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SEXO OCASIONAL

Mi esposo está en cautiverio por algo que no cometió, pero no voy a hablar de las injusticias sino de mis urgencias y necesidades . No puedo creerlo. Mi esposo en sus breves comunicaciones y  mis amigas tienen razón ya trece meses  es demasiado tiempo sin sexo para una mujer  madura y joven… en realidad para cualquier mujer. Pero… de ahí a hacer “esto”. Uff… quedar con un desconocido a través de una página de encuentros casuales es demasiado para mi. ¿Y si es un psicópata asesino? ¿O un pervertido? –Sonrío. —Bueno, un poco de perversión no me vendría mal…

Un toque en la puerta de la habitación de hotel en la que estoy me saca de mis pensamientos. Es la hora de la verdad. Ni toda la lencería del mundo me haría sentir segura de mí misma.  Me dirijo a la puerta casi temblorosa. La abro y ahí está él. No había mentido con su foto como yo me temía. Era exactamente como se mostraba, incluyendo el hecho de que no era demasiado alto. Eso quizás importaba a otras mujeres, pero para mí, con mi metro sesenta, no suponía ningún problema. Era guapísimo y estaba en forma. Sus ojos negros sonreían con picardía y me dí cuenta de que llevaba varios segundos delante de él, mirándolo, pero sin dejar que entrase.

—¿No vas a dejarme pasar? —Su voz parecía un arrullo, era suave y provocadora. Definitivamente, sexy.

Me aparte de la puerta para dejarlo pasar, desgraciadamente no encontré mi voz entre los nervios que ardían en mi.

El pasó y cerró la puerta. Se acercó y me agarró por la cintura. Los dos sabíamos a lo que habíamos venido así que era una tontería andarse por las ramas… y yo lo deseaba. Dios, el estaba tremendamente bueno. Y con solo aquellas manos alrededor de mi cadera, yo ya estaba totalmente encendida.

—¿Necesitas algo de tiempo? ¿Una copa quizás?—De nuevo aquel arrullo. Yo no necesitaba nada… salvo a él. Indiqué que no con la cabeza. Seguía sin encontrar mi voz.

El sonrió, parecía tranquilo y si tuviese que apostar diría que no era la primera vez que hacía algo así. Acercó mi cuerpo al suyo, tirando de mí hacia él. Desde las rodillas hasta el pecho estábamos totalmente pegados el uno al otro. Pero nuestros rostros no se tocaban, él estaba a centímetros de mi, y lo supe. Estaba esperando a que diera el primer paso, a que sucumbiera… o demostrara que iba enserio con aquel encuentro. Decidí dejarme llevar… un trece meses y algo más sin sexo es demasiado tiempo ¡al cuerno con todo,  !o mejor a los ¡ cuernos a mi marido !

Levanté mis brazos y coloqué mis manos en su nuca, acercándolo a mi, su rostro recorrió el camino que nos separaba y mi boca estaba esperándolo, húmeda y caliente. Mi lengua acarició la suya, jugando, tentándolo. Él sonrió levemente, como si aquello fuese lo que había estado esperando. Yo mordí ligeramente aquel labio burlón. Y sus manos empezaron a acariciarme. Su mano derecha subió lentamente desde la cintura hasta mi pecho y lo envolvió casi por completo, empezando a mover en círculos su pulgar alrededor de mi pezón mientras sentía la presión de su caricia en el resto de mi pecho. Su otra mano no se había quedado quieta y apretaba mi nalga izquierda con un movimiento realmente provocador. Me separé de él  un paso hacia atrás y pude apreciar su desconcierto por unos segundos. Sonreí. Había elegido para aquella ocasión un vestido que se cogía al cuello. Con un simple movimiento la prenda resbaló hasta mis pies dejándome completamente desnuda, con la salvedad de mis tacones de aguja y las medias de liguero que llegaban hasta la mitad del muslo. Su boca se torció en una sonrisa sensual que ya le conocía.

—¿Nada de ropa interior?

Mi voz seguía negándose a salir así que me limite a negar con la cabeza, quería que si había algo que lo fuese a espantar de mi físico, lo espantara ahora y no más adelante. Pero su mirada era más que aprobatoria. Se acercó de nuevo y me susurró al odio:

—Estas increíble… me encanta tu atrevimiento y esos tacones de aguja… no vas a quitártelos ¿verdad?

Me gustó que quisiera tenerme con tacones y medias…

Ahora que sentía sus manos sobre mi cuerpo era aún mejor. Estaban ligeramente ásperas y muy calientes. Me encantaba que trabajasen sobre mí. Le cogí la mano y la llevé hasta mi pubis totalmente depilado para la ocasión. Él levantó una ceja y me dijo:

—¿Ya? ¿Quieres ir al grano?

Asentí. Sabiendo que los preliminares apenas habían comenzado, pero con una necesidad dentro de mí que me hacía quererlo inmediatamente dentro de mí. Introdujo un dedo y comprobó lo húmeda que estaba.  Sonrió:

—Sí, si que estás preparada para mi.

