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Mi esposa y su supervisor I

Llegó a las 2 30 am, yo estaba mas que ansioso aguardándola, apenas escuché que abría la puerta, la fui a recibir y a ayudarla a quitarse la ropa y ponerse cómoda. .

-¿En serio quieres que te cuente como me fue con él? Me preguntaba Julia, mi esposa,  con voz sensual pero cansada, evidenciando que había tenido una jornada intensa y agitada.

La mire con cara de sorprendido ya que ella conocía que yo estaba dispuesto a tolerar sus aventuras e incluso esta era con su  supervisor y  coincidía con ella que debía era una situación ventajosa, en mi interior esa situación me excitaba muchísimo.

Yo ya sabía que él tipo rondaba los 55 años, de buen porte, atlético, tez aceituna, de intensos ojos azulados, una maravillosa sonrisa, generosa billetera y buena pluma, en fin, que lo tenía todo para  conquistar a cualquier mujer y que mas allá de su relación laboral a mi mujer le ratoneaba. Así que no debía pasar mucho tiempo para que algo ocurra. Sobretodo cuando ella empezó a decirme que él empezó a ser muy  galante con ella, diciéndome lo bella que estaba o haciéndole algún obsequio sin razón aparente. Hasta que una tarde la invitó a cenar con la excusa que deseaba comentarle algo importante de la empresa. Le mencionó que deseaba ofrecerle ser su secretaria, pues Luisa su secretaria  actual se iba a trabajar a una sucursal de Rosario.

Aquella tarde estábamos los dos ansiosos, tanto ella como yo, a las 18 la había ayudado  a prepararse. Llené la bañera con agua y espuma y tras desnudarla  despacio, la introduje en ella. El agua caliente la  reconfortó después de un duro día de trabajo. Así que se recostó en la bañera, cerró los ojos y dejó que la sensación del agua caliente la  llenara, mientras yo le hacía caricias y masajes. Despacio empecé a acariciarle los senos, mientras le decía que imaginara que  Pablo su gerente era quien se las que acariciaba, noté como su entrepierna se humedecía. Deslicé una de mis manos hasta su sexo muy despacio y empecé a acariciarle el clítoris, mientras con la otra mano seguía acariciándole los senos. Estaba a mil, tratando de imaginar a Pablo a su lado, o sobre ella, poseyéndola. Mis dedos se movían diestramente por su sexo y estaba a punto de introducirlo en su vagina, cuando ella me pidió que la dejase así que sería mejor ir caliente y necesitada  a la cita. Estaba excitada y necesitaba desahogar aquella excitación, pero no tenía tiempo y no quería ir muy relajada. Salió de la bañera, se secó, mientras ella se maquillaba, yo le escogí la mejor lencería sexy que tenía y finalmente, se vistió.  Eligió  un vestido que se había comprado hacía sólo un par de semanas, era negro, de tirantes y bastante ajustado, corto por encima de la rodilla. Eran casi las ocho cuando terminó de vestirme, y no habían pasado ni dos minutos, cuando sonó el timbre. Ella fue a abrir y nada más al verla Pablo exclamó:

¡Esta bellísima! – Llevaba un ramo de rosas rojas que le ofreció diciendo: - Para la mujer más hermosa del planeta.

Gracias. Lo hizo  pasar hasta el living. Y allí le dijo:

Siéntate, voy a poner esto en agua, estaré enseguida.

Buscó  un jarrón en el mueble y se dirigió  a la cocina donde estaba yo, llenó el jarrón con agua, y regresó al living. Quitó el papel del ramo de rosas y empezó  a ponerlas una por una en el jarrón. Estaba ensimismada colocando las rosas, cuando sintió las manos de Pablo acariciando mi cintura. ¿Qué haces? – Le preguntó un poco sorprendida aunque la noté excitada.

Me vuelves loco July, y te deseo tanto. Ella algo enérgica le dijo: Quieto hombre aquí no. Dejó que el se sosegara dándole uno suaves besos .lo condujo a fuera.

Hasta ahí puede observar yo que espié por la ventada como se iban en el lujoso auto de él. Y habían pasado las horas y yo estaba ansioso y excitado aguardándola.

Julia mirándome con signo de cansancio me repitió:

-¿En serio que quieres conocer como me fue?

-Si, todos los detalles, al menos los carnales.

-Ufgss, la cena fue exquisita, fuimos a al Emperador , yo no me di cuenta que estaba en una sala a sola con él, pues entraba y salía un mozo muy bien vestido que nos servía .Mientras cenábamos el me habló de mi posible ascenso, de mi mejora en la grilla salarial , mis nuevos horarios , sobre todo las horas extras que debía hacer junto a él, ya que era su idea que su secretaria lo asistiese en todo, además deberíamos conocernos mejor y entendernos con la mirada los gestos y estar atenta a todas sus necesidades .

