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Mi aventura de mujer infiel

 

Tengo 41  años, un hijo de 15 años y una nena de 12 años , mi esposo trabaja en el interior del país de miércoles a sábados por la noche , así que pasó mucho tiempo sola, aburrida y me sentía abandonada, no quería pasarme la vida para educar a mis dos hermosos hijos, Facu Y Agu.

Sentía que poco a poco se me iba yendo la vida aunque soy muy joven todavía, pero a pesar de eso necesitaba un apoyo siempre estaba a 570 km De mi casa.  Comencé a frecuentar Internet, de lo que confieso soy una novata y casi sin darme cuenta me encontré al poco tiempo contándoles mi vida a todos los amigos y amigas que encontré en los chats. El paso siguiente fue hacerme con una lista de amigos y amigas en el Messenger y así fue como trabé especial amistad con un cateador de esos que saben decir las cosas con delicadeza y saben escuchar, también es verdad que habían otros que sólo buscaban sexo y hablaban de forma soez.

Este amigo en particular se llamaba Pablo y después de tres meses chateando a diario con él comenzamos a vernos. Yo le confesaba mis problemas, después mis gustos y por último mis deseos. Pasado un tiempo Pablo y yo concertamos una cita y quedamos en vernos en una cafetería de un pueblo distante unos veinte kilómetros de mi barrio porteño. El sitio fue rebuscado para evitar sorpresas innecesarias de alguien que pudiera vernos. A Pablo sólo le había visto por fotos que nos enviábamos a través del chat, aunque yo había puesto más de una vez la cam para él, nunca fue recíproco, alegando problemas técnicos y cosas así. De manera que yo sólo le conocía por fotos y él me conocía por cam. Debo decir que las últimas conversaciones con él eran más propias de un amante que de un amigo pues las connotaciones sexuales copaban la mayor parte de la conversación.

Decidimos vernos en  aquel lugar para nuestro primer encuentro y así lo hice. Cuando yo llegué observé a mí alrededor y me senté junto a una mesita discretamente situada al fondo, lejos de la puerta. Él estaba allí aunque no lo reconocí entre los clientes que se encontraban en ese momento dentro, pero pasados unos minutos un señor canoso de unos cincuenta y pico de años, bien vestido con traje y corbata y muy apuesto se presentó ante mí.

-¿Claudia? –Me preguntó-

-¿Pablo? –Le pregunté también yo. Me llevé una sorpresa pues siempre había creído que Pablo era un chico de treinta y pico de años, ahora entendía por qué no ponía la cam, fui una ingenua y este era el resultado de mi estúpida ingenuidad.

Se sentó a mi lado y pedimos dos cafés, estaba muy nerviosa y aturdida por la desilusión que me había llevado. Él comenzó a decirme que lo sentía pero que era consciente de que si mostraba su rostro por la cam yo le rechazaría y que prefería darse a conocer en persona y mostrar todo su encanto como persona y como amigo. Estuvimos hablando cerca de una hora donde poco a poco aquel hombre de mediana edad que casi doblaba la mía mostró una faceta que no conocía de él, era extremadamente culto, hablador, simpático, caballeroso, galán. Era además empresario según me confesó y quería tener una relación conmigo. Nos separaba a ambos el que los dos estábamos casados. Pablo conocía todo lo relacionado con mi matrimonio, y cuando digo todo era todo, pues en las conversaciones por internet había explicado hasta lo más íntimo de mi matrimonio, mis gustos, mis fantasías, como lo hacía con mi marido, etc. etc. De él no conocía casi nada sólo algún boceto de su vida narrada por él mismo, no tenía forma de saber el grado de sinceridad de sus confesiones. Sabía por él que su matrimonio era un hastío de dos personas que se soportaban por puro protocolo, al menos es lo que me había dicho.

A la hora de despedirnos mi desencanto del principio pasó a ser justo lo contrario, me sentí agradablemente con él, me reía de sus ocurrencias y me gustaban sus halagos y atenciones. Pablo me propuso dar una vuelta en su coche que nadie conocía por allí y traerme de vuelta antes de una hora. Yo por mi parte disponía de tres horas antes de que pudiera terminar mi excusa y levantar sospechas, supuestamente había ido de compras a un centro comercial cercano. Acepté el ofrecimiento de Pablo y me subí con él a su coche, debo decir que algo nerviosa aunque no temerosa, ya que me sentía protegida por él. Pablo arrancó su coche y salimos , al poco tiempo Pablo que no paraba de hablar y hablar se desvió por un  camino poco transitado y circulamos durante un cuarto de hora más o menos, no dije nada aunque me sentí incomoda por eso. Llegamos un descampado donde había unos caballos pastando y a lo lejos un pequeño arroyo  que serpenteaba con árboles en ambas orillas. Paró su flamante coche cerca de un discreto montículo que lo dejaba casi oculto de cualquier mirada indiscreta, salvo los propios caballos que distaban unos quinientos metros de allí, y se giró hacia mí.

