Soy desprejuiciada en el sexo, muy atractiva físicamente y agradable y eso fueron los motivos que enamoraron a Carlos Alberto, mi marido, . Soy vendedora de mini tour de àlceres y turismo , salidas para festejar las lunas de miel, aniversarios o lo que fuese , aquella mañana debía citarme con un maduro que andaba por adquirirme un paquete turístico para festejar sus 20 años de casado.
Uso siempre mi cabello castaño recogido en una cola de caballo, un maquillaje suave y ese como suele ser mi costumbre no usaba soutien. La verdad es que no me es necesario porque tengo unos tetas firmes que no necesitaban ser sostenidos por nada, lo se, me gusto así y lo sé explotar , me gusta que me miren los hombres.
Me puse una minifalda azul de lanilla, un blazer haciendo juego y un sweater de cuello alto color blanco. De mas esta aclarar que no tenia pensado usar soutien asi que me puse un camperita de algodón con cierre Ya en el taxi observé la cara del chofer en cuanto subí y acomodé mis piernas enfundadas en un par de botas negras que me hacían mas alta y estilizada. Ese dato simple y sencillo, le dio la pauta de que iba a causar un efecto agradable en quien la viera, y sabía que a mi futuro cliente debía seducirlo un poco para ablandar su billetera.
No pude con mi deseo de medir los que solía causar en los hombres y me bajé el cierre de la campera lo que hizo que el taxista, al notarlo, entornara los ojos y yo pudiese adivinar lo que pensaba. La realidad es que la imagen de aquel fornido mirándome a traves del espejito retrovisor me excitó un poco y hasta pensé en coquetear un poco, como entretenimiento y preámbulo Cuando llegué a destino y extendí su mano para pagar , las manos del taxista rozaron las mías y la voz gruesa de élm me motivaron más.
Entré en el bar , el lugar donde habíamos quedado era elegante, un bar de un gran hotel, y me senté en una d el smesaitas que staban a a vista de todos pedí un café y una vez acomodada me crucé de piernas. Increíble el resultado que tuve , me convertí en el centro de todas las miradas.
Los hombres me desnudaban, me devoraban con los ojos:
glúteos, tetas , muslos… todo era intensamente mirado y,
puede que valorado y tasado.
En un momento me asusté un poco pues recordé donde estaba y quizás algunos hombres pensaban que yo era una
Prostituta VIP, una escort o acompañante que “promocionaba sus encantos ”.Miré la hora y me puse nerviosa por que mi cliente no llegab .Seguí el juego para que el tiempo pasar más rápidamente . Miré descarada e insinuante a aquellos hombres con cierta sutilezas de inocencia.
Entonces descubrí que algunos de ellos estaban tan bien que
no me hubiera importado tener allí mismo una relación casual.
En eso se me acercó un hombre maduro y me pregunta: Trabajando
Intuitivamente le respondí :-Si, sin mediar en lo que él podía interpretar , el tipo se me sentó al lado, elogió mi perfume, mi silueta, mis labios todo y me dijo :necesito una acompañante , por la mañana y un almuerzo, ¿ estás disponible ?, ahí sonreí y me di cuenta de lo que él se imaginaba y me reí un rato .el extrañado me dijo ¿ que hay en mi que te causa risa?
Le aclaré que habia sido yo quien quizás había sido poca explícita, le conté que estaba aguardando a mi cliente pero que no er mi target el ser acompañante.
En eso sonó mi celular ya la tenderlo salió la voz alta de mi cliente poniendo una escusa para decir que no podía venir al encuentro y que debía posponerlo para otra ocasión .Puse cara de disgusto y le conteste que fijaramos otro encuentro.
Mi disgusto radicaba en que necesitaba el dinero de la comisión y sin venta no había ingreso y estaba pasando una estrechez económica preocupante.
En eso mi acompañante ocasional, el Señor Marcos Humberto Donofrio, según se me presentara mse preocupa por la cara que puse y me dreitera, :-mira no pienses mal, soy del interior viudm hace dos años y veno una sreuniones de mi empreza donde lamayoría asiste acompañado d e sus esposas, novias , amantes, secretarias, lo que fuese, yo simplemente quiero que me acompañes y si puedes decir que eres mi novia. Lo necesito para dejar de ser el centro del rumor e integrarme mejor a es e
grupo y sus conductas sociales, es una questión de marketing social si se quiere ¿ entiendes?
