Siempre me han preguntado mis amigas y algunos amantes como le puse los cuernos la primera vez a mi estimado esposo. Mi marido es un hombre bueno y que nunca hubiera esperado a ser un pleno cornudo.
En aquellos momentos quiso el destino que me cruzara con un con un antiguo compañero de colegio, que voy a llamar Martín a los efectos de este relato.
Fue muy emocionante volver e encontrarme con él, fuimos a beber un café, el me sonreía, recordamos nuestras andanzas y la pasamos super bien. Yo estaba dichosa por haber conseguido su atención
Así empezamos a tener una relación amistosa en el chat que cada tanto alardeaba con algo mas Traté de engañarme a mí misma que era inofensivo divertido, pero luego de sus chats yo quedaba caliente. Y no podía dejar de pensarlo en una próxima cita y comencé a fantasear con lo que podría suceder, sabiendo que probablemente no sería capaz de controlarme si él me buscaba.
Y se dio que otros amigos del cole nos invitaron a festejar los 100 años del establecimiento, hacíamos mucho tiempo que no nos veíamos. Nos juntamos todos como y salimos a tomarnos algo luego de la celebración .Conversamos, nos reímos contamos historias y cantamos nuestros temas preferidos. Progresivamente todo se fue degradando y quedamos Martín y yo junto a otras dos parejas (parejas por ser Mujer y hombre, no por ser marido y mujer), no sé quien propuso ir a cenar aun resto con baile, allí observé que las otras chicas se tiraban onda con ellos.
Mientras bebíamos copiosamente y bailábamos. Me sentía muy bien apretada contra él mientras nos deslizábamos al ritmo de la música. Uno de los problemas fue que su musculoso cuerpo rozaba la delgada tela que cubría mi pecho y me excitaba y causaba un renovado cosquilleo en mi entrepierna, nunca me esperé esta sensación ya que nunca antes había estado sin sostén. Mis pechos siempre han sido muy sensibles y es la manera más rápida de calentarme. Varias veces cuando nos sentábamos estoy segura de que él tuvo accidentalmente una visión clara de mi tanga estrechamente ajustada a mi monte de Venus. Me sentía sonrojada de que él pudiera apreciar lo excitada que estaba.
Me estaba calentando y no era la única que lo notaba. Volteé hacia mis otros compañías y vi asentían mi estado .Observé el delgado material que cubría mis pezones y me di cuenta que estaban erectos y sobresaliendo de la tela, duros como piedras. Pude sentir la sangre correr por mi cara al sonrojarme, varias veces durante la noche tuve que ir al tocador. Estaba sorprendida de mi reacción, pues nunca había pensado siquiera estar con nadie que no fuera mi marido. Deseché el pensamiento considerando que era un efecto colateral de la bebida.
Los tragos me volvieron más desinhibida. Cuando bailamos nuevamente él me rodeaba y su mano llegaba hasta mi culo acariciándolo conforme nos mecíamos juntos. No lo pude resistir. Podía decir cuánto le agradaba sentir la tela sobre la tanguita que cubrían mi trasero, porque podía sentir su creciente erección contra mi vientre. Empecé a imaginarme mientras nos contoneábamos, como se sentiría su gran pedazo y empecé a pegarme contra él hasta que para mi desencanto terminó la melodía. Esto sirvió para que reaccionara y me diera cuenta de que estaba yendo muy lejos. Me estaba quedando bastante ebria y demasiado caliente.
Cuando le dije a él que debería irme, él insistió en que esperara un poco y él de repente me dio un beso, y que era, yo no podía hacer nada. Cuando bailábamos lento con poca luz, mi excitación fue muy grande Recuerdo que tan pronto como él puso su pedazo entre la ropa, entre mis piernas con mi tanga apretada, estaba muy encendida, desbordante de fluidos. Nunca había llegado tanto ni tan rápidamente a calentarme así! .Me llevó a un rincón y me comió a besos, me metió manos por todos lados de arriba abajo sin parara, yo moría, ardía entre sus caricias y besos.
