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Una orgía paratodos los sentidos

Una orgía para todos los sentidos

 

Solange ha sido muy generosa conmigo, y yo quiero serlo con ella, quiero darle todo lo que me pida, desde lo más hondo, desde donde nace de nuevo la inocencia, la pureza, la sinceridad, la entrega absoluta, y uno mismo reinventándose para ser mejor.

 

Dos almas gemelas que nos encontramos para entregarnos esa parte de cada una que nos identifica íntimamente y nos permite poder ser y poder sentir, más allá de lo racional y de lo permitido.

 

Viernes tarde. La ciudad seductora. Luz de invierno, cae la tarde, tonos fuego en el cielo y felicidad infinita. Ella hecha Diosa, me espera en casa, ultimando mis detalles, todo lo que nos vamos a poner para nuestra primera exhibición. Tengo costantes flashes de su preciosa cara, de su boca, de sus piernas perfectas, de su pecho y de su alma que me entregó con sus propias manos, abierta para mí, de su piel y cada poro. Cierro los ojos y la siento al lado, noto su presencia constante y me acompaña y me envuelve. Infinita.

 

Julián me va a buscar. Es todo un caballero. Ya en el avión, cerré los ojos y lo pensé a mi lado. De momento, me envolvió en una conversación deliciosa de palabras y miradas, y no dejé de sentirme desnuda, me acompañó al baño, y al salir volvió a sentarse junto a mí, ya consciente de mi estado. Transparencia en negro, y las mismas con las que lo deleité en mis últimas fotos. Él vió mi prenda más íntima en mis manos y la guardó con cuidado en su bolsillo. Me ha acompañado todo el viaje y me lo ha hecho tan ameno. Abro los ojos, excitada y nerviosa. Despierto. Aterrizo por fin. Bajo del avión y él está esperándome con su mejor abrazo. Me protege y admira y disfruta las miradas clandestinas y sin piedad que se clavan en mí. Pelo mojado y olor a limpio, a Dioses. Me hundo entre sus brazos, y me pierdo en su cuello, en su piel, me abraza, me besa y me pregunta por el vuelo. Delicioso y encantador. Me acaricia y me relaja. Su mirada me da esa serenidad que tanto me gusta y que me hace temblar desde cada poro. Subimos al coche y la ciudad nos guía en un excitante paseo. Él nos conducirá a las dos en nuestro primer encuentro, y nos dejará solas y nos mirará, y nos fotografiará, y se entregará a nosotras cuando se lo pidamos.

Ella y yo nos conoceremos hoy en un ritual de entrega sin reserva. Pero antes jugaremos un poco los tres mientras salimos a cenar.

 

Julián es el amante de Solange. Sol, como me gusta decirle ami  ya que lo ilumina todo, quiere hacernos a ambos un obsequio , quiere  compartirlo conmigo, pero antes de conocernos ella y yo, ella me ha cedido a Julián. Él y yo hemos pasado unos días juntos conociéndonos entre yoga, sexo y deseo hecho realidad. Es un amante exquisito, largo, lento, acogedor, firme y encantadoramente sensible, a veces amo, a veces esclavo y siempre profesor disciplinado. Ahora él me entrega a Sol, los dos se entregan a mí, y yo a ellos dos.

 

Ella prepara cuidadosamente todo lo que necesita para exhibirnos esta noche. Tiene las esposas y la ropa con la que me vestirá, deleitándose, después de desvestirme y dejarme completamente desnuda. Lo tiene todo preparado sobre su cama. Nos espera. Está impaciente por ponerme las tanguita negras transparentes, y cada prenda en un ritual lento y minucioso, como el que seguirá para desnudarme por primera vez.

 

Julián me lleva a la casa de Sol y nos tomará hora y media en este caos de tránsito que es Buenos Aires. Iremos a cenar, y después a degustar algunas bebidas , tranquilos. Llegó la hora. Estamos ante su puerta. Excitación. Agitación. Trago saliva. Julián me calma. Se abre la puerta. Nos miramos, sonreímos, lloramos mientras reímos, nos abrazamos, respiramos hondo. No puedo evitar acariciar cada rasgo de su cara, y comerla a besos. Julián nos recoge en dos horas. Prohibido tocarse una a otra. La atracción es brutal. Empieza el ritual. Ella disfruta cada paso, cada roce. Empieza a desvestirme, me permite que disfrute con sus roces vampíricos y demoníacos pero sutiles, como sólo las diosas saben rozar. Me observa desnuda, me acaricia. Y saborea cada prenda: tanguita, medias, ligas, corpiño o no, lo tiene que pensar, prefiere verme los pezones erizados bajo el vestido, provocando al mundo pero suyos para siempre. Nos maquillamos y nos deseamos, pero somos obedientes, y me incita y me provoca, y decide concederme una caricia. Vestidas con la espalda descubierta y escotes de escándalo. Solange me pide que espose sus muñecas en su espalda y con una capa cubro su cuerpo. La obediencia será su devoción.