-Puedo pagarte bien por la atención , dime tú el precio
Dudé mucho, temía que la cosa se pusiera pesada luego, pero en fin lo que contaba , su acento provinciano , le respondí que jamas había hecho algo así, pero si el se arriesgaba , lo aceptaría por 400 dolares, una cifra importante en ese momento.
El me miró y me dijo das bien para lo que necesito trato, enseguida me dio el dinero y me empezó a contar de él, donde vivía , su empresa y otras cosas, datos que yo debía manejar si quería representar el papel de novia. Hasta me invitó a ir a caminar y en un shoping me compró un blazer estilo secretaria mas adecuado que la campera que yo llevaba que dejamos en el hotel y salimos al almuerzo.
El almuerzo se prolongó yo causé buena impresión y varios hombres me echaron esa mirada que te desnudan y te hacen notar que te desean.
Mas de uno a pesar de haber sido presentada como la novia de
Marcos Humberto Donofrio, cuando tuvieron alguna oportunidad me tiraron alguna propuesta y su tarjeta personal con su email y número de celular.
Todo me predispuso muy bien y al retirarnos recibi muchísimos halagos , en el taxi de regreso al hotel, el me felicitó, al oído me dijo que había estado magnífica . Marcos debía espera unas cuatro horas para marcharse al aeropuerto en su habitación y me propuso que lo acompañara a la habitación para hacerle mas breve la espera y para eso me dio otros 500 dólares por todas mis molestias.
Al llegar subimos a su habitación y pidió una botella de champagne y bebimos mieras yo me cambiaba ya rreglaba un poc , el me acos´so en el baño y diciendome al oído
-¡Te quiero poseer!-y eso quizás debido a todo lo acontecido , a al bebida ya que el me gustaba , empezó a encenderme , no me avergonzaba que me hablara así, sólo me excitaba.
La boca de mi cliente descendía por mi cuello, su lengua se había convertido en una suave pluma que me recorría el pecho y dejaba a su paso caricias de fuego;
Sus manos habían quitado mi saco y mis blusa muy lentamente y mis lolas había quedado expuesto a sus ojos, sus dedos y su boca. Dedicó a besarme cada uno de mis tetas, a encerrarlas entre sus manos una a una y quedarse un buen rato besándolas, lamiéndolas, tocando con la yema de sus dedos mis pezones, recorriendo el contorno y pellizcando el centro para después hacer lo mismo con su lengua.
Jamás había sentido la dureza que podían alcanzar, ni siquiera cuando me excitaba viendo películas subidas de tono. Sentía que el extremo de mis tetas quemaba y que sólo calmaría ese fuego su boca, su saliva, el contacto de su dura lengua al acariciarlos, al besarlos, al succionarlos como lo hacía. Mi espalda no podía dejar de arquearse y elevarse hacia él, mis caderas seguían soldadas a las suyas y su erección me quemaba, no veía el momento de poder quedar libre de toda esa ropa y poder sentir de una vez por todas todo el esplendor de su cuerpo contra el mío y ofrecerle la pasión que me estaba matando.
Mientras él seguía dedicado a mis tetas, comencé a quitarle la camisa y mis manos así vagaban por su espalda, sintiendo la suavidad de su piel, esa piel que me fascinaba, sintiendo sus músculos tensos, duros, listos para dejar que su cuerpo se amoldara perfectamente al mío. Acaricié su espalda en círculos, subí y bajé por sus hombros, descendí un poquito con mi boca para poder besarle su pecho y me entretuve mordiendo levemente sus tetillas y así escuchar como aumentaban sus leves gemidos hasta convertirse en profundas exhalaciones de placer.
Alternaba los mordisquitos con caricias de mi lengua en ellos, los endurecí, los retuve entre mis labios y los solté hasta que los sentí duros como los míos, fui de uno a otro, me entretuve enloqueciéndolo así y no podía creer que fuera capaz de esas cosas, cosas que mi instinto me dictaba, cosas que jamás me había enseñado nadie, pero que a Marcos parecía enloquecerlo porque se arqueaba hacia mi boca con desesperación y seguía gimiendo.