Cuando pude le dije estaba comprometida con mi esposo y que deseaba dejar las cosa ahí, pero en el final yo no podía detenerme. Me sentía como si hubiera algo en mi sistema que está exigiendo tener sexo ya con Martín, yo sólo esperaba que pudiera tenerlo a través de él sin herir a nadie. .Mi cuerpo parece haberse vuelto más sensible y despierto y constantemente tenía pensamientos sexuales con Martín.
Nunca me había sentido tan nerviosa, tiritando... ni con tanto frio pero a la vez con una sensación que nadie sabe explicar cómo rica... No se!! Como estaba en ese momento, mientras el me tocaba lentamente y respiraba en mi oído... fue complicado el querer seguir y besarlo y pensar que estaba engañando a mi esposo .Tratamos varias veces de dejarlo hasta ahí... incluso pensé en irme pero los dos queríamos lo contrario...
Se acercaba a besarme y yo lo dejaba hacer. Yo trataba pero se me hacía muy difícil esto...como nunca...hasta que me entregué alocadamente de nuevo a sus besos .y continuamos como dos adolescentes, el me tocaba lentamente mientras yo le besaba en el cuello, su cara . entre tanto me tocaba las piernas yo le besaba el cuello hasta que los otros nos hicieron señales , para despedirse .
Salimos en su auto , en un momento el fresco de la noche me hizo enfrió un poco , pero apenas en un semáforo el me puso su mano entre las piernas, volvía sentir un enorme deseo y no dije nada hasta que me encontré dentro de una habitación con él .
Abrí mi boca para sentir su lengua . él empezó a acariciar muy suavemente mi seno izquierdo a través de la ligera tela de mi vestido. ¡Mi talón de Aquiles! Lo sentí tan bien, que las rodillas me temblaron.
Él retiró la parte superior de mi vestido un poquito quedando a la vista mis pezones mientras nos besábamos. Empezó entonces a girarlos con la yema de sus dedos mientras yo le acariciaba su musculoso pecho. Este hombre es maravilloso. Cuando él me abrió el corpiño y sacando mis pechos empezó a lamerlos y besarlos me sobresalté.
Traté de separarme pero él incrementó la succión a un punto que se sentía demasiado bien para detenerlo. No podía creer lo que estaba yo haciendo, mi mente giraba rápidamente. Mis piernas no me sostenían y me senté en la orilla de la cama. Por alguna razón era tremendamente emocionante ser tan lasciva con alguien que no era mi marido.
Nos recostamos en la cama y pude sentir sus manos que acariciaban el sedoso interior de mis muslos. Cuando no pudo resistir sus manos empujaron el borde de mi vestido hacia arriba y pude sentirlo masajeando suavemente mi concha por encima de la suave tela. Contacto directo, es lo que necesitaba. Gemí. Sus manos separaron mis piernas y con gentileza ahuecó la húmeda suavidad de mi cueva a través de mis tanga.
Se sentía tan bien. Él hizo a un lado la tela de mis braguitas y ya su mano estaba en mí, colocó su dedo sobre la cerrada abertura de mi concha y empezó a introducirlo suavemente, conforme me humedecía más y más el insertaba más dedos.
Finalmente gemí: Martín tenemos que detenernos, me estoy excitando demasiado, no debo de estar aquí. Por respuesta él colocó sus labios sobre mi clítoris, por encima de la tela. ¡Va a comerme el concha ! Eso es algo que mi esposo nunca había hecho.
Cuando empezó a quitarme la ropa finalmente no lo detuve, levanté mis caderas para permitirle que me sacara la tanga . Quería realmente sentir su boca sobre mi abertura.
Me recosté de espaldas mientras él empezaba a besar despacio alrededor de mi cueva, antes de empezar a lamer mi muy humedecido clítoris.
Mientras hacía esto continuaba apretando mis pezones con una mano y metiendo sus dedos en mi concha con la otra. Yo estaba en éxtasis, esto era tal y como lo había imaginado que sería. Él sabía cómo tratar a una mujer, qué hacerle y cómo hacerlo.