Sin embargo, no empezó a desnudarse como yo esperaba, no se separó de mí para ponerse el preservativo . Si no que dejó su dedo ahí dentro y empezó a moverlo en círculos. Me estaba volviendo loca. Mis manos empezaron a desabrochar su camisa negra, no me parecía justo que el estuviera completamente vestido, yo también quería sentir su piel, disfrutar ese cuerpo que la ropa solo me dejaba intuir.

La camisa cayó al suelo y su cuerpo se reveló. Me excitó muchísimo ver que tenía vello en el pecho y que aunque no tenía barriga tampoco tenía los abdominales marcados, era un hombre de verdad, natural, sus brazos eran fuertes y su cuerpo masculino, pero probablemente se debía a que trabajaba en algo físico y no a que se machacaba en un gimnasio… o eso supuse, en realidad no tenía ni idea de cuál era su trabajo y me importaba muy poco. Cerré los ojos y me recosté contra él, disfrutando de los movimientos que hacían sus dedos en mi interior. Empecé a besarle el cuello, los hombros, a acariciar su pecho y de pronto quise tener entre mis manos su miembro. Aún conservaba sus pantalones, así que empecé a desabrochar la correa. El se quitó los zapatos sin dejar de mover sus manos y después empezó a usar su boca sobre mis pechos. Los pantalones cayeron al suelo junto a los calzoncillos, no me dio tiempo de ver si serían boxer o slips …la cabeza me daba vueltas, lo primero que hice fue poner mis manos en su trasero para apretarlo mas contra mi, notando su erección entre mis piernas, él sacó sus dedos y con un movimiento sensual y perturbador, se lamió los dedos. Yo no podía parar de moverme, refregándome contra él, pidiendo más, su boca hacía arder mis pezones de placer y sus manos encendían mi cuerpo de tal manera que no tenía ningún control sobre mi misma. Me puse de cuclillas con las piernas juntas hacia un lado y mi cara quedó a la altura de su miembro. Quería saborearlo. Empecé a lamer desde la base hacia la punta, deteniéndome allí, rodeando con mi lengua el glande y succionando después. El gemido de placer que soltó fue todo un aliciente. Introduje su pene en mi boca llegando hasta la campanilla, a pesar de que tuve que contener una arcada por lo profundo que estaba, me negaba a dejar de hacerlo, lo deseaba, lo estaba saboreando y lo desfrutaba. El colocó sus manos sobre mi cabeza, ejerciendo una leve presión que marcaba el ritmo de mis embestidas, miré hacia arriba con picardía mientras mi lengua acariciaba solo la puntita por unos segundos y su rostro era el del más puro placer.

—Que morbo me da esa mirada de picardía, preciosa. Sonreí y volví a tenerlo entero dentro de mi boca. Entonces él me tendió un condón. En un alarde de atrevimiento abrí el preservativo y lo coloqué con la boca, dejando que mis labios lo deslizaran hacia la base del pene. Cuando estuvo colocado el me levantó y entonces yo me dirigí a la cama aunque mi intención no era tener sexo en ella, apoye mis manos sobre el lateral de la cama y me incliné, separando ligeramente las piernas. El hizo un gesto que interpreté como aprobación y deseo. Se colocó detrás de mí y deslizó un solo dedo desde mi nuca hasta mi culo a través de toda mi columna, ese simple gesto hizo que se me pusieran de punta todo los vellos de mi cuerpo.

—Adoro este trasero, ¿sabes? Tienes un culo increíble.

Moví un poco mis nalgas, buscando su contacto, rozando su pene.

—¿quieres… por atrás?

Nunca había tenido sexo anal, pero tampoco había tenido nunca sexo ocasional y estaba siendo estupendo, así que me dije a mi misma ¿porqué no? Volví a refregarme contra él y lo tomó como un asentimiento. Primero metió un dedo, después dos y después empezó a meterme por fin su polla. No podía evitar moverme, refregarme contra él, incitándolo a que la metiese entera. Lo quería todo.

El iba despacio y no paraba de acariciar mi clítoris mientras se introducía en mí. Me estaba volviendo loca. Una vez lo hube tenido entero dentro, empezó a moverse, A embestirme por detrás mientras me masturbaba con su mano derecha  por delante y me sostenía con la izquierda por la cadera. El orgasmo llegó casi al instante, y después otro… No podía parar de temblar con los espasmos provocados por tanto placer, pero él era imperturbable, seguía manteniendo el ritmo y la presión adecuados para mantenerme en ese estado enloquecedor de placer. Finalmente se corrió y se derrumbó sobre mí, besándome la espalda. Nos separamos y me tumbé en la cama. Para mi asombro no se fue a la ducha, si no que se tumbó a mi lado y me sonrió, añadiendo con voz provocadora:

—Nena, tú y yo nos vamos a divertir mucho.       

by mourascarmen@yahoo.com,

tus preguntas me gustan …

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