-¿Nerviosa Claudia? –preguntó.

-¡No! –respondí.

La proximidad de Pablo y el lugar me pusieron muy nerviosa, él hablaba y hablaba y yo sólo tenía en mente que estaba en un descampado, con un casi extraño a escondidas de mi marido. El estomago era un hormiguero de los nervios que estaba pasando, oía la voz de Pablo en la lejanía de mi mente, a pesar de que estaba a escasos 30 centímetros de mi cara. De repente un beso en mi boca me hizo despertar de aquel mal sueño. Pablo se había acercado a mí y me había besado de forma espontánea, me sorprendí pero no lo rechacé, él debió entender que era correspondido y alargó su mano para agarrar mi cuello y atraerme hacia él con fuerza y de nuevo su boca se colocó en la mía y comenzó a besarme con frenesí mientras su lengua buscaba precipitadamente la mía. No solamente no hice nada sino que esta vez le correspondí y me lancé hacía él para besarlo ávida de deseo. Nos besamos como dos adolescentes y pasado un rato Pablo hurgaba con su mano bajo mi blusa en busca de mis pechos. Me desabrochó la blusa blanca que llevaba y su mano se agarró a mis pechos con violencia, yo por el contrario busqué su miembro entre la cremallera del pantalón y sobé despacio su dilatado miembro, metí la mano dentro de su bragueta y después se la saqué fuera de sus interiores, estaba dilatadísima, parecía que quería explotar. Decidimos salir fuera para tener más espacio y así lo hicimos. Una vez fuera Pablo volvió a besarme violentamente y tras empujarme hacia el capó del coche sacó mis pechos del sujetador y comenzó a besarlos con furia. Estaba fuera de mí, no me reconocía. Al poco mi impaciente amigo comenzó a desabrocharme el pantalón vaquero y una vez conseguido me los bajó de un tirón hasta las rodillas, acto seguido bajó mi tanguita, todo ello sin dejar de besarme lujuriosamente en la boca.

Pablo metió su mano entre mis piernas y comenzó a sobar mi sexo de forma violenta, no obstante después se relajó y trabajó de forma más deliciosa mi henchido y lubricado sexo. Empecé a soltarle el cinto de su pantalón sin dejar de separar nuestras bocas, sus pantalones cayeron a los tobillos y después hice lo mismo con sus interiores, se los bajé hasta las rodillas primero y hasta los tobillos después, como tuve que soltarme de su boca para hacer esta operación pude observar que su miembro si bien no era excesivamente largo tenía una forma casi graciosa, pues se curvaba hacia la derecha de una manera muy pronunciada, lo cual le daba el aspecto de una lanzadera. Mi cara casi rozó su pija al inclinarme para bajar sus interiores, así que aproveché y le lamí su miembro con deleite, después me lo metí en la boca y lo apreté con fuerza, mientras tanto me tragaba mi propia saliva mezclada con sus jugos seminales. Él me estrujó por el pelo atrayéndome hacia su miembro y yo le regalé la mejor mamada que he hecho en mi vida, ni siquiera con mi marido he sido tan consumada  mamada. ¿Sería quizás por la novedad y la fascinación de lo nuevo?

Después de unos minutos jugando con su pija a placer, me levantó y terminó de bajar mis vaqueros ajustados hasta los tobillos, se apretó hacia mí y su miembro rozó mi sexo, sentí un espasmo de ganas que tenía de ser penetrada. Torpemente Pablo insistió en penetrarme de pie, pero no lo conseguía pues a sus ganas y prisas se unió el que el pantalón ajustado a los tobillos impedía que pudiera abrir las piernas como es debido. Pablo intentó entonces sacar los pantalones por completo pero eran tan ajustados que no pudo sacarlos, ni siquiera fue capaz de sacarme los zapatos de tacones que se habían enredado entre los pantalones. Desistió del intento y optó por lo más fácil, teniendo en cuenta su altura y la mía, me levantaron en volandas y me apoyó sobre el capó de su coche, me alzó las piernas mientras él se apoyaba sobre mi sexo y tras buscar el orificio largamente deseado se acopló sin dificultad. El resto sólo fue embestir y embestir mientras resoplaba sobre mí, su cara aparecía en el espacio que dejaba ver mis pantalones a la altura de los tobillos. Pablo me penetraba con violencia y yo le deseaba como nunca, bombeaba, bombeaba sin parar mientras mis jadeos se oían en la lejanía. Mis piernas levantadas por encima de su cabeza dejaban mis nalgas a merced de él.

Noté que se iba a correr y comencé a decirle que no entrecortadamente debido al orgasmo que estaba teniendo al mismo tiempo.