Cuando saboreábamos el postre sus manos comenzaron a acariciar mi cuerpo desde mi vientre hasta mis senos que masajeó por encima de la ropa.

Olvídate de todo, piensa en nosotros Julia y déjate llevar. – Me aconsejó, tras besar suavemente mi hombro desnudo.

Y me dejé llevar. Cerré los ojos y dejé que sus manos recorrieran mi cuerpo, que se detuvieron en mis caderas. Suavemente me fue subiendo la pollera del vestido, acarició mi vientre y deslizó su mano por dentro de mi tanguita, alcanzó mi clítoris y empezó a masajearlo. En unos segundos, yo estaba a mil, gimiendo y deseando más, sintiendo como mi entrepierna se humedecía sin remedio. Sus dedos se hundían en mí, acariciando mi clítoris y produciéndome agradables espasmos de placer. Mi cuerpo temblaba. Pero repentinamente sacó su mano de mi sexo. Me sentí un poco decepcionada, pero al oír que estaba bajando el cierre  de mi vestido y lo dejaba caer al suelo, volví a recuperar la ilusión. Tras eso, sentí como se agachaba detrás de mí, y tras tirar mis tanguita hacía abajo, sentí como mordía una de mis nalgas. A continuación sentí su lengua introduciéndose por la raya de mi culo y descendiendo por esta hasta mi vagina. Gemí y noté como lamía y chupeteaba mi concha. Sus labios se cerraron sobre mi clítoris mientras mi cuerpo volvió a estremecerse. Sentí que se levantaba y se bajaba el cierre del pantalón, y seguidamente, su sexo rozando el mío. Me hizo poner en cuatro apoyándome en la mesa. Lo que me puso a mil, deseaba con urgencia tenerlo bien adentro. Estaba ansiosa por tenerlo dentro y no demoró mucho en posicionarme para iniciar la penetración. Yo estaba tan caliente y necesitada que apenas el logró la posición que creyó conveniente pujó un poco y su poronga entró por completo en mí, y permanecimos un segundo inmóviles. Poco a poco, él empezó a moverse, despacio, haciendo que su miembro entrara y saliera de mí, mientras deslizaba sus manos hasta mis senos, apartaba la tela del corpiño y los masajeaba suavemente.

Pablo empujaba cada vez más deprisa haciéndome sentir su pelvis chocando contra mi culo y su hinchado sexo rozando las húmedas paredes de mi vagina. Llevó una de sus manos hasta mí clítoris y empezó a masajearlo suavemente, lo que aumentó el placer en mí y comencé a convulsionarme y sentir como mi sexo ardía por el goce que estaba sintiendo. Hasta que en pocos segundos alcancé el primer orgasmo entre espasmos y gritos de placer. Cuando dejé de convulsionarme, Pablo sacó su pija  de mí y me dio la vuelta. Nos abrazamos. Su sexo seguía erecto y sediento de placer. Increíble parecía insaciable.

Ven – Me ordenó, haciéndome que me sentara sobre un escritorio que había a un costado. – Siempre he deseado hacer esto.

Y acercando su erguido mástil a mi húmeda vagina me penetró nuevamente. Entonces le abracé con mis piernas por la cintura. Abrió la boca y sentí como empezaba a chupar uno de mis pezones, mientras empujaba de nuevo, entrando y saliendo de mí. Le rodeé por el cuello con mis brazos. Éramos dos cuerpos unidos, pegados por el deseo y el placer.

Deseaba  que aquello no terminase jamás, estaba gozando tanto, por eso le empujaba hacía mí con mis piernas, estrujándolo con fuerza, haciendo que me penetrara cada vez más profundamente. Sus arremetidas eran cada vez más rápidas, más salvajes, hasta que sentí como su pija se tensaba e hinchaba dentro de mí y explotaba justo en el mismo instante que el segundo orgasmo me hacía vibrar.

Cuando ambos dejamos de estremecernos. Pablo me besó y me dijo:

Eres buena hembra, excelente. Aquellas palabras me hicieron calentar más y me sentí como si estuviera en una nube. Él me ayudó a bajar de la mesa  y dándome una pequeña palmadita en la nalga .Nos pusimos la ropa interior y brindamos por el placer. mutuo que nos habíamos prodigado.

Él me ordenó: -Vamos a la habitación, estaremos más cómodos. Abrió una puerta y había una hermosa habitación, allí de nuevo intentó abrazarme y besarme, pero yo me zafé y le dije:

Ahora voy a ser yo quien te dé placer y lo haremos como yo deseo ¿Entiendes?

