
Repentinamente se detuvo. Pegó su cuerpo al mío, acarició mis senos, me besó en el cuello y con su lengua ascendió hasta mi oído. A la vez, llevó una de sus manos hasta mi sexo y hurgó buscando mi clítoris que empezó a masajear, mientras chupeteaba el lóbulo de mi oreja. Empecé a estremecerte. Federico sabía que aquello me volvía loca y se deleitaba en mi placer.
- Seguro que tu pareja no sabe ponerte a cien como yo – me susurró al oído.
- No – confirmé.
- Y seguro que con él nunca te has sentido tan excitada y satisfecha ¿verdad?
- No – repetí.
Y era cierto, con Carlos jamás me había sentido tan excitada, en realidad el sexo con Carlos no tenía ni punto de comparación con lo que Federico me estaba haciendo sentir, y ese momento me dí cuenta de cual era la razón.
Federico seguía empujando suavemente hacía mí, mientras acariciaba mi clítoris con movimientos circulares. Comenzó a acelerar sus movimientos, empujando cada vez con más fuerza, lo que hizo que mi placer fuera aumentando gradualmente, hasta que a punto de alcanzar el orgasmo Federico se detuvo.
- Anda vamos a cambiar – me ordenó.
Y sin despegarse de mí, abrazándome con fuerza contra él, nos dimos media vuelta y él se sentó sobre la taza del inodoro , quedando yo sentada sobre él. Eso hizo que su pija me penetrara más profundamente. Nos acomodamos, yo me apoyé en la pared y empecé a subir y bajar sobre aquel erecto instrumento que me estaba dando tanto placer. Federico movía sus manos, unas veces acariciando mis senos, pellizcando los pezones, otras sujetándome por las caderas para impulsarme al ritmo que él deseaba o acariciando mi clítoris para que mi placer aumentara y así logró que me corriera por fin, en un maravilloso orgasmo. Cuando dejé de convulsionarme me ordenó:
- Ahora chupádmela – su tono de voz era perverso y persuasivo, así que me arrodillé entre sus piernas.
Obedientemente tome la verga entre mis manos, la sujeté por la base, acerqué mi lengua y lamí el glande, luego el tronco con mucha suavidad de arriba abajo. Sabía perfectamente como le gustaba que lo hiciera. Volví a ascender por el tronco hasta el glande y finalmente me lo introduje en la boca y miré a Federico . Su cara era el perfecto dibujo del placer; tenía la boca abierta, gemía y sus ojos estaban medio cerrados tratando de mirarme, mientras yo hacía de su pene resbalara por el interior de mi boca una y otra vez, rodeaba el glande con mi lengua, lo saboreaba y volvía a hacer que resbalara hacía dentro y hacia fuera. Sentí como poco a poco el miembro se hinchaba anunciando la llegada del máximo placer y oí que Federico me suplicaba:
- Tómate toda mi leche, no desperdicies ni una sola gota.
Y así lo hice, tragué el caliente líquido tratando de que no se me escapara nada. Me sentía feliz, feliz por proporcionarle aquel placer a mi amado, feliz por haberle sentido dentro de mí, feliz por todo y porque en mi corazón la esperanza de recuperarle estaba ahora más cerca que unas horas antes. Cuando se quedó quieto, me limpié los labios y me puse en pie. Él se acercó a mí y me abrazó, reposando su cabeza sobre mi vientre.
-Querida , me gustas mucho, me parece que tendré varias consultas particulares con la nueva secretaria , yo te deseo y sé que tú también a mí, y prometo que no haremos nada que tú no quieras.
- Fede , nuestra relación no es un juego.
El me besó apasionadamente está todo bien me dijo, ahora vamos que van a sospechar.
Nos arreglamos la ropa y salimos de aquel baño tratando de disimular, como si nada hubiera sucedido.
Cuando entré en el salón, Carlos al verme vino corriendo hacía mí.
- ¿Dónde te has metido? Llevamos junto a tu madre como un cuarto de hora buscándote.
- Perdona, es que salí a tomar el aire me encontré a Graciela y nos hemos entretenido hablando – le mentí - ¿Nos vamos a casa?
- Sí, será lo mejor. Estoy muy cansado.
Entramos en el auto y al sentarme y sentir la fría tela de la pollera sobre mi sexo recordé que Fede se había quedado con mis medias y tanguita y me excité recordando aquel momento. Durante el trayecto hacía casa, Carlos hablaba con mi madre y yo permanecí callada. Yo no hacía más que pensar , ni que decir
Al llegar a casa, y con el mismo silencio que había habido entre nosotros durante el trayecto, subimos en el ascensor, entramos en mi casa sin hacer ruido y él se quedó tomando mates con mi madre yo fui a mi habitación. Me desnudé y me metí en la cama. Traté de dormir, pero no pude. El recuerdo de lo sucedido con Federico no me dejaba, no hacía más que darle vueltas a la idea y preguntarme si hacía bien o no aceptando su relación y el ascenso de aquella manera. Inmersa en esos pensamientos oí ruido cuando mi pareja vino a la habitación , sentí que me acarició que buscó mi sexo, lo aparté haciéndome la dormida .Después escuche que salió y escuche ruidos en la habitación de mi madre. Me pareció que hablaba con alguien , o que seguía despierta mateando con Carlos.