El rollo que les contare sucedió hace muy poco y pasó con mi actual jefe. Yo
trabajo como productora musical en una empresa dedicada a eventos empresariales,
culturales, artísticos y sociales. Hace ya ocho meses que estoy y tengo un jefe
bastante malgeniado y patán. Es un hombre maduro de 45 años. Alto fuerte y de
aspecto normal.
Desde que empecé a trabajar el jefe (que diremos Héctor) me puso el ojo, pues
dice que no tengo experiencia en el tema y que sé poco y nada . A mis otros
compañeros (todos hombres) les agradó sobremanera mi compañía. Todos hicieron
casi una fila durante las primeras semanas para coquetearme y tratar de que
ocurriera algo de movimiento conmigo, pero yo nada de nada. Me adapté rápido y
puse a trabajar muy fuerte de día y de noche para que el jefe no me molestara
más. Cada día uno de mis compañeros de sección y de otras me entraba a
coquetear, todos me molestaban y no quería nada con nadie, el único que me hacía
sudar un poco, y no sólo era por la presión sino por que era el único que me
ignoraba desde el plano sexual, era Héctor. El jefe. A pesar de ser un hombre
maduro y todo, me gustaba cómo se veía de fuerte y ese ceño fruncido me agradaba
muchísimo.
Una noche en la que trabajé horas extras diseñando una entrada para un
espectáculo cultural masivo para una productora importante Héctor salió de su
oficina y pasó a un lado de mi escritorio. Me asombró mucho ya que se acercó a
ofrecerme su ayuda. En el estudio sólo estábamos él y yo pues todo el personal
había salido desde hacía una o dos horas atrás.
-¿Cómo va eso Anabel? -Bien, bien, creo que lo termino en un rato -¿Segura?
porque veo que falta bastante. -Pues yo lo termino hoy así me quede toda la
noche acá .
Él se sonrió por primera vez conmigo. Así que aproveché la oportunidad y le
devolví la sonrisa.
-¿Por qué no me muestras algo para ver si me inspiras?Le dije y él puso cara de
sorpresa. Al tiempo bajé la mirada hacía mis piernas que se veían libres pues
llevaba una mini azul turquesa y blusa azul de tiras y botas altas negras. Él me
miro con algo de calentura y lanzó su brazo sobre mí. Yo alcancé a cerrar los
ojos para sentir su brazo fuerte sobre mí, pero no, el tipo tomó el mouse y me
empezó a mostrar entradas de otros espectáculos Yo me desilusioné y seguí en el
trabajo, escuchando atenta las instrucciones de él. El jefe de seguridad del
edificio pasó haciendo ronda y nos vio. Preguntó sobre la hora en que dejaríamos
de trabajar y Héctor le dijo que yo me quedaba un rato más. El de seguridad nos
dijo que estábamos los tres solos en el edificio. Seguimos trabajando y un rato
después me dijo que se iba ya, que estaba tarde. Acepté. Él salió y yo seguí en
el trabajo.
De pronto, tiempo después, sentí unas manos que me tocaban la espalda haciéndome
un masaje. Me asusté y gire. Era Héctor.
-Hola ¡qué susto me has dado! -Regresé porque creo que necesitas más ayuda ¿o
no? -Sí creo que sí... -¿Un masaje? –Ok ,entonces empezó a tocar mi espalda y
mis hombros haciendo que me relajara sobre el asiento. Sus manos eran muy
buenas. Me concentré en el placer del dolor por la tensión de mis músculos.
Luego sentí que una de las manos bajaba y rozaba mis senos sobre la blusa. Abrí
los ojos pero seguí quieta. Ahora me tocaba a fondo y yo estaba en shock. Pues
aunque esperaba algo de Héctor nunca creí que fuera en ese momento.
-¿Hace cuánto no te dan un buen masaje? -Hace bastante jefe... -Creo que te
llegó la hora de hacerte uno completo -¿En serio?Al decir esto bajó su cabeza y
me dio un beso ...súper húmedo, al tiempo que bajaba mucho más su mano y la
metía por mi falda, tocándome los muslos y llegando hasta mi interior. Yo le
hice la tarea más fácil girando la silla y quedando frente a él. Héctor se
arrodilló frente a mí, levantó un poco mi falda, hizo a un lado mis interiores y
comenzó a chupar y lamer mi genital. Yo no paraba de gemir y suspirar.
