Lo hice con Luis , un vecino y mi amante en ese entonces . él tenía la fantasía de hacerlo en un baño público.
Su idea originaria era el baño de una disco o pub , pero alli siempre había mucha gente , como atestados , no es que nos asustara que nos vieran justamente eso nos calentaba mas pero no queríamos que fues enseguida apenas empezábamos a acariciarnos .
Descartamos por eso las grandes sitios como estaciones de trenes o terminales de buses ya que el lugar más adecuado debía ser uno en el que no hubiera demasiado tránsito de personas.
Un día yo me encontraba con otro muchacho en una conocida confitería de la avenida Corrientes dialogando y si para que negarlo coqueteando un poco. Cuando imprevistamente también llegó Luis . or supuesto que no me saludó ya que él es casado y nuestro romance es furtivo , se sentó en una mesa alejada aunque desde la cuál no podía perderme de vista. Yo continué dialogando con el muchacho y dramaticé mas el coqueteo.
Luis muy celoso e incómodo me envió un mensaje al celu diciéndome que hacía con ese muchacho, que él estaba a mil que tenía dos horas sin la policía ( su mujer) y quería darme placer. Yo sólo le respondí que era un amigo y no podía hacerlo aun lado de una.
Tras una media hora Luis se levantó de su mesa y fue hacia la escalera que seguramente conducía a los baños, no sin antes echarme una mirada haber que yo hacía. Le dije a mi amigo que debía irme, y le pregunté a uno de los mozos en donde quedaba el "toilette", y tras que me lo indicara fui hacia allá.
Al llegar al pasillo en donde se anunciaban con carteles el baño y en eso sale Luis sorpresivamente agarrándome de un brazo empujándome para adentro, cerrando la puerta tras nuestro ingreso . Sin soltarme el brazo me lleva a uno de los reservados y estampándome de espalda contra la pared empieza a besarme y a meterme mano por todos lados, yo le sigo la corriente, acariciando esa parte de su cuerpo que ya parece querer incendiarle el pantalón. Deslizando una mano por debajo de mi jean , y evadiendo hábilmente el elástico de mi tanga me introduce un dedo en mi augerito , notando enseguida que yo estoy en un estado similar al suyo.
-¡Estás recaliente !- alcanza a susurrar mientras se baja el cierre, extrayendo a través de la bragueta su verga ya caliente e hinchada.
Para permitirle un mejor acceso, considerando la situación incómoda en que estábamos, me bajé el pantalón y la tanga y estando aún de pie, abrí bien mis piernas apoyándome en la pared -¡Metémela!-le pedí, ya en un estado desesperante.
Bien afirmado frente a mí, enfiló con mano precisa su pletórica pija hacia mis ansiosas entrañas íntimas y me la metió, tal como le había demandado, y ahí mismo, sin permitirme disfrutar de ese primer ensarte, empezó a moverse, dentro y fuera, cogiéndome deliciosamente dentro del reservado de aquel baño público. Sentíamos que la gente entraba y salía, no mucha, pero si la suficiente como para hacer aún más excitante aquel momento, escuchábamos los pasos detrás de la puerta del reservado, el agua del inodoro, de la canilla, alguien que se detenía seguramente porque había escuchado algún jadeo, pero nosotros seguíamos, estábamos en nuestro propio mundo, dándole rienda suelta a nuestros más bajos instintos.
Luego de un rato Luis me la saco y se sentó sobre la tapa del inodoro, yo me le senté encima, clavándome por las mías todo ese trozo divino que estaba que echaba chispas. Ahí, sentada sobre él, empecé a subir y bajar, con más entusiasmo cada vez, devorando con mi conchita hasta el último centímetro de tan rebosante manjar. Desde atrás él me amasaba las tetas a través de la ropa, encendiéndome en una forma que me resultaba por demás única e incomparable.
Entonces me cacheteó las nalgas para que me levantara. Así lo hice, lamentando el repentino vacío que sentí sin su miembro dentro Ahí fue que abrió la puerta del reservado, y me empujó hacia fuera.
Hizo que me apoyara con las manos en una de las piletas y que echara la cola para atrás, tomándome él por la retaguardia, penetrándome una vez más con combazos largos y profundos, los cuáles repercutían estruendosamente en cada una de mis células nerviosas. Lo mejor de todo era que en cualquier momento podía entrar alguien y vernos garchando como si estuviéramos en un telo, ¡pero era un baño público, ¡¡el baño de una concurrida confitería!!, y nosotros que no queríamos detenernos.
Las embestidas de Luis se hicieron cada vez más rápidas, hasta que me la sacó, me dio la vuelta mediante un brusco movimiento y sentándome ahora sobre el borde de la pileta, me la volvió a meter, cogiéndome gloriosamente, empujando con todas sus fuerzas esa maquinaria amorosa que sabía manejar con tanta solvencia. Yo habría mis piernas y levantaba mis nalgas para sentirlo mucho más adentro todavía, hasta que… acabamos los dos al mismo tiempo. Estallé y él me inundaba con su láctea calidez. Ni siquiera tuvimos tiempo para gozar, a toda prisa nos metimos de nuevo en el reservado, ya que escuchamos unos pasos que se acercaban. Ahí nos relajamos, nos tranquilizamos, y nos dejamos llevar por ese torbellino de sensaciones que todavía nos sacudían. Recién en ese momento pude percibir el olor a meo que había en el lugar. No muy intenso, pero si lo suficiente como para sentirlo, pero contrariamente a lo que puedan suponer, no resultaba en lo absoluto desagradable, sino que mezclado con el aroma del sexo, conformaba una fragancia sumamente exquisita, deliciosamente estimulante. Nos arreglamos, y tras asegurarnos que no había moros en la costa salimos del baño. Él regresó a su mesa, pero yo tuve que quedarme en el baño , ya que la leche de Luis me chorreaba por las piernas, así que me quedé a higienizarme .
Era impresionante lo que Luis había descargado, estuve un buen rato con las piernas abiertas sobre el inodoro, dejando que el semen todavía fresco y caliente de mi amante fluyera de mi interior. Recién entonces me acomodé la ropa, me arreglé y volví a mi mesa. Luis todavía estaba en la suya, esperando a que bajara. Salimos casi coincidentemente de la confitería. Afuera, en la vereda, nos juntamos, riéndonos satisfechos de haber logrado nuestro cometido: hacer realidad la fantasía de echarnos un polvo en un baño público.
Carla