No tardé en sentir cómo se producía un orgasmo dentro de mí. Decidí que necesitaba ese orgasmo, Mi esposo raramente logra hacerme venir, así que decidí llegar hasta la culminación del orgasmo. Lo necesitaba tanto. Estaba tan excitada ahora que gemía fuertemente y tan alto, que no me di cuenta en que momento él se quitó la ropa y se colocó entre mis piernas.
Cuando sentí que sus labios tocaban los míos, abrí los ojos para encontrarme con que estaba arriba de mí y vi hacia abajo para verlo colocando su grueso instrumento entre mis estremecidos labios vaginales. Era enorme de casi el doble de tamaño del de mi esposo. Temblé por el descomunal tamaño conforme él empezaba a introducirlo.
Martín, no, detente, no podemos, no estoy protegida grité. Su respuesta me sorprendió Te prometo que la saco enseguida, sólo quiero sentirme dentro de ti unos momentos, oh sí se siente delicioso- decía mientras empujaba otros centímetros dentro de mí. Estaba horrorizada, él no se iba a detener. ¡Me iba a cojer! ¡ No Martín por favor, por favor no, por favor- supliqué. -No puedo, no, mi esposo me está esperando, ooohhh, nnooo-
Traté de cerrar mis piernas pero era demasiado tarde ya estaba yo empezando a venirme conforme él penetraba más, abriendo mi canal vaginal más de lo que nunca lo había estado. Mi cuerpo me traicionó y mis caderas empezaron a levantarse empujando contra él mientras un orgasmo gigante tomaba posesión de mí. No podía evitarlo, no podía ni hablar, sólo gemía muy alto y empujaba contra él mientras me tomaba para hacerme estremecer .
Él metía y sacaba su pija hundiéndolo cada vez más profundo con cada empujón hasta que finalmente toda su herramienta estuvo completamente dentro de mí. Su pelvis pegada con la mía. Iba a empezar a protestar nuevamente cuando sentí su grueso palo empujar aún más profundo y tocar mi cerviz a la entrada de mi útero. Eso fue todo. Exploté en mi primer verdadero orgasmo. Pensé que me desmayaría mientras oleada tras oleada de placer recorrían mi cuerpo.
Cuando finalmente recuperé el sentido comprendí que mi concha se había ajustado plenamente a su grueso tamaño y su inmenso tronco estaba entrando y saliendo suavemente de mi húmeda grieta. Todos mis pensamientos sobre mi esposo y mis desprotegidos óvulos habían desaparecido. Estaba enamorada de esa pija. Mi cuerpo finalmente tenía lo que había estado esperando toda la noche. Yo gemía mientras él se adentraba en mí, relamiéndome con el placer puro que su pija me estaba dando.
Era fantástico tener adentro este tronco grande, poderoso y prohibido, ya sentía y gozaba un segundo orgasmo rápidamente.
El empuje de Martín se hizo más frecuente y me di cuenta de que él estaba a punto de venirse también. Estaba un poco decepcionada porque sabía que la sacaría y terminaría antes de que me corriera yo otra vez y ya estaba yo tan cerca.
En eso lo sentí. La sensación que he estado evocando todos los días desde aquel momento. Empujó su cuerpo entero y sentí como la punta de su glande se apretaba contra mi cerviz. Él gruñó con fuerza y lanzó el primer chorro de semen profundamente dentro de mí. No iba a sacarla. Se estaba corriendo en mis entrañas. Me llenó de sentimientos encontrados de éxtasis y terror, traté de empujarlo, pero ya era muy tarde. Sus manos sujetaban las mías y estaba empujándose dentro de mí con toda la fuerza e intensidad de su orgasmo.
Lo que más me sorprendió es que se sentía formidable. Cuando mi esposo se viene su esperma tan sólo escurre fuera de él. Con Martín en cambio podía sentir su caliente líquido literalmente disparando dentro de mí. Salía con tal fuerza y cantidad suficientes que podía sentir verdaderamente cada chorro prohibido bañar mi cerviz y penetrar mi útero. Dijiste que la sacarías- sollocé - oh... puedo sentirte cuando te corres dentro de mí. Oh no, ahora no...ooohh.. se siente tan bien... Me estooyy corriendo... ooooohh
Mis caderas nuevamente empezaron a empujar duro en contra de él sin que mi voluntad lo hiciera. El más intenso orgasmo que haya tenido me invadió mientras él continuaba bombeando dentro de mí y todo lo que yo hice fue sujetarlo por las nalgas y pegarlo contra mí aún más. Mi conciencia entera estaba enfocada en este placer entre mis piernas y grité de placer con la mayor experiencia sexual de mi vida.