Rápidamente tuve un orgasmo enorme. Le tomaba la cabeza y la apretaba fuerte
sobre mi órgano. Él sólo paraba para darme una mirada y seguir paladeando su
lengua en mi clítoris. Comencé a tener otro orgasmo más fuerte que el anterior y
lo hice a gritos. Héctor era excelente con la lengua. Tras ese orgasmo caí sobre
la silla dichosa, entonces él se puso de pie frente a mí.
-¿Te gustó? -Ajá (contesté como tonta) -Baja mi cierre y saca mi pija. (Me dijo
un tanto vulgar)De inmediato lo hice. Su cambio de ser un hombre caballeroso a
ser uno vulgar me excitó demasiado. Bajé el cierre y sin quitarle el pantalón
saqué un pija enorme, era largo, un poco grueso. Lo tenía en mis manos.
-Métetelo a la boca putita...
Como si estuviera sonámbula o algo así obedecí. Abrí la boca y empecé a comerme
su pija. Él lo disfrutaba al máximo. Hizo que bajara de la silla y quedara de
rodillas. Seguía chupando esa pija grande y hermosa, repleta de venas que
palpitaban en mi boca.
-Eso es putita, muy bien, muy bien...
Mientras se la chupaba Héctor se quitó el saco y la camisa. De un momento a otro
me tomaba de la cabeza y me daba empujones dentro de mi boca con su pija, como
si me cojera así.
-Detente un momento putita. Quítame el pantalón.
Lo hice de inmediato. Quedó desnudo. Me levantó y sacó mi blusa bajó mis
interiores y la falda la arremangó sobre mi cintura, me dejó con las botas. Me
tomó del cabello, tomándolo, y me puso de rodillas nuevamente para que siguiera
chupándolo.
-Sigue con tu trabajo oral puta...
Continué mamándole la pija por un rato más. Me sentía muy bien así. Me encantaba
su pija. Llevábamos más de media hora así, cuando él mismo sacó de mi boca su
pija. Me hizo levantar y me llevó hasta la sala de espera frente a su oficina.
-Ven que te voy a cojer como se lo merece una puta como tú.
Me acostó boca arriba sobre el sofá de la sala de espera abrió mis piernas que
tomó con sus manos y puso su vergota en mi entrada. Yo la tomé y la fui metiendo
de a poco. Me quejaba y a él eso le gustaba. De improviso avanzó y la metió
toda. Hasta el fondo. Grité. Se acomodó y empezó a meter y sacar su pija dentro
de mí. Lo hacía a una velocidad enorme y con una fuerza gigante.
-Te gusta así ¿no puta? ¿Te gusta?... perra...
Yo no paraba de gemir y de agarrarme de sus brazos fuertes. Sus embates eran
tremendos. Unió mis piernas para apretar así su pija en mí. Y con una sola mano
las tomaba y con la otra se apoyaba del espaldar del sofá. Me la metía y sacaba
como una maquina sexual. Luego la sacó repleta de líquidos míos, pues ya había
tenido un orgasmo.
-Ponte en cuatro perra que me gusta pijatrarlas así, a las putas como tú... Lo
hice. Él me dio una palmada en las nalgas. Metió uno de sus dedos en mi concha,
lo sacó e intentó meterlo en mi trasero. Yo se lo impedí y él me abofeteó en la
cara.
-¡Quédate quieta perra, que voy a hacer lo que yo quiera!Me quedé helada y
quieta. Insistió metiendo uno de sus dedos en mi trasero. Nunca lo había hecho
por ahí. Su dedo me molestaba sobremanera y cuando ya lo tenía dentro comenzó a
meter otro en mi sexo el movimiento de ambos me fue excitando cada vez más. Fui
moviendo mis caderas al ritmo de sus dedos. Entonces los sacó de su interior y
se acomodó para pijatrarme. Primero de forma normal por mi coño. La metió toda
de una y comenzó a pijatrarme fuerte. Yo tenía la cabeza enterrada en el
espaldar del sofá. Sus embates me apretaban contra él.