No pronunciábamos palabra, nos dejábamos llevar por las sensaciones y los únicos sonidos que se escuchaban en la habitación eran los de nuestros besos y nuestros gemidos. Mientras seguía besándome sus manos comenzaron a acariciarme las piernas, la cara interna de los muslos y llegó a mi entrepierna.
Separó mis muslos delicadamente, aún con mis botas puestas, abrió la palma de su mano y me acariciaba por encima de la tela de mi mini con su mano abierta, pasaba su palma de arriba hacia abajo, encerraba mi vagina en su mano y apretaba delicadamente viendo como mis ojos se humedecían más y más al sentir esa descarga eléctrica que significaba la mano de un hombre en ese rincón hasta ahora. Su propósito era calentarme al extremo, que yo llegara al delirio con sus caricias, que me dejara lista para todo lo que vendría después, parecíamos no tener límite de tiempo .
Estábamos consumidos de deseo y yo no daba más, estallaba ante cada movimiento de él, no creía que el cuerpo fuera capaz de dar tanto placer junto. -¡¡¡Desnudame , por favor!!!-, no podía dejar de decírselo, necesitaba sentir la piel de su mano junto a la piel de mi vagina, no quería más que eso.
Sentí como se sonreía ante mi pedido e inmediatamente lo hizo, bajo el cierre de mi mini y rápidamente la deslizó por mis piernas, quedando frente a sus ojos sólo en tanguita . Las mismas caricias que me había hecho hace instantes, las repitió por sobre la tanguita , con la diferencia de que ahora sus dedos se hundían en la carne de mi concha , sentía como sus uñas cortísimas me arañaban muy despacio, como presionaba con la punta de sus dedos tratando de meterse en ella, pero no, sólo seguía excitándome.
-¡¡Estás mojada!!-, decía suavemente, casi susurrándome y era cierto, hacía rato que había sentido como me estaba humedeciendo y ahora él lo podía comprobar al sentir la humedad por encima de la tela de mi ropa interior.-¡Te deseo tanto!, ¡Te deseo tanto!-, repetía mi boca una y otra vez en sus oídos. El mismo camino que habían hecho sus manos ahora lo estaba haciendo su boca, con lo cual, en menos de dos minutos, sus labios estaban besando la entrada de mi vagina, siempre sobre mi ropa interior.
Sentía cómo me olía, como aspiraba mi excitación, como su lengua rozaba la tela húmeda y yo creía que no aguantaría más, pero quedaba tanto por delante que me parecía una eternidad. Sus manos descendieron hacia mi vagina, la acariciaron, la moldearon, sus dedos separaron los labios de mi vagina y se humedecieron con mis líquidos.
El dedo índice de mi amante por dinero se empapó de mi flujo y recorrió internamente mi vagina, fue y vino, fue y vino, la aprendió de memoria hasta que suave y lentamente lo metió, abriendo camino dentro de mí, lo metió y lo sacó tiernamente, excitándome aun más si cabía. Ante cada arremetida de su dedo dentro de mí, mi cuerpo se elevaba hacia el cielo, sentirlo allí era una delicia y Marcos gozaba viendo mi cara y escuchando mis gemidos.
-¡Bésame! ¡Quiero que me beses ahí!-. Ese era uno de sus deseos más profundos que tenía,
Me estaba enloqueciendo y eso parecía darle más placer a él, más del que me estaba dando a mí, estaba dispuesto a que ese momento fuera completamente inolvidable para mí y lo estaba logrando. Yo sentía como me penetraba con su lengua, como la dejaba entrar y salir despacio, prolongando mi delirio, dejando que su aliento me cubriera y podía sentir como su respiración caliente me inundaba y yo respondía mojándome más y más, desde mi lugar podía sentir mi propio aroma de mujer escapándose y llenando el living de la cabaña, ese mismo aroma que me excitaba tanto a mí como a él.
