La noche siguiente, mientras recogía la mesa después de cenar, sonó el timbre de la puerta. Extrañada por la hora, eran más de las nueve de la noche, me acerqué a la puerta y miré por la mirilla, era Arthur , el osado de Arthur . Estuve indecisa de si abría o no. Decidí abrir para decirle que todo se había acabado.
-¿Qué quieres Arthur ? –Le dije con tono y semblante serio.
-Quiero pasar, conversar contigo. –me contestó él en tono risueño.
-Lo siento no quiero continuar con esto, fue una estupidez por mi parte que no volverá a ocurrir. Quiero a mi marido y no deseo continuar.Mi esposa en cualquier momento ha de regresar Vete, por favor. –Le expliqué casi implorando.
-Tranquila mujer, déjame entrar y me despido, ya verás, no debes temer nada. –Me dijo mientras ponía una cara falsamente tristona.
Dudé un instante, miré a mi alrededor por si había alguna vecina curiosa y le facilité la entrada apartándome a un lado.
-Sólo un rato, dime lo que tengas que decir y te marchas. Lo nuestro ha terminado Arthur . –Le previne muy seriamente.
-De acuerdo, hoy será la última vez que estemos juntos tú y yo, te lo prometo. –Me confesó en un tono muy bajo.
Arthur comenzó a decir que estaba enamorado de mí, que lo de las otras eran simples aventuras, que me apreciaba, apreciaba a mi marido, que había disfrutado muchísimo las dos noches anteriores, bla, bla, bla. Estuvo más de veinte minutos hablando, después se despidió y se dirigió a la puerta, yo le seguí sin decir nada. Al llegar a la puerta y antes de que la abriera se giró hacia mí y me dijo.
-Bueno Adri , aquí me despido. –Al decir esto se quedó mirando fijamente a mis ojos. Yo no sabía si despedirme con un apretón de manos o con un beso de amigos. Titubeé unos segundos, mientras él no separaba su mirada de mis ojos. Yo también miraba los suyos expectante de sus movimientos. En unos segundos agachó su cabeza para besarme en la mejilla y yo ladeé la cara para que lo hiciera, sin embargo Arthur , utilizando un viejo truco, volteó su cara en el último momento cuando yo giraba la mía y me besó en la boca. No reaccioné y él lo tomó como un permiso. Me rodeó con sus brazos por la cintura hasta atraerme por completo hacia él. Instintivamente besé su vientre ya que estaba a la altura de mi boca y él se agachó para besarme en la boca, con suavidad, sí con suavidad, quizá era consciente de que era la última vez que me besaba. Después, todo fue seguir nuestra pasión. Yo en realidad no le quería, para mí sólo era sexo puro y duro, para él supongo que sería una pieza más de su cacería particular. Me subió en brazos sin dejar de besarme y se dirigió a la cocina. Allí apartó con su brazo izquierdo el plato y el vaso donde momentos antes había comido y tras separar también el mantel de tela china, me sentó sobre la mesa. Arthur se separó un poco y se desabrochó la camisa lentamente sin dejar de mirarme. Después se acercó a mí y me besó nuevamente mientras sus manos se deslizaban por mi cuello. Su lengua era carnosa y de una vitalidad exquisita. Volvió a separarse de nuevo y se desabrochó los pantalones para dejarlos caer al suelo. Su fornido cuerpo, con los interiores blancos, daba un aspecto viril que cualquier mujer pagaría por tenerlo. Se aproximó otra vez a mí y su boca atrapó de nuevo la mía. Jugueteaba conmigo, en ese momento no era el mismo Arthur de días pasados. Otra vez se separó de mí y sus manos se desprendieron de sus boxer blancos. Era impresionante y ridículo a la vez. Tenía ante mí a una mole gigantesca totalmente desnuda pero con los zapatos y calcetines puestos. Esbocé una