Si – Aceptó él.

Le hice sentarse en el borde de la cama y dándole un pequeño empujón en el hombro, que se acostara sobre ésta. Me arrodillé frente a él, entre sus piernas, de modo que su pedazo que estaba ya bastante abultado, quedaba frente a mí. Lo acaricié  por encima del slip. Luego introduje la mano y lo extraje. Estaba erecto, crecido y deseable. Así que acerqué mi lengua a él y empecé a lamer la punta suavemente. Marqué círculos sobre el glande y me lo introduje en la boca. Lo chupé durante unos segundos. Luego lamí el tronco hasta la base y volví a la punta para volver a introducirme el glande. Lo chupeteé y paladeé unos segundos más y de nuevo volví a lamer el tronco hasta la base. Dirigí mi lengua hasta uno de los huevos y lo lamí y succioné. Repetí la operación con el otro y finalmente volví a lamer el tronco hasta el glande. Pablo gemía de excitación a la vez que me miraba con deseo. Noté como su pene se hinchaba en mi boca, y él se estremecía, así que decidí dejar de lamerle. Me levanté, me subí la pollera y me senté sobre su pija dejando que rozara  mi concha a través de la tela de la tanguita. Me moví sobre él, restregándolo por mi sexo. Pablo dirigió sus manos a mis caderas, intentando bajarme la tanguita, pero yo se las aparté diciendo:

¡No, no, no! Ahora soy yo la que mando, la que lleva las riendas de esta situación y me quitaré las tanguita cuando yo quiera.

Seguí frotando mi sexo contra el suyo. Él me miraba con deseo y empujaba su pelvis hacía mí. Me encantaba tener el poder.

Decidí ponerme en pie para quitarme la tanguita y le dije:

No te muevas.

Le tiré  la tanga sobre la cara y él la olió mientras yo me senté de nuevo sobre su erecto palo. Nuevamente rocé  su pija contra mi concha  húmeda y deseosa de sentirla dentro de mí. Sabía que él también deseaba estar dentro, pero prefería hacerle esperar, hacerle desear más. Su cara era un poema.

Quieres poseerme, ¿verdad? – Le pregunté sujetando la miembro y restregando el glande con mis labios.

Sí –balbuceó él.

Seguí rozando la punta con mis labios vaginales, hasta que decidí que ya era el momento de dejar de jugar. Llevé la pija hasta la entrada de mi concha y descendí sobre ella, hasta que lo tuve totalmente dentro. Empecé a moverme despacio. Me tumbé sobre él y traté de concentrarme en las sensaciones. Acerqué mis labios a los de Pablo y nos besamos con furia. Sus manos recorrieron mi espalda y descendieron hasta mi culo. Apretó con fuerza mis nalgas y luego sentí como con su dedo buscaba mi ano. Intentó introducirlo un poco y me preguntó:

¿Nunca te han roto el  culo, verdad?

No. – Le respondí, sintiendo como aumentaba el placer al sentir aquel dedo en aquella parte inexplorada de mi cuerpo.

¡Uhmmm! – balbuceó

Me incorporé  y empecé a sentarme sobre sobre su  miembro y empecé a subir y bajar sobre ella, haciendo que entre y salga de mi concha cabalgar sobre ella, él abrazó mis senos inflamados por la excitación. Ambos nos movíamos saltando sobre la cama, sintiéndonos. Aquello era mejor que cualquiera de lo que me había imaginado de él que había imaginado tantas y tantas veces y deseaba que no acabara nunca.

Volvimos a acostarnos en la cama, sus manos de nuevo apretaron mi culo, nuestros labios otra vez pegados, se fundieron en un intenso beso y mi sexo empezó a exprimir aquella caliente vara que tenía dentro. En unos segundos el orgasmo explotaba en mí y un poco más tarde también lo hacía en él.

Anda, vístete, putitaa, que tenemos que regresar a nuestras casas…

-¿Nada mas?

-¿te parece poco por ser el primer encuentro íntimo?

-¿Sólo te preguntó por si eres virgen de culo, no te lo hizo baby?

-No.

-Te lo haré yo con cuidado, lo iremos preparando ya verás.

Yo estaba recaliente escuchando su relato, mi pija se había endurecida y la llevé a la cama donde la desvestí lentamentamente, empecé a besar su cuerpo, agotado por la acción de su amante .ella dormitaba pero se dejaba hacer, al chuparle la concha, degusté junto a sus fluidos algunos restos del semen de su amante y le introduje mi miembro en su vagina, bombeándola sin parar hasta que mi semen ocupase toda su cavidad…

cuentarelatos@yahoo.com

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