Su lengua me enloquecía, la acompañaba con sus dedos, era fascinante, me hacía notar que hacer el amor era mucho más que una simple penetración, que había miles de formas de alcanzar el delirio y la boca y los dedos de mi cliente me estaban arrastrando al borde del éxtasis.
Pero yo quería darle algo más que caricias, quería sentir que su hombría se vería satisfecha también conmigo. Lo alejé de mi entrepierna y así, con su boca llena de mí, empapada de mi flujo, lo atraje hacia mi boca, lo besé con pasión, supe lo que era mi propio sabor, lo que se sentía al tener mi flujo entre sus labios, el sabor agridulce de mi interior, dejé vagar mi lengua entre sus labios, metí mi lengua dentro de su boca y recorrí su paladar, batallé con la de él, absorbí la punta de su lengua con mis labios y dejaba mi aliento a cada paso, quería bebérmelo de una sola vez, hacerlo mío por completo.
Le mordí levemente los lóbulos de las orejas, metí la punta de mi lengua dentro de ellas y suspiré pesadamente en su interior, sintiendo como su cuerpo se arqueaba contra el mío al sentir la calidez de mi respiración; Bajé con mi boca por su pecho, repetí la operación de morder y succionar sus tetillas, arrastré mi lengua por su pecho, dejándole una estela de saliva hasta llegar a su ombligo, donde me detuve acariciándolo en círculos y apoyé mis mejillas en su entrepierna, donde advertí que su excitación era enorme.
Acaricié su entrepierna con los pantalones puestos, mis manos fueron y vinieron por encima de la rústica tela que cubría ese tesoro que estaba duro, hinchado, inflamado de deseo. Acerqué mi boca y besé levemente la zona y con mis dientes fui bajando lenta, pero cuidadosamente el cierre que lo atrapaba.
Ayudada por mis manos, logré bajar los pantalones y al liberar su prisión, sentí que él suspiraba aliviado y ahora se dedicaba a gemir cada vez que sentía como mi boca subía y bajaba por sus muslos.
Era difícil creer que yo nunca hubiera tenido relaciones con nadie por dinero, por como me estaba comportando.
No podía dejar de admirar su poronga , de tomarla delicadamente entre mis manos y darle pequeños besos como suspiros, de ver la cara de placer de mi cliente al sentir como lo besaba, como mi boca quería enloquecerlo y lo besaba, dejaba que mi lengua descansara sobre la punta rosada y húmeda de su pene, que lo recorriera a lo largo, descendía hasta sus testículos, los lamía.
Llené de saliva toda la zona, no dejé de lamerlo un solo instante, lo tomé firmemente entre mis manos y dejé que su punta húmeda recorriera mis labios, en un arrebato de pasión lo metí completo en mi boca y la pelvis de Marcos se elevó al cielo, permitiendo así que su ìja se metiera más aun dentro de mi paladar, sentía que me llegaba hasta la garganta y crecía dentro y eso hizo que una corriente eléctrica me recorriera el cuerpo y solo consiguió liberar más pasión y más instinto, con lo cual metí y saqué su pene frenéticamente de entre mis labios, escuchando que él me pedía más y más, que elevaba su torso para poder ver mi boca llena de su pene, para poder ver mi expresión lamiéndolo, comiéndolo entero, engulléndolo.
Me deslicé hacia arriba un poco, justo para que mis pezones quedaran a la altura de su pene y con mis manos lo refregué sobre cada uno de mis tetas para que cada centímetro de mi piel entrara en contacto con la de él, para seguir aumentando esa calentura que nos consumía a los dos.
El aire estaba denso, ardiente, el aroma a sexo inundaba cada rincón, la cama se hundía más y más, pero nada importaba, excepto nosotros dos y ese momento glorioso. Marcos me separó de él y sin dejar de besarme, me colocó nuevamente de espaldas en el sillón para poder dejarme gozar de él dentro de mí, al fin sabría lo que era ser penetrada con pasión, con delirio. -¿Estás lista?-, -¡Sí, por favor, sí!-. Abrió mis piernas delicadamente con sus manos y las elevó tanto como para poder facilitar la penetración y causarme el menor dolor posible;
Colocó la punta de su pene sobre los labios de mi vagina, acarició la zona con él y de una sola vez, dejó que se deslizara dentro, de un solo y seco empujón se metió en mí, abriéndose camino, desvirgándome, dejándome su sello para siempre.