-¡No!,¡No!, ¡No! –le gritaba para que no se corriera dentro.

-¡Toma, toma! –me decía él sin obedecer a mis ruegos.

Pasado unos minutos noté que aflojó sus embestidas y por mi orificio anal noté el líquido que resbalaba hacía el capó del coche, prueba inequívoca de lo que había ocurrido momentos antes. Pablo se había corrido dentro de mí.

Después de un tiempo viéndonos a escondidas Pablo y yo, en lo que siempre eran encuentros fugaces y calientes (apenas disponíamos de tiempo para hablar), a decir verdad, Pablo no iba a esos encuentros conmigo para hablar ciertamente, decidimos de común acuerdo buscarnos un nidito de amor donde dar rienda suelta a nuestras pasiones. Hasta ese momento los encuentros eran al aire libre, en su coche, siempre en su coche, eran encuentros siempre de la misma manera, y fueron unas tres o cuatro veces. El modus operandis era el siguiente, quedábamos en un bar o cafetería de ruta, nunca era la misma para no dejar ningún tipo de pistas, me subía a su coche y nos dirigíamos a un solitario descampado lejos de la ruta, en algún apartado lugar entre la maleza o a orilla de la ruta ocultos tras un cartel o valla publicitaria. Estacionamos  el coche, él comenzaba a meterme mano siempre de una forma precipitada y después de un rato terminábamos saliendo del coche para consumar el acto. Normalmente me inclinaba en el capó del coche y tras abrirme de piernas, él se acoplaba por detrás de una forma violenta y salvaje.

Alguna vez intentó la penetración anal pero no se lo permití debido a lo precipitado del encuentro y a que yo era primeriza en ese tipo de sexo. En fin que tras agarrarme por las caderas y montarme a lo bestia, terminaba corriéndose dentro de mí en apenas cinco minutos, tiempo que necesitaba él para corredse. Cada vez más me iba sabiendo a poco debido quizás a que los encuentros ya habían perdido los momentos iniciales de pasión. Después terminábamos siempre de la misma manera, él subiéndose los pantalones y yo limpiándome las partes intimas con unos pañuelos de papel.

En el último encuentro decidimos hablar del asunto donde yo le comenté que iba muy rápido, a él no le hizo mucha gracia y me contó que todas las mujeres con las que había estado se lo rifaban en la cama, en fin, que se molestó bastante aunque después de un rato enfrascados en la discusión fue él quien dijo que por qué no lo hacíamos en mi casa, ya que mi marido no venía a casa hasta las cinco de la tarde y él podría pasar todos los días alrededor de las 12 del mediodía.

-¡Mi casa no Pablo, puede ser peligroso! –Le dije inmediatamente.

-Piénsalo, mujer. Tu hijo y tu hija  están  en la colegio y tu marido no regresa hasta el sábado por la noche, tenemos tiempo suficiente. –Me respondió con cierta insistencia.

Seguimos hablando del tema mientras conducía el auto hasta que por fin acepté la descabellada idea de él. Siempre hacía lo que él decía, me ponía como él decía, me vestía como él decía. ¿Sería que me tenía toda a su disposición? Pensé que a lo mejor no era tan complicado, por mi marido no había problema nunca venía a casa antes de las  123 horas del sábado por la noche

En fin que decidí aceptar y preparé la cita con Pablo para el siguiente día jueves. Él tenía que hacer una llamada de teléfono a casa con el pretexto de que estaba equivocado por si salía otra persona al aparato y de esa forma se presentó en casa. Nada más sonar el timbre me puse muy nervioso, a punto estuve de echarme atrás, tardé un poco en abrir, pensativa y temblorosa. Era la primera vez que un extraño, un amante, entraba en mi casa. Sonó el timbre de nuevo y me apresuré a mirar por la mirilla, era él. Le abrí la puerta y sin mediar palabra me aparté a un lado mientras él entraba apresuradamente. Cerré la puerta tras de mí y volví a mirar por la mirilla para comprobar si alguien había notado algo. Mientras miraba, Pablo no perdió el tiempo y comenzó a besarme el cuello, sentí el deseo inmediato de ser poseída por él, efectivamente, me volví y le besé desenfrenadamente, mientras, él ya se había apresurado a meterme mano bajo el vestido, sentí sus dedos palpar mi sexo caliente y empapado pues necesitaba a un hombre desesperadamente.

