Mi mujer y yo 16 años de casados. Así que no es la primera vez que
tenemos sexo. No es eso. Es la primera vez que nos pasa lo que voy a
contar. Yo he tenido la mente muy caliente siempre. Siempre se me han
ocurrido cosas que a veces durante una sesión de amor con mi esposa
le contaba con el propósito de calentarla aún más. Primero pensaba
que ella me llevaba la corriente solo por complacerme. No sabía si de
verdad le gustaba. Luego me dí cuenta que cuando le decía todas esas
cosas, estando ensartada por mí, con sus ojos me decía que le gustaba
lo que oía.
Cierta noche bebíamos whisky en las rocas, escuchábamos música
romántica y a veces boleros suaves que aprovechaba para bailar con
ella. Lucía ella un hermoso vestido azul, de seda suave. Estaba
preciosa.
En un momento dado ella se arrodilló y extrajo mi pija de mi pantalón
y golosamente se puso a darle lamidas y chupadas que me pusieron a
calentísimo. Luego quité la vajilla de la mesa de centro y allí la
acosté, le subí la falda y le corrí a un lado su tanguita, y le
devolví el favor con largas y profundas lamidas. Ella gemía
suavemente.
De pronto, no lo esperábamos por la hora que era, alguien tocó a la
puerta. Me asomé para abrir y me asombré al ver allí un primo segundo
mió. Tenía una cara larga y se le veía cabizbajo. Acababa de
discutir con su mujer y me preguntó si podía pasar unos instantes.
Le dije a mi esposa que se organizara para atender la visita. Abrí la
puerta y le dije:
- Vaya, que sorpresa. ¿Y Eso?
- Mi mujer está que me quiere matar. Se enteró de una pequeña
indiscreción mía y me ha echado. No encontré otra alternativa que
venir a molestarlos.
- De ninguna manera. No es ninguna molestia. Puedes quedarte un rato
y charlar si gustas.
Pasó a la sala y mi esposa lo atendió ofreciéndole algo de comer, lo
cual rechazó argumentando que no tenía ningún apetito. Entonces le
ofrecí un trago de whisky, lo que si aceptó. Tratamos de subirle el
ánimo y después de un rato, con el whisky y la charla nos entonamos
un poco y se le notaba menos recaído. El también bailó con mi esposa
algunas canciones y hasta boleros, lo cual me puso a calentón pues
bailaban bastante apretados. Ella se sentó en el sofá de frente a él
y mostraba parte de sus hermosos muslos y hasta parte de su tanguita.
Noté que él la miraba a veces con descaro. La saqué a bailar y me
puse a darle besos bien eróticos. La sentía bien caliente. No le
importaba que le tocara sus nalgas cuando la apretaba contra mi pene
que hacía rato estaba que estallaba.
Ella en una acción sorpresiva me tomó el pene sobre el pantalón y me
lo sobaba placenteramente. Él por supuesto veía la acción. Fuimos al
sillón y mi sorpresa fue mayor cuando me sacó el pene y volvió a
mamármelo con chupadas espectaculares. Mi primo no aguantó y sacando
su pija se puso a masturbarse suavemente. Su miembro era blanco y un
poco más largo que el mío, pero más delgado. Ella lo miró y siguió
mamando. Entonces le dije a ella:
- Creo que el primo también necesita una dosis.
Ella me miró como esperando la aprobación y al darla se acercó a la
pija del primo, que para estas alturas, se había olvidado
completamente de su mujer. Ella comenzó a mamarlo de manera suave,
pero con una mano me tenía cogida la mía, para que no me masturbara.
¿Cuales eran sus pensamientos? Yo me quité la ropa y procedí a
desnudarla a ella también. Se veía preciosa mamando y mi excitación
crecía al pensar que se lo estaba haciendo a otro en mi presencia.
Nuestro primo tampoco se estaba quieto. También se desnudaba de
manera rápida. Recordé que el motivo de la bronca con su esposa había
sido precisamente que andaba de mujeriego. Sonreí.
Me acomodé entre las nalgas de mi mujer y busqué con mi lengua y boca
su coño húmedo por la emoción. Lo lamí repetidas veces, mientras
sentía sus quejidos entre mamada y mamada al pene que tenía en su
boca. Luego acomodé mi pene en su vagina y le di mil empujones
mientras ella seguía mamando. Mi fantasía se había cumplido. Cuando
ella sintió que se acercaba mi eyaculación me lo sacó y me lo apretó
duramente impidiendo la venida. Ella dijo que no quería que me
viniera tan pronto. Quería volvérmelo a mamar.
Cuando volví a metérsela en la boca, ella estaba acostada sobre la
mesa de centro mientras él se la clavaba con movimientos fuertes y
pausados... Con sus ojos ella me pedía solo una cosa, que metiera mi
pija en su boca golosa. Siguió mamando con los ojos cerrados,
mientras su sexo era llenado por la pija de Juan, nuestro primo
segundo.
Luego me dijo que me acostara en el piso. Ella se sentó encima de mí
quedando bien ensartada y le pidió a Juan que le penetrara el culo.
Quería tener dos pijas al mismo tiempo. La bombeamos largo rato, los
quejidos eran suaves y largos. Cuando sintió que era inminente la
eyaculación y su orgasmo, me miró y dijo:
- Me falta otra verga para mamar mientras tanto.
Quedé petrificado. Vaya lo golosa que era mi mujer. Como tenía hambre
de pene. Tuve el orgasmo más fantástico de mi vida de sólo imaginar
lo que ella decía. Luego nos tiramos los tres en el sofá, sudorosos,
cansados y satisfechos. Me dormí rápidamente.
Me desperté al escuchar los quejidos que daba mi mujer mientras el
cabrón de Juan se la volvía a bombear dentro de su concha. Yo por mi
parte ya tenía suficiente y me contenté de verlos cogiendo con
frenesí. Ella estaba más que caliente, le encantaba probar una verga
nueva y mi mirada la excitaba muchísimo. Estaban metidos en eso, a
medio orgasmo, cuando volvió a sonar la puerta. Me acerqué a ver
quien era y no pude más que reír al ver a la mujer de Juan buscando
su marido...
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