sonrisa al verlo así, recorrí su cuerpo de abajo arriba y cuando llegué a su cintura pude ver que su pija estaba creciendo, podía ver con claridad cuan enorme era, en días anteriores la había sentido pero no me había fijado claramente en su tamaño real comparándola con su cuerpo. Estaba totalmente horizontal, mi antebrazo era más pequeño que su miembro. Con una sonrisa en mis labios salté de la mesa y me aproximé a él. Me incliné y lamí su cabezón con deleite, al fin y al cabo si era la última vez, que fuera al menos provechosa. Él se mantuvo erguido, yo por el contrario agarré con ambas manos su pija y jugueteé con ella a placer, la ensalivaba y me la llevaba hasta la garganta, en eso era una experta pues Alberto era un apasionado de las felaciones. Una de las veces me dio una arcada y a punto estuve de vomitar la cena, ya que él hizo presión y me llegó de golpe a la garganta. Me puse en mejor posición y volví a metérmela por completo en la boca, esta vez engullendo totalmente los 25 cmts aunque tenía que aflojar rápidamente ya que me era difícil respirar con ella en la garganta. Arthur daba unos resoplidos enormes, señal inequívoca de que esta vez era yo quien dominaba la situación. Mientras me tragaba su enorme miembro mis manos estaban agarradas a sus respectivas nalgas. Las apretaba y las separaba en un juego que le excitaba. Con mis dedos jugueteaba con su orificio anal arrancándole más de un jadeo. Sabía sacarle partido a esa situación y me sentía cómoda. Llegué incluso a meter mis dedos ligeramente en su culo sintiéndome la verdadera ama de la escena. Arthur resoplaba y resoplaba mientras yo me tragaba su descomunal miembro y hurgaba en su culo de macho dominante, se que a los hombres les encanta esta situación y por eso puse especial cuidado en ello. La saliva brotaba por mis labios y en un mete y saca de su falo en mi garganta. La verdad es que duró muy poco mi autoridad, pues la excitación de Arthur se hizo insostenible, y comenzó a penetrarme en la boca con frenesí, sus manos agarraron mi cabeza y me atrajo hacía él, estrujándome por completo mi cabellera, quise zafarme para poder tomar aire pero él me lo impedía, seguía tomándome y tomándome mi boca como un animal. Con mis manos hice presión contra él para intentar separarme pero era imposible, su enorme falo llegaba hasta mi garganta y parecía que iba a entrar hasta mis entrañas por la boca, yo quería vomitar, quería tomar aire, pero él me lo impedía, mis ojos estaban implorando ayuda, le hice señas pero Arthur no me miraba, sólo miraba al techo mientras aumentaba el ritmo de sus embestidas dentro de mi boca, de repente lo noté, una andanada viscosa y caliente se precipitó por mi boca desplazándose hasta mi garganta. Una parte salió precipitada por la comisura de los labios, impulsada hacia el exterior por la propia presión ejercida por la pija de Arthur . Si quería liberarme tenía que tragarme su leche y así lo hice, tragué, tragué y tragué hasta que mi boca quedó liberada de su líquido seminal, fue en ese entonces cuando Arthur aflojó su presión y pude liberarme. Estuve durante un rato apoyada en el suelo respirando profundamente, jadeante por la falta de oxígeno, mi cara embadurnada por completo de la leche de Arthur y él recobrando fuerzas con la mirada perdida en el techo.
-Lo siento no pude evitarlo. –Me dijo en voz baja.
Cuando recobré el aliento me incorporé, sin dejar de mirarlo. Arthur estaba allí, quieto. Ahora me miraba atento, siguiéndome con la mirada, me estaba preocupando.
-Adri , ven aquí, por favor. –Me ordenó con cierta amabilidad.