Oleada tras oleada de éxtasis recorrían mi cuerpo mientras lo envolvía con mis piernas y lo pegaba hacia mí más profundamente. Era maravilloso. Podía sentir su semen desbordando de mí y escurriendo por el agujero de mi culo, mientras él continuaba eyaculando. No podía creer que tuviera tanto.
Mientras las oleadas se desvanecían poco a poco, podía sentir su tibia descarga expandiéndose en mis entrañas buscando mis ovarios sólo me quedé ahí recostada unos minutos en un estado de semiinconsciencia con la sensación de lo que ocurría dentro de mí.
Cuando la realidad empezó a regresar a mí, lo hizo también el arrepentimiento de lo que había hecho. Miré hacia mis abiertas piernas y vi la brillante película de su semilla que colgaba sobre la pelambre de mi chocho hasta su estaca todavía parcialmente enterrada en mí. Qué había yo hecho. Empecé a llorar. Martín lo notó y me miró profundamente a los ojos, besándolos suavemente mientras continuaba bombeando su ahora semi erecta pija.
Mientras lo hacía podía sentir más de su descarga escurriendo de mi hinchada vulva. Dijiste que la sacarías... lo prometiste que voy a hacer si me preñaste, tú no eres mi esposo. Le reproché. Su respuesta me sorprendió Pato lo siento pero te veías y te sentías tan rica. Nunca me imaginé que me permitieras que te cojiera-
En este punto ya no importaba. Estaba hecho. Nunca podría explicarle a mi esposo esto.
Mientras pensaba, me di cuenta de que mis piernas aún envolvían a Martín y éste aún continuaba pistoneando suavemente su estaca dentro de mí, mientras me sujetaba. Era en realidad una sensación muy agradable y aunque ya no estaba totalmente hinchado, aún seguía siendo más grande que la de mi esposo. Miré hacia él y me di cuenta de que mi cuerpo volvía a responder nuevamente. Él me besó muy suavemente en los labios y volvió a lamer mis pezones.
Para mi sorpresa pude sentir cómo su miembro se endurecía nuevamente. Mi esposo jamás se recuperaba tan rápido. Sabía que debía detenerlo esta vez, sólo en el remoto caso de que no fuera demasiado tarde.
Dejé a Martín que me cojiera una vez y ahora estaba empezando a hacerlo de nuevo. Pero mientras él continuaba me di cuenta que no podría detenerlo. Todavía estaba muy excitada con lo que había hecho. Se sentía tan agradable. Me estaba dando exactamente lo que necesitaba y no quería detenerlo. Mi cadera empezó nuevamente a salir al encuentro de cada uno de sus empujes.
Él soltó mis manos, lo abracé y empezamos a cojer de una forma muy suave, hasta romántica. Continuamos follando largo rato hasta que logré bloquear todo pensamiento que no se refiriera a este maravilloso palote que entraba y salía de mi chorreante concha. Su enorme estaca estaba nuevamente llenándome completamente y abriendo mi vagina hasta sus límites, algo que mi esposo nunca sería capaz de hacer.
No tenía idea de que cojer con otro se sintiera tan bien. Mientras follábamos tuve varios pequeños orgasmos que parecían correr al mismo tiempo. Levanté mi cabeza y empecé a succionar uno de sus pezones. Después de un rato me dijo: Voy a acabar de nuevo ¿Quieres que la saque? Mi respuesta me sorprende hasta la fecha. Mientras otro orgasmo se forjaba en mi interior le supliqué: No por favor córrete dentro de mí, quiero sentirlo, córrete nuevamente dentro de mí. Él sonrió, me besó y retomó su ritmo.
