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EN UN COSTADO DEL PUB DISCO

 

Fue una noche alocada, excelente amigos, buena bebido, un clima espectacular y un lugar lleno , con recodos, sitios en distintos planos y niveles.

Estábamos como sacados por el deseo , insertos en lo nuestro , arrumbados en un rincón de luz difusa.

Notando su entrepierna a punto de reventar, mis manos, sin saber exactamente donde tocar, (hay  tanto por tocar), comenzó por el principio, directa al grano, sin vacilar, y aquella extensión de su cuerpo, casi no cabía en la palma de mi mano.

Noté sus dedos, ásperos, marcados por el trabajo, quizás manual, como jugueteaba con mi esfínter  ya dilatado , y como sin dudarlo, metió  dos de sus dedos en él, haciéndome gemir de placer, un gemido casi mudo ya que mi boca estaba atorada por la descomunal verga

Arqueé mi cuerpo, turgente , excitado, que desea ser devorado, mordido, pellizcado, sin apenas compasión, dejando incluso paso al dolor, notando las gotas de sudor, caer  hacia la comisura de mi culo.

Siguió  introduciendo aquellos dedos magistrales , en lo más profundo de mi cola, una cola chorreante, desesperada de placer, ansiosa de ser perforada, mientras mis manos, casi de forma torpe, iban desabrochándole cierre , que conducía  al pedazo caliente que me tenía dominada , era substancioso , grande que mis manos apenas podían con él. Casi sorprendido, mi cuerpo quiso hacer muestra de rechazo, pero mi corazón , deseaba ser taladrada por aquella fascinante herramienta.

El no lo dudó, se retiró un sólo instante de mi cuerpo, como queriendo ver el deseo que mis ojos emanaban, evidente, palpable. Mi labio inferior, no paraba de ser agredido por mis propios dientes, como queriendo reprimir aquella ansia, aquel deseo, y sin dudarlo un solo segundo y de forma instintiva, me arrodillé ante aquel órgano de placer, introduciéndola casi de un golpe en mi ávida boca.

Notaba su calor, su fuerza, era casi imposible introducir todo aquello en mi boca, y casi tocando mi campanilla, lamía sin parar aquel enorme pene, turgente y a punto de reventar. Mi lengua la rodeaba, sentía la suavidad de su glande, la dureza de sus venas, palpitantes, y como sus primeros fluidos se depositaban en mi lengua, dejando aquel sabor agridulce, tan fresco y tan caliente a la vez, y notaba sus manos como empujaba de forma rítmica mi cabeza a su pene, sintiendo el temblor de sus piernas, el ímpetu de su cuerpo, la fuerza de su ser.

A punto estuvo de estallar su fantástico pene en mi garganta, pero él , de forma suave, pero brutal a la vez, me hizo levantar, giró mi cuerpo, y casi desgarró mi  camisa  y mi jean , dejando mi espalda y mi culo, completamente al aire. Me agarró por la cintura, y me hizo apoyar en la barra, pegó mi cabeza al mostrador, para dejar que mi cuerpo abriera todos mis orificios, y de forma sutil, sin prisa, casi sorprendida, fue introduciendo aquel enorme, colosal y fantástico pija , en mi culo.

Nunca, jamás, había sentido aquella sensación de placer, de dolor, una mezcla entre ambos sentimientos. Tomó mis pechos fuertemente, pellizcando mis pezones, mientras su pene me taladraba más y más, mientras mi cuerpo se estremecía del dolor y placer sentido, casi me hizo gritar del dolor que sentía al pellizcar fuertemente mis pezones, de cómo los estiraba, y de cómo mordía mi nuca, haciéndome sentir un escalofrío, que bajaba justo, hasta mi culo, lugar donde se libraba aquella batalla de dolor y placer.

Sus enviones eran constantes, notaba la crecida de su pene, cada vez más palpable, y también podía notar la lubricación de mi propio orificio, sorprendido gratamente por semejante arma. La lucha era constante, se iba haciendo cada vez más descontrolada, más firme, más fuerte, notaba el sudor de su estómago en mi espalda, su miembro empujaba una y otra vez, y mi culo se iba abriendo, cada vez más, cada vez más dilatado, y más cerca de la explosión final.

Sentí su aliento en mi nuca, sentí susurrar unas palabras, algo que él me decía, de forma suave, erótica, transgresora, que su pija , ya no aguantaría mucho más, y que quería sentir mi orgasmo en aquel pene sideral .

No tardé mucho, en sentir como un escalofrío, como una rotura, creía que algo dentro de mí se había hecho añicos, pero rápidamente, un bálsamo, caliente, acogedor, calmó el desgarro de aquel placer. Mis piernas temblaban de tal forma, que dudaba poder seguir en aquella postura, casi de pie, sólo sostenida por el ímpetu Demi amante ocasional, el dueño d emi cuerpo, mi voluntad en aquellos minutos .

Sentí los gemidos , los susurros quebradizos, roncos, profundos de mi amante en el principio de mi espalda, mi culo, se abría y cerraba, dando más presión todavía, de la que aquel divino pene le estaba procurando. Creo que sentí el orgasmo más increíble de mi vida... en aquel momento, lo afirmé, no dudé ni un solo instante en pensarlo.
Casi extenuados, y con mi cabeza apoyada en la barra del bar, vislumbré de repente, mi rostro frente al espejo de la misma. Mi cara desquiciada por el placer era todo un acontecimiento, digno de ser visto, digno de ser retratado, y por un instante percibí, me di cuenta, de que acababa de ser cojida , en una  de las barras de una disco , por un desconocido, y con un público  silencioso, con algunos  espiando ávidos  de contemplar aquella escena.

Andrea

sensibleysuave@yahoo.com

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