Me tomaba de la cintura y me atraía hacía su pija que salía y entraba como un
taladro. Sus huevos golpeaban mis nalgas y estaba a punto de un nuevo orgasmo.
Se detuvo.
-Ahora vas a saber lo que es que te coja tu jefe .
Puso su pija en mi entrada posterior y empezó a avanzar. Me dolía muchísimo. Él
se veía ...experto en estos menesteres y esperó a que me relajara. Cuando el
glande estaba dentro, comenzó nuevamente a empujar hasta tenerlo todo dentro.
Allí mismo me tomó del cabello y me alzó la cara, al tiempo que me pijatraba sin
compasión. Se apoyaba de mi cadera y de mi cabello como si cabalgara a una
yegua. Yo estaba en otro mundo sintiendo de todo: dolor, placer, lujuria,
éxtasis, etc.
Me metía su pija con todo poder. Sentí que estaba por acabar pues se apoyó sobre
mi cadera y su ritmo se aceleró. Dio varios embates más y sentí cómo inundaba mi
traserito. Fue enorme la cantidad de esperma que salía de él. Sacó su miembro y
lo limpió con mis nalgas y con mi falda enrollada a la cintura. Se sentó a mi
lado y me besó.
-¿Te gustó, perrita? -Sí, sí me gustó jefe...
Él me sonrió y me invitó a que le limpiara la pija. Lo miré y me fui encima de
su hermoso pija a lamerlo hasta dejarlo limpio. Mientras lo hacía sentí a
alguien detrás de mí. Giré y se trataba del jefe de seguridad que miraba la
escena con una cara de vicio increíble.
-¿Qué tal la vista Pedro? Preguntó Héctor -Excelente...
Respondió el hombre mientras me miraba. Yo estaba congelada sentada desnuda a un
lado de Héctor que me acariaba el cuello y se sonreía con Pedro.
-Bien rica esta puta ¿cierto? -Pues yo la vi muy bien puesta don Héctor... -Ya
sabe que de noche esta empresa es suya con todo lo que tiene dentro...
Al decir esto miré a Héctor y éste me sonrió. Pedro se acercó hasta mí al tiempo
que se bajaba el pantalón, sacando un pija gruesísimo y empalmado a más no
poder, pues había visto todo desde el inicio. Lo tomó en sus manos y me lo
ofreció para que lo chupase. Héctor me presionó del cuello y no hice más que
abrir la boca e intentar tragarme el paquete del guarda.
Su pija era más pequeña que la del jefe pero mucho más gruesa. Comencé a lamerlo
y darle pequeñas mordidas.
-Eso sí, mamita, así. Mírame a los ojos mientras lo chupas... me gusta ver la
cara de putas cuando lo maman...
Me decía el tipo mientras tocaba mis senos y se iba quitando la ropa. Héctor se
sentó frente a nosotros a disfrutar de la escena.
El guarda era un hombre de unos 38 años , bajito, pero acuerpado, blanco y
calvo. Me detenía en la mamada para quitarse su ropa, hasta quedar completamente
desnudo. Seguí mamándolo hasta que él me detuvo, se sentó en el sofá y me invito
a sentarme sobre su pija gruesa. Así lo hice, sentí esa pija abriéndome un poco
mi conchita pues el tamaño del grosor era inédito en mi cueva de sexo.
Cuando pude ensartarlo todo, él mismo me daba el ritmo para que subiera y
bajara. Mientras me chupaba y tocaba los senos. La fricción con esa nueva pija
hizo que me excitara mucho y que intentara llegar a un nuevo orgasmo. Aceleré el
bajar y subir. Sentía cada vez más esa pija dentro. Abracé al guarda y comencé a
hablar: -Sí, sí, qué pija hermosa, me gusta sentirla dentro, dentro... sí,
sí...- y me corrí de una forma inusual. Gritando fuertísimo. Arañando al guarda
de tal forma que violentamente me levantó y me puso acostada sobre el sofá.
Entonces comenzó a meter y sacar su pija con violencia. Yo le pedía más y más.