Yo le obedecí, aunque muy despacio, no estaba segura qué pasaba por su cabeza. Me aproximé a él y nuevamente me rodeó con sus brazos. Me besó, mordisqueó mi cuello, él sabía que eso era mi debilidad. Mordisqueó mi oreja. Cerré los ojos y me dejé llevar por él. Noté que se agachaba y me desabrochaba el pantalón vaquero. Noté cuando lo deslizó hasta las rodillas. Su mano se paseó por mis bragas blancas, se dio cuenta que mi sexo chorreaba por lo mojadas que estaban. Sus dedos rozaron mi sexo sobre la tela, me estremecí de placer. Su mano aferró mi abultado y mojado sexo, intenté abrir las piernas para que su enorme mano pudiera pasar por entre los estrechos muslos. No pude, los vaqueros en las rodillas me lo impedían. Esperé que me liberara de ellos pero él no lo hizo. Sacó su mano de mi sexo y me abrazó fuertemente. Su boca se acercó a la mía, noté su calor. Su lengua se metió en mi boca mientras sus manos atrapaban mis nalgas, las estrujaban, las palmeaba, las castigaba, las abría y las apretaba. Su enorme falo cálido estaba apretado contra la blusa, a la altura de mis pechos. Notaba como recuperaba poco a poco su poderío. La turgencia de mis pezones se notaba aún con la blusa y el sujetador puesto. Quería que me tomara ya pero no se lo pedía, sólo me mantenía con los ojos cerrados, imaginando una situación idílica. Cuando terminó de castigar mis nalgas me dio la vuelta y me apoyó sobre la mesa. La mesa era muy alta para mí, así que él me cogió por la cintura y me colocó boca a bajo sobre ella con los pies colgando pues no llegaba al suelo. Intuí que me iba a tomar allí mismo, lo espera ansiosa. Arthur se entretuvo un rato que me pareció una eternidad. Buscaba algo, yo desesperaba, quería que me cojiera.
-Necesito tu cinturón.-Me dijo.
Se agachó y soltó el cinturón de mis vaqueros. Ató mi pie izquierdo a la pata de la mesa, bajó por completo mis vaqueros y después recogió su cinturón y ató igualmente el pie derecho a la otra pata de la mesa. La tirantez me hacía daño pues los vaqueros impedían que pudiera abrir por completo las piernas. Acto seguido agarró mis mojadas bragas y las bajó ligeramente hasta dejar mis nalgas al descubierto. Después se lo pensó y tiró de ellas hasta romperlas por completo.
Arthur se inclinó y comenzó a meter su lengua en mi orificio anal. El placer que me proporcionaba no tenía precio.
-¡Aaaaah! ¡Aaaaaah! –Jadeaba como una poseída ante los lengüetazos de Arthur .
Él perforaba mi culo con su carnosa lengua sin tregua. Sus enormes manos mantenían las nalgas separadas. Mi sexo rezumaba chorreante ante la activa lengua que luchaba por abrirse paso por mi culo. No era capaz de abrir los ojos, no quería despertar de ese sueño.
-¡Cojeme! ¡Cojeme! – Le gritaba desesperada, pero Arthur tenía marcado su propio ritmo y no parecía tener intenciones de cambiarlo. Su lengua continuaba fiel con su trabajo. Giraba a un lado, giraba al otro, se detenía, hacia presión por entrar, retrocedía. Mi culo estaba receptivo, podía notarlo claramente, pero Arthur no se decidía a tomarlo. De repente se incorporó y sentí por sus pasos que se alejaba, abrí los ojos y pude ver que se dirigió a la nevera. Cuando pasó junto a mí vi que el estado de erección de su enorme falo era imponente. Sacó el bote de la mantequilla y volví a cerrar los ojos para imaginarme mi fantasía. Abrió el bote y noté tras unos breves instantes como su mano ponía un pegote de mantequilla entre mis nalgas, me esperaba una batalla que tenía intención de disfrutar.
Arthur puso la mantequilla por toda la zona que le pareció viable y después aproximó su caliente miembro a la entrada de mi culo. Apreté fuertemente los ojos instintivamente al notar que su enorme cabezón se detenía a la entrada. Noté que se embadurnaba toda su pija con la mantequilla y pude percibir que hacía presión para entrar. Intenté relajarme para facilitar la maniobra y él agarró con sus manos pringosas mis nalgas, hizo presión hacia dentro y en ese momento un enorme cipote caliente se precipitó dentro de mi cavidad anal, ayudado por la lubricación de la mantequilla, las nalgas abiertas y por la presión enorme de Arthur .