Esta vez tomé yo la iniciativa, creo que le sorprendí, no en vano me encontraba en mi terreno. Al miedo inicial de que pudiera descubrirnos alguien, pasé al desenfreno más absoluto, le levanté los brazos y le saqué de una forma un tanto violenta, tal y como él solía hacerme, la camiseta que llevaba, acto seguido me agaché y le desabroché sus pantalones, mientras éstos caían al suelo le bajé apresuradamente los calzoncillos y tras levantarle un pie se los saqué completamente. Inmediatamente me incorporé y le besé en la boca de una forma libidinosa, no voy a negarlo, mientras él seguía en medio de la sorpresa, por primera vez no era él quien llevaba la voz cantante, esto debió de sorprenderlo pues seguía impasible ante todos los movimientos que yo hacía. Me agaché de cuclillas y tomé su pija erecta con las dos manos, la saboreé y la lamí con deleite, me la metí en la boca y la enjugué despacio, lentamente, acto seguido y de una forma frenética comencé a tragarme aquella pija que desaparecía a ratos en mi garganta y salía poco después para acto seguido volver a desaparecer entera en la profundidad de mi boca. Noté inmediatamente los espasmos de Pablo, estaba a punto de estallar, no me importaba nada que lo hiciera dentro de mi boca, quería tragarme su leche y estaba preparada. Agarré con mis manos las nalgas de Pablo y mientras se las abría con todas las fuerzas de que era capaz, mi garganta se tragó literalmente toda la longitud de su pija, una arcada estuvo a punto de hacerme vomitar, prueba inequívoca de la profundidad con que entró por mi garganta.

Pablo resoplaba y resoplaba mientras sus manos me agarraban por el pelo atrayéndome a su falo empinado y lubricado por la saliva de mi boca, yo era consciente de la inminencia de su corrida cuando de repente me soltó el pelo y me apartó de él. Me di cuenta que para evitar eyacular había decidido apartarse momentáneamente, había decidido tomar un respiro.

De pronto me levantó por los brazos y me arrastró hasta la sala, me obligó a inclinarme y sin decir nada, sus manos me empujaron al suelo, obedecí y me quedé quieta a cuatro patas sobre el parquet. Pablo se puso detrás y me levantó el vestido que cayó sobre mi espalda, acto seguido apartó mi tanga para un lado y sin consideración se colocó en posición para hacer lo que siempre hacía, montarme de una forma posesiva, sí, le gustaba someterme, era su forma de hacer el amor, dominar a la presa y cojérsela como un macho dominante monta a su compañera en cualquier manada salvaje.

Pablo comenzó a cojerme deprisa, con rapidez. Yo estaba preparada, así que me dejé llevar por él y recibí toda la fuerza violenta de este macho acoplado a mi espalda. Intenté pegar la cara al suelo para ofrecer una cierta resistencia a su empuje. Mis caderas levantadas se ofrecían en toda su plenitud a este macho brioso. Mi cara aplastada en el suelo me convertía en una sumisa, en su esclava, mientras él me daba con todo su poderío. El ruido de sus muslos chocando con mis nalgas era audible en la lejanía del apartamento. Me folló con rabia, sí, con rabia, hasta el punto de que mis piernas no pudieron resistir el embate de su fuerza y caí sobre el suelo. Esto no impidió que él siguiera pegado a mí mientras bombeaba sin tregua, caí de bruces sobre el suelo y él siguió follándome, mis piernas tuvieron que abrirse más para dejar que la penetración fuera más fácil. Me vi algo ridícula, espatarrada completamente contra el suelo, con un fornido hombre maduro dándome con fuerza. Mis gritos se oían fuera de mi apartamento mientras los resoplidos de él eran audibles fuera de la casa. Al poco, mientras mi sexo recibía su calurosa pija sentí que se había corrido dentro como de costumbre. Él se levantó inmediatamente y un hilito de su seminal virilidad comenzó a salir de mis entrañas para derramarse por el suelo. Seguí allí, abierta totalmente, imposible de levantarme mientras Pablo ya había comenzado a vestirse.

-Ha sido magnífico, preciosa, me gustó. Esto hay que repetirlo más a menudo. –Me dijo.

Pasados unos minutos se acercó a la puerta y se fue. Comencé a levantarme con dificultad y me dispuse a limpiar todo aquello sin dejar de pensar que estaba atrapada en una espiral peligrosa muy difícil de salir.

Me encantan los encuentros con él pero esto me ha calado profundo muy adentro, estoy sorprendida de todo lo que cambié, como él se metió en mí, se apoderó y le he abierto las puertas de mi casa y de mi cuerpo.

¿Será que la viril actitud y de Pablo me enloquece y me hace una hembra voraz?

By Claudia Riera para oráculo Infiel

riera_claudia@yahoo.com

PD : la autora sigue cosechando amigos en la red, escriban a su email riera guión bajo claudia@yahoo,com es decir riera_claudia@yahoo.com y tendran un agradable regalo con su respuesta

 

 

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A
<br /> Realmente los has describido bien , pasa, la novedad, atrae y fascina, la rutina apaga la pasión, suerte<br /> <br /> <br />
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