No pasó mucho rato y se tensó y nuevamente empecé a sentirlo arrojar una increíble carga de esperma dentro de mí mientras yo empujaba mi vulva contra él para enfrentar cada uno de sus empujones. Podía yo sentir cada chorro golpeando mi cerviz, lo que me desencadenó otro profundo orgasmo mientras su descarga penetraba mi útero. Cuando lo sentí, grité y me aferré a él, sentía que el mundo entero estaba girando, así de maravilloso. Hasta mis pezones ardían.
Cuando él por fin se quitó de encima de mí sacando su larga vara de mi hinchada y enrojecida concha. Despacio me incorporé apoyándome en los codos y miré hacia abajo cuán totalmente cojida me veía. Mi precioso vestido estaba amontonado alrededor de mi cintura, mis empapadas bragas colgaban de uno de mis tobillos. Mi concha estaba enrojecido e inflamado , mojado y empapado de su semen. Mis pechos también estaban enrojecidos y cubiertos de marcas de su intenso succionamiento. Pero lo que más me asombraba era el río de semen que escurría de abierta grieta y formando un charco en la cama debajo de mí.
Sabía que no podía llegar a casa en estas fachas así que me metí a la ducha para lavarme tanto como se pudiera. Cuando terminé regresé y vi a Martín durmiendo en la cama con su maravilloso y pegajoso tronco recargado sobre su estómago. Me deslicé en el vestido y me subími ropa interior . Me salí preguntándome si alguna vez podría volverlo a ver, pero no quería arriesgarme a volverlo a incitar tampoco. Podía sentir su descarga aún goteando de mí en el camino a casa y esperaba que mis empapadas braguitas pudieran retenerla.
Mientras conducía me preguntaba cómo había podido permitir que esto pasara. Me sentía tan perversa. Empecé a tocarme la cueva con un dedo de lo caliente que estaba. Afortunadamente Mi esposo estaba dormido cuando llegué a casa. Rápidamente me metí al baño y me puse un camisón que tapara mis enrojecidos pechos, me coloqué unas bragas limpias y me subí a la cama.
Estaba aterrorizada de que de alguna manera él pudiera oler la esencia de su rival en mí. Mientras permanecía acostada podía percibir el tibio semen de Martín todavía goteando de mi cueva. Mi esposo se despertó finalmente y permanecimos acostados en la oscuridad. Me preguntó si había disfrutado la fiesta. Le dije que había estado bien, pero que por alguna razón no me sentía bien. Le sorprendió y desilusionó, pero pareció entenderlo. Entonces se pegó a mí y acariciando mi estómago dijo que trataríamos de culminar nuestra "cita" luego cuando me sintiera mejor.
Al otro día , Martín dio la vuelta en la tarde y tuvimos otra sesión apasionado. Justo después de su partida, cuando estaba a punto de ir y disponen de ducha, mi marido llegó a casa inesperadamente temprano. Por suerte no había estado media hora antes! Al verme desnuda y punto de saltar en la ducha, de pronto quería darme su amor , y empezó a abrazar y besar a mí. Traté de convencerlo de que espere que él estaba demasiado ansioso. Antes de darme cuenta que había se arrodilló y me besó en los labios derecho inferior. Me abrió la boca y trató de alejarse, pero él se mantuvo firme y dijo: "hmm, usted está mojada, ¿qué has estado haciendo?". Pensando rápidamente le respondí que yo había estado leyendo algunas historias atractivas en el Internet. Con esto se excitaba más y comenzó a besarme .Me sentí tan mal al respecto, pero no pudo detenerlo pensando, sabiendo que me estaba lamiendo donde Martín había llegado a sólo media hora antes. Cuando terminó, me duché y lloré un poco sin ver a mi marido
Más tarde, mi esposo dijo: "estás tan sexy de esta tarde, debe leer las historias en Internet con más frecuencia, ciertamente parece que te hacen deliciosamente mojada!". Estaba mortificada. Me siento como si me he humillado a mi marido, pero me sorprende que él se sienta bien con mi estado post Martín y me fui acostumbrando a ser infiel.
By Patocaliente