-¡Aaaaaaaaahhhhhh! –El grito fue de placer, sí, de placer. Mis esfínAdri s se abrieron para él.
Arthur comenzó a penetrarme enseguida, lo sabía hacer muy bien. Aprovechando su fuerza descomunal, su posición privilegiada de macho dominante y la facilidad que le aportaba mi embadurnado culo comenzó a bombear de tal manera que me corrí en un santiamén. Toda su longitud fálica entraba en mi vientre y toda su longitud fálica salía de él. Los golpes eran tan certeros que apenas se detenía a la entrada.
-¡Aaaaahhh! ¡Aaaaahhhh! ¡Aaaaaaaaahhhh! ¡Por Dios Arthur !
Notaba como de mis muslos caían hilos de líquido viscoso que salían de mi sexo. Este hombre me estaba arrancando un orgasmo bestial. Arthur no pronunciaba palabra, ni sonido alguno, sólo se limitaba a cumplir con su papel de montarme de la única manera que él sabía. Mis manos intentaban agarrarse a cualquier cosa. Me agarré al mantel y lo atraje hacia mí por las convulsiones orgásmicas que tenía. Rápidamente busqué otro asidero más fiable pues el mantel había tirado el plato y el vaso al suelo llenando de cristales rotos toda la zona bajo la mesa. Estiré el brazo y con la mano derecha pude agarrarme a duras penas a un lado de la mesa pues Arthur no dejaba de montarme como un caballo, lo que provocaba que mi cuerpo se balanceara tremendamente a cada empujón de él. Si no conseguía agarrarme con la otra mano perdería el equilibrio y hubiera caído al suelo aunque empalada como estaba dudo que él me hubiera dejado caer. Arthur no dejaba de dar embestidas tremendas en mi culo. Sacaba completamente su pija para meterla completamente de nuevo, el orificio anal no se cerraba, ya que antes de hacerlo ya volvía a tener de nuevo a esa masa fálica entrando con furia. Bombeaba y bombeaba sin parar. La mantequilla ya se deslizaba por mis nalgas y muslos y caía en mis vaqueros. Mis gritos se debían que oír mas allá de la cocina ., yo no los podía disimular. Arthur notó que me estaba saliendo por el lateral de la mesa y optó por una solución salomónica. Me agarró del pelo y tiró para sí con furia. En ese momento no había diferencia entre un jinete y su yegua o Arthur y yo. Me hacía daño pero al menos me sujetaba. Al agarrarme por el pelo y tirar para atrás motivó que sus cabalgaduras fueran más profundas ya que noté claramente como su miembro entraba hasta las profundidades de mi ser. Imagino que sólo sus testículos se frenaban a la entrada de mi culo.
Arthur se agachó ligeramente mientras me sujetaba el pelo fuertemente con su mano derecha. Soltó el cinturón de la pata izquierda de la mesa y después cambiando de mano pero sin soltarme el pelo, repitió la operación con la pata derecha. Toda esta operación sin dejar de penetrarme . De esta forma me quedé con ambas piernas colgando que por inercia intentaron juntarse, pero el miembro de Arthur no permitía que ambas piernas se unieran del todo. Me vi pues obligada a mantener abiertas ambas extremidades para que no me hiciera tanto daño con las embestidas que daba Arthur . Todavía hoy me sorprendo cómo de fácil hacía Arthur estas enculadas sin apenas causar daño. Tras un breve periodo de tiempo, siempre sin dejar de penetrarme a lo bestia, me agarró por la cintura y de pie, con su enorme fuerza, me levantó y me bajó para que mi culo se tragara por completo su pija enrojecida por la batalla. Cada vez que me bajaba sentía como esa cosa entraba en mi interior para saciar mi sed de sexo que al subirme de nuevo deseaba que volviera a bajarme sobre ese palo brioso. Me sentía como una prisionera que está siendo empalada por sus enemigos. Después de un rato tomándome de pie, me desacopló y me colocó sobre la mesa de la salita. Él se subió también y empezó una verdadera lección de gimnasia para mí. Abrió por completo mis piernas y comenzó a tomar mi sexo con brío, provocándome unos espasmos acompañados de suspiros que se oían en el exterior del departamento. Yo de cuatro patas apoyadas mis manos sobre el mantel de la mesa y él embistiéndome con fuerza mientras apoyaba las suyas sobre sus propias rodillas para hacer más cómodas sus embestidas. Arthur sacaba de mí todo lo que yo podía dar.