Llega Julián. Salimos los tres. Y en el  auto Sol me seduce y me provoca. La beso pero no me puede abrazar aunque lo desea en el alma. Llegamos a la cena. Velas. Blues de fondo. Le quito la capa y la ayudo a sentarse, Julián mira la carta, elige el vino, pide algo exquisito y me besa. Sus dedos recorren mi piel. Solange desea vernos en nuestras caricias. Le acerco su copa de vino y lo prueba, está sedienta. La cena es una continua provocación, Julián me da a probar cada bocado exquisito, y acaricia mis labios. Bebemos y nos bebemos. Está excitada, y sus manos siguen esposadas. Necesita ir al baño, y la acompaño. Sólo es necesario subir un poco su vestido. El agua es un alivio. Volvemos a la mesa. Come todo lo que le voy acercando a su boca, y su mirada me insinúa y me susurra sus deseos más prohibidos e inconfesables a mi oído, sus labios rozan mi piel y su respiración me altera al rozar mi punto débil: mi cuello. La cena es una sucesión de sutiles provocaciones. Julián me acaricia bajo la mesa. Voy al baño, necesito respirar hondo y calmarme un poco, son demasiadas emociones a la vez y me siento muy agitada. Mi piel se eriza con cada gesto, con cada roce, con cada mirada, y el vestido delata mi pecho. Me siento en una nube de deseo sostenido y de placer imparable. Junto al baño hay una sala con espejos y luz tenue, y la música es más suave. Me relaja ese espacio, y de repente siento las manos de Julián recorriendo mi cintura y su boca, su aliento y su calor en mi nuca. Me estremezco. Abro los ojos y Sol nos mira encantada y los suyos me recorren y se detienen en mis pezones erizados y provocadores, mientras sus labios se acercan a los míos y su lengua dibuja mi boca, suave. Mi respiración se agita. Clic. Julián nos hace la primera foto. Solange desea mi pecho como si fuera un bebé hambriento. Disfrutamos el postre en unos magníficos y confortables sillones. Conversamos y nuestras miradas cómplices nos delatan e incitan a las personas que nos rodean. Nos envuelve el deseo y el placer y esa honda expansiva alcanza a todos los que nos rodean y nos miran con cierta lujuria. Julián nos seduce y nos observa, y nos acaricia mirándonos a las dos, y se deja provocar y seducir. La luna nos guía en el viaje de regreso y Sol sentada sola y esposada en el asiento de atrás nos mira mientras Julián conduce y en las paradas obligatorias de la ciudad, los semáforos permiten que la mano de Julián suba mi vestido y se pierda y me haga volar por segundos.

 

Llegamos a la casa de Sol. Julián nos besa y se despide de las dos, nos deja toda la noche solas. Él volverá al día siguiente, el sábado por la tarde. Ahora Sol debe decidir si me atará toda la noche a su cama, mientras me hace todo lo que desea ya liberada de sus esposas; o bien prefiere que esté toda la noche sin dormir amándola, y tatuando el placer por todo su cuerpo, sin parar, por su piel, por sus piernas, por su espalda, por sus pies acariciados y lamidos hasta el éxtasis, y subir por sus piernas apenas rozándolas con las yemas de los dedos para que sienta toda esa descarga sublime y brutal a la vez, y llegar hasta su abdomen para que su sexo sienta el vértigo del placer más intenso, más y más excitado cada vez, sin tocarlo todavía, y rodear sus pechos, de la misma forma, hasta que estalle y mis dedos queden tatuados en su piel, en cada rincón para cada segundo, eterno. Dormimos como dos ninfas del bosque, sonrientes.

 

Julián nos despierta y el sol ilumina nuestros cuerpos brillantes, y dibuja nuestros contornos ligeros e insinuantes. Sol y yo nos acariciamos con la mirada. Julián nos besa y nos desea. Es la hora del almuerzo y mi cuerpo será el plato donde se sirvan y se degusten los bocados exquisitos y el vino delicioso que nos acompañará durante horas. Desnuda con cada manjar sobre mi piel, alrededor de mis senos, en mi vientre, entorno a mi sexo, a lo largo de mis piernas irán colocando cada uno de los bocados a probar y los irán comiendo y saboreando despacio, relamiendo el plato, dándomelos a probar con sus manos y sus bocas, y seré acariciada en cada cm de mi piel con sus manos y saboreada por sus lenguas, despacio, deleitándose en cada sabor dulce, salado, y disfrutando cada sensación. Una orgía para todos los sentidos.

Luciana

 

publicado por lamagaluciana@yahoo.com.ar

 

http://ar.groups.yahoo.com/group/oraculo_infiel/message/8308

 

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