El empujón me arrancó un pequeño quejido, pero rápidamente dejó paso a la sensación de querer retenerlo dentro, de no querer que me abandonara, dejé que mi instinto me guiara una vez más y comencé a moverme, a seguir el ritmo de sus embestidas, de sus entradas y salidas. -¡¡Me gusta, Marcos, me gusta mucho!!... Hummm, ¡¡¡sí!!!-. Escuchaba su voz gutural suspirando y moviéndose dentro de mí.
Sentir su miembro friccionando las paredes de mi vagina ante cada entrada y salida me enloquecía, el ruido de mi flujo absorbiendo su miembro era delicioso, sentía que dentro de mi vagina había zonas que su pene rozaba que me estaba enloqueciendo. Marcos con sus manos separaba más y más mis piernas, elevaba mis caderas hacia él y me penetraba más y más. Instintivamente coloqué mis piernas alrededor de su cintura y ese movimiento me dio más placer.
Sin saberlo, contraje naturalmente los músculos internos de mi vagina y encerré dentro de mí el pene de mi cliente y parece que eso lo transportó, porque escuché que me decía que eso le fascinaba, que no lo dejara salir, que lo apretara más y así hice, encerré su pene cada vez más, dificultando así las salidas y las entradas, para que el roce fuera más intenso.
Cada vez que el sacaba su pene para acariciar mi clítoris con su punta, sentía que miles de rayos me atravesaban el cuerpo y le pedía que volviera a meterlo, que me llenara cada rincón. En un momento lo sacó y sentía que lo ubicaba en la entrada de mi culo...
Me asustó la idea de que me penetrara por ahí, jamás creí que fuera a hacerlo, pero no me atreví a detenerlo porque lo sentía excitadísimo y tenía miedo de que me abandonara al sentirse rechazado así que lo dejé hacer, con la promesa interna de que si me dolía mucho se lo haría saber. ¡¡¡¡Qué placer mezclado con dolor fue sentirlo dentro de mi culo!!!!
Hizo lo mismo que antes, excitó la zona con su punta y cuando me quise dar cuenta, estaba dentro, bombeando, follándome sin piedad, entrando y saliendo por ese agujero estrecho, pero casi tanto o más placentero que el tradicional. Iba de un lado al otro sin miramientos, solo perseguía más y más placer.
El calor de la hoguera y el de nuestros cuerpos hacía que ambos estuviéramos sudadísimos y era una delicia sentir la piel de Marcos mojada de calor y placer, sentir como ambos cuerpos resbalaban al contacto, cómo el esfuerzo nos excitaba y nuestros gemidos nos llevaban más allá del éxtasis.
Su boca dedicaba los besos y los mordiscos más tiernos a mis tetas, sus manos separaban mis piernas y las mías masajeaban su espalda, palpando la tensión de cada músculo. Yo sentía que oleadas de calor subían y bajaban desde mi frente hasta mi vagina, como si estuviera en medio de una marejada, como sí flotara en agua caliente, me dejaba llevar por sus movimientos y los golpes de su pelvis contra la mía.
Cuando ninguno de los dos pudo más, cuando el estallido era inevitable, Marcos sacó su pene de mi vagina y estaba dispuesto a terminar sobre mi vientre cuando de pronto, sin saber cómo, me encontré con su pene entre mis manos, queriendo beberme su semen sin vergüenza, sin pudor, sólo por el mero hecho de darle el último segundo de placer, en agradecimiento a todo lo que el había hecho por mí.
Así, sin más ni más, coloqué nuevamente su pene dentro de mi boca y solamente acariciando su punta con mi lengua, logré que su semen se esparciera por mi paladar y el contacto de su leche con mi lengua me llevó a un orgasmo increíble, al mismo que llego él, al mismo que compartimos los dos mirándonos a los ojos profundamente.
Nos quedamos acostados, abrazados y satisfechos.
Él, por haber disfrutado de una jornada de sexo increíble, tal vez una de las tantas que había tenido a lo largo de su vida. Yo, porque al fin conocía lo que era el sexo por dinero.
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