Parecía que estaba incómodo en el sofá, así que sin sacarme su pija de dentro me
puso en el suelo y allí montó mis piernas con las botas sobre sus hombros y me
pijatró con furia. Luego se apoyó de mis senos y me daba con total violencia. Yo
estaba en otro mundo mientras me pijatraba. Héctor se acercó y me ofreció su
pija para que se la chupase mientras tanto. La tomé y la mamé mientras era
poseída por el guarda .
El guarda sacó su pija. Me puso en cuatro y volvió a meterla fuerte. Yo seguía
chupando a Héctor entonces sentí el ritmo a punto de acabar del guarda decidí
ayudarle moviendo mis caderas, también Héctor parecía acabar. Ambos se vinieron
al tiempo. Héctor bañándome la cara y la boca y el guarda bañándome la espalda.
Ambos se pusieron frente a mí y los limpié a fondo.
Después de esto se vistieron. El guarda siguió en su guardia y Héctor me llevó a
su oficina.
-Mira Anabel, esto que pasó aquí es entre nosotros. Pueda ser que no te agrade
lo que pasó, pero pasó. Así que ojalá y no lo estés divulgando por ahí. Tú estás
grabada en vídeo y todos sabemos que tú querías esto desde hace un tiempo. Yo me
quedé mirándolo con rabia y algo de morbo ante lo sucedido y ante su confesión.
No contesté nada y fui al baño a lavarme y cambiarme. Desde dentro escuché
cuando Héctor salió.
Ya vestida, con la falda hecha un desastre, fui hasta mi escritorio, apagué el
computador y salí. Al llegar a la puerta el guarda no paraba de mirarme lleno de
lujuria.
-¿Te gustó lo de arriba?No le contesté nada e intenté salir.
-¿Te gustó o no? -Sí, sí me gustó pero no quiero hablar de eso... -Pues nadie
quiere que hables -No lo voy a hacer. Simplemente pasó y ya. -Eso es así nos
gusta a nosotros... -¿Lo hacen seguido? -Sólo cuando toca... y con una hembra
así...
Intenté salir de nuevo, pero el hombre me tomó del brazo y me arrastró hasta la
silla de su despacho, me sentó allí. Sacó su pija y me la puso en los labios.
-Entonces no hables y termina de chupar que todavía estoy lleno...
Lo miré y abrí la boca y comencé a comerme esa pija gruesa. Le miraba a los ojos
tal como a él le gustaba. Salivaba muchísimo para que se resbalara suave en mi
paladar. Bajé su pantalón y me apoyaba de sus caderas para ir y venir con más
soltura. No paraba de insultarme y gemir. Lo pajeé mientras chupaba sus huevos y
volvía a lamer y chupar su pija. Me detuve y sin dejar de mirarlo le dije:
-¿Quieres meterlo de nuevo?Él dijo sí con un gesto. Me levanté y me apoyé en la
pared ofreciéndole mis agujeros de espaldas. Tomé su pija y la apunté a mi coño.
Él entró con facilidad. Yo estaba mojadísima. Me tomó de la cadera y comenzó a
embestir fuerte. Me estaba partiendo. Me apretaba los senos y seguía metiéndolo.
Me encantaba el grosor de esa pija. Yo estaba por reventar en un nuevo orgasmo
cuando él lo sacó y me tomó del cabello para que me arrodillara. Lo hice y me
obligó a abrir la boca y recibir su descarga en la boca. Abrí la boca y la
recibí con agrado. La tragué toda. Luego lo limpié y salí de allí.
No volví a trabajar tres días. Luego aparecí, di mi carta de disculpas por no
haber ido a trabajar. Héctor me trataba normalmente igual el guarda. Ya sabía yo
que no podía volver a tomar horas extras de noche, a no ser que quisiera
pasarmela de fiesta. Así ha sido hasta ahora. Cuando deseo hacer horas extras ya
saben lo que pasa.
Estoy pasándome de orgías en las horas extras , debo empezar a cuidarme
¿Qué creen ustedes?
Anabel
lagatapaga@yahoo.com
http://ar.groups.yahoo.com/group/oraculo_infiel/message/5950