-¡Aaaaaahhh! ¡aaaaaahhh! ¡siiiiiiiiií! ¡siiiiiiiií! ¡aaaaaaaaaahhhh! ¡asiiiiiiií! –Estaba fuera de mis casillas.
Pasado un rato Arthur se desacopló y me giró haciéndome comprender que me acostara de espalda sobre la mesa. Le obedecí enseguida y acostada de espaldas, con las piernas levantadas y apoyadas sobre mi pecho, mientras él me agarraba fuertemente por los tobillos para mantenerlos totalmente separados, me endilgó su pija por completo en mis entrañas y ahí se mantuvo firme dándome y dándome sin parar mientras yo gritaba de placer. Me cojía por completo mientras me mordía el cuello, sentía dolor pero me gustaba. Él se abalanzaba completamente sobre mi abierto sexo y su pija que momentos antes era la dueña absoluta de mi culo ahora hacía lo que quería de mi sexo.
-¡Aaaaah! ¡aaaaah! ¡aaaaah! ¡aaaaah! ¡aaaaah!. –gemía, suspiraba como una perra.
Él embestía con todas sus fuerzas sin dejar de morderme el cuello. Todo su enorme cuerpo hacía presión a cada embestida sobre mí. Me faltaba la respiración de los orgasmos que me propiciaba Perdí la noción del tiempo. Sólo sentía como me cabalgaba hasta que se corrió en mis entrañas por completo. Su leche, tras desacoplarse con dificultad de mí, salió poco a poco hacia el exterior hasta manchar el mantel Arthur se incorporó, se vistió y se alejó sin despedirse siquiera. Oí a los diez minutos abrirse la puerta , era mi esposo que regresaba y yo aún permanecía tumbada en la mesa con las piernas totalmente abiertas recuperándome de la cojida. Tuve que tomar mis de Arthur .ropas rápidamente e ir al baño ,
Al día siguiente tuvimos una cena, en su hotel , después de una extensa jornada de trabajo, en un momento ya no se por que mi esposo y personal de la conseccionaria se retiraron . Yo cansada casi me caigo y él me tomó fuerte de las manos, lo cual me ayudó para no lastimarme, pero también para juntar mi boca con la suya como era su costumbre sin pedirle permiso. ¿Yo ya entregada a ese macho revolqué mi lengua y lo incentivé con mis manos, Mientras seguía besándome, me tomó de la cintura y me acercó a su cuerpo al punto de que no quedaba ningún rincón entre ambos por donde pudiera pasar siquiera un mínimo haz de luz. Nos besamos apasionadamente, desesperadamente, su aliento era caliente, su respiración estaba agitadísima, pero eso me excitaba aun más. Sus enormes manos se dedicaron a recorrerme por completo, desde la cintura subían por mis brazos, me acariciaban el cuello, me tomaban del cabello con fuerza para presionar más mi boca sobre la de él, era un Arthur algo diferente al de las otras veces, sin perder su salvajismo, se dedicaba mas a acariciar mi cuerpo, , Con desesperación le saqué la camisa y comencé a besar su pecho amplio, fresco, suave. Dejó sus manos a los costados de su cuerpo y se dedicó a sentir mi boca en su pecho, mi lengua saboreando sus tetillas, mis dientes mordiéndolas levemente, mis labios succionándolas hasta sentir sus suspiros de placer, para descender con mi boca por la línea de vello hasta su ombligo y detenerme allí para probarlo, como si de un plato exquisito se tratara, para mojarlo con mi saliva y querer descender más y más. Lentamente le desabroché el cinturón y bajé el cierre de sus pantalones con mis dientes, sintiendo de paso la dureza de su pene contra mis mejillas a través de la tela rústica que lo cubría. Bajé sus pantalones y su pene saltó frente a mis ojos en todo su esplendor, majestuoso, invitándome a probarlo, a cuidarlo entre mis manos. Lo tomé delicadamente y comencé a lamerlo, despacio, sin apuro, tratando de prolongar ese momento sublime por horas. Mi boca lo cobijó por completo, lo guardé dentro, lo chupaba centímetro a centímetro de piel, mis manos lo sujetaban porque estaba tan duro, tan enhiesto que solo tendía a elevarse y querer salir de mi dominio. Arthur solo presionaba mi cabeza levemente, tomándome de la nuca, empujando sus caderas hacia mi boca y suspirando, con sus bellos ojos negros cerrados, prolongando cada caricia de mi lengua sobre su miembro. Lo apoyé sobre su vientre, lo lamí desde la base hasta la punta, sus testículos hervían y fueron aliviados por mi boca, al colocar cada uno de ellos entre mis labios para poder succionarlos, para poder paladear su sabor. -Sos maravillosa-, decía entre suspiros, no te detengas............. -. Y no lo hice, metí y saqué su miembro de mi boca tantas veces como este latía, tantas veces como su punta iba soltando pequeñas gotas de líquido que me indicaban que estaba a pleno goce, que no tardaría mucho en sobrevenir un bello orgasmo que me daría la posibilidad de saborear toda la leche que allí hubiera. Soltando mi cabeza, Arthur me quitó mi blusa por sobre mis hombros, dejando mi pecho al descubierto y tratando de acariciar mis senos desde su altura, por sobre mi sotén . Como prólogo al primer orgasmo de mi gerente, saqué su pene de mi boca y lo coloqué entre mis senos, lo dejé descansar allí mientras me quitaba el sotén y comencé a deslizar su pene sobre ellos, rocé su punta sobre cada uno de mis pezones hasta sentir que se endurecían y lo encerré entre los dos, haciendo que él se moviera con sus caderas hasta que soltó un chorro de semen caliente que se derramó sobre ambos y esparcí con mis manos por sobre mis pezones, lo llevé a mi boca y saboreé su leche con gran deleite. -Me fascina tu semen..... Es rico, muy rico...-, -Déjame ver que tenés para mí-, dijo mirándome fijamente. Me levantó del suelo, me colocó frente a él y me acarició profundamente, sus amplias manos parecían que me recorrían en segundos, me desvestía a la par que me acariciaba y cuando me tuvo completamente desnuda frente a él, me dio vuelta y me apoyó su pecho en mi espalda, pasó sus manos por delante de mi cuerpo, me acarició de arriba a abajo y cerró sus palmas sobre mis pechos mientras me obligaba a mover las caderas al compas de las suyas, provocando en cada movimiento que su pene chocara desde atrás con mis muslos.
Esta vez con mas dedicación, a parte de cojerme ,parecía deleitarse con mi buen cuerpo.
Estaba teniendo una nueva erección, estaba sintiendo como su miembro nuevamente se hinchaba con el roce de mis nalgas, de mis muslos, como pugnaba por meterse entre ellos. Después de dejarme los pechos ardiendo y los pezones hinchados y erectos, sus manos bajaron y me separaron las piernas, me acariciaba la cara interna de mis muslos con una fuerza impresionante, empujaba mis caderas hacia atrás y guiaba mis manos para que pudiera tomarle su pene. Cuando lo tomé, me guiaba para que con él me acariciara los labios de la vagina y yo sentía como eso iba sacando mi flujo y lo mojaba, lo hacía más resbaladizo, pero más cálido. Me estaba enloqueciendo con sus manos, con las mías, con sus besos en mi cuello, con su pene acariciándome desde atrás, con uno de sus dedos que logro entrar en mi vagina sin problemas, porque yo estaba muy excitada, muy caliente y quería más y más y más. Como si un demonio se hubiera apoderado de Arthur , me colocó sobre el apoyabrazos del sillón y después de abrir mis piernas al máximo, metió su pene en mi vagina desde atrás, logrando que un grito de placer me recorriera las entrañas y saliera sin control por mi garganta. Entró y salió de mí tantas veces, tomando mis caderas con sus manos y presionando hacia su ingle, que creía que me iba a morir allí mismo, la sensación de sus embestidas sumada a la de mis pechos bamboleándose y friccionando el cuero del sillón, era indescriptible. El ruido de nuestros cuerpos chocando y el olor de mi flujo saliendo de mi vagina a granel llenaban la oficina de una forma terrible, los jadeos cada vez más fuertes de él me ponían a mil, sus palabras diciéndome que hacía rato que no cogía de esa forma, me daban valor para darle más y más, para dejarlo más y más satisfecho y a su vez, lograr el mayor placer en esa situación. Estaba sintiendo que ese pene dentro de mi vagina me estaba llevando a la gloria, pero sabía que Arthur iría por más y no me equivoqué. Después del orgasmo que sobrevino con su poronga dentro de mi vagina, se dedicó a dar una y mil vueltas con la cabeza de su pene por el borde del agujero de mi culito, que ya estaba mojado y latiendo. Rozó y rozó la entrada hasta que lo metió, hasta que su tremendo pene me atravesó las entrañas, hasta que me obligaba a moverme a su ritmo, dándome la sensación de que me iba a quedar sin aire ,pero llena, completa, feliz de esa cogida fenomenal, la cual se vio coronada por un chorro de semen imponente dentro de mi culo, que se deslizó por dentro y por fuera, cayendo por mis nalgas y la parte trasera de mis piernas. Cuando lo sacó, sentí que su erección no había disminuido aunque su leche hubiera salido así que se sentó en el sillón y me ubicó de espaldas a él para que me sentara sobre su miembro. Al hacerlo sentí que mi vagina lo engullía por completo, lo ubiqué con mi mano y entró a fondo y empezó una cabalgata de gemidos y entradas y salidas gloriosa. Sus manos en mis caderas me levantaban, me sostenían segundos en el aire y me dejaban caer fuertemente, logrando que me diera la sensación de que su pene me iba a atravesar de lado a lado, pero no había dolor sino el más puro deseo de seguir moviéndome con él adentro. Dejé caer mi espalda sobre su pecho para poder así abrir bien mis piernas y mientras su pene seguía entrando y saliendo, sus manos abrieron los labios de mi vagina y llegaron a mi clítoris, que necesitaba miles de dedos que lo rozaran y miles de lenguas que lo lamieran. Me levanté dejando su pene erecto y me acomodé con mi boca sobre él y le coloqué mi vagina a la altura de su boca, nos complementábamos perfectamente bien hasta en ese 69 que me dejó exhausta, su lengua era bien aspera y se encargó de lamerme y cogerme con ella tantas veces como yo pude colocar mi pene entero dentro de mi boca. Fue un orgasmo amplio, generoso, húmedo, terminamos los dos empapados, transpirados, mi boca llena de su semen y la suya, llena de mis flujos. -Esto ha sido único.... ¡¡¡¡Sos sensacional!!! Me encantó, me encantó!!!-, -Verdad que ¿si?-, me respondió sonriéndome con esos ojazos negros llenos de deseo...
Bueno fue sensacional, terminamos tan ajustados de tiempo , que al oir que el ascensor venía hacia la puerta de ingreso, corrí con mis prendas al baño, Arthur tomó mi tanga y me dijo, no querida esta prenda me la quedo yo y fui al baño a acomodarme.
Al regresar estaban todos observando detalles técnicos en los papeles, por suerte Arthur que se dio cuenta mi turbación ( estaba sin tanguitas, estaba nerviosa aunque fuese difícil adivinarlo ), delante de el resto, me hizo sentarme a su lado con la excusa que debía hacerme unas preguntas para que se las hiciera al grupo. Terminó la noche de trabajo, regresé a casa con mi esposo.
No supe más de él y ahora había desaparecido, para mi esposo había sido un mal negocio, para mi el gran macho de mi vida
onas que deseen saber mas de esta aventura o de otras cosas de mi vida pueden contactarse conmigo a adrianafuertes31@yahoo.com.ar