De vez en cuando me debo quedar para hacer cosas en el trabajo, pero fuera de horas… Eso siempre pasa cuando hay algún problema con los ordenadores, o bien cuando se ha de actualizar alguna base de datos, y es indispensable que esté la puerta cerrada, de lo contrario no se podría. Pero no sabía que sucedería lo que todavía recuerdo con un morbo brutal...
Yo trabajo en una oficina de un laboratorio farmacéutico , y estoy digamos de mando intermedio, es decir soy el "jefe" de mis compañeras, organizo las tareas, distribuyo los turnos, etc..
hace unos meses -marzo- tuvimos que hacer una actualización de una base de datos (esto lo hago siempre yo), y una de mis compañeras tenía que quedarse para hacer las fórmulas que se tenían que entregar el día siguiente; la mejor hora es la del mediodía, comes algo rápido y te pones a hacerlo.
Lo malo es que en pleno mes de marzo se nos había roto el aire acondicionado, y en el laboratorio hacía un calor infernal, por lo que llevábamos la menor cantidad de ropa exigida, es decir, yo llevaba la camisa , la bata y un pantalón blanco de lino y mi compañera llevaba la bata y bajo la ropa interior...
Mi compañera es muy voluptuosa, y el ciñe de la bata hace que siempre se le vea el nacimiento de sus generosos pechos, cosa que me pone a mil .
Yo estaba en la PC central, haciendo mi trabajo y sudando, por lo que me había quitado la bata quedándome solo con el pantalón, además la conexión a internet nos traía fritos desde hacía unos días y Julia ( mi compañera, una mujer casada pero muy bella ), estaba con una fórmula que se tenía que elaborar debiendo calentar los componentes , la pobre estaba peor que yo; de pronto oí una pequeña explosión y acudí corriendo al laboratorio.
Julia había calentado un recipiente y al ponerlo sobre el banco de trabajo el contraste lo había hecho estallar, cuando llegué allí ella estaba temblando, era la primera vez que le ocurría y no sabía que hacer; para tranquilizarla la abracé un poco mientras le decía: tranquila, no pasa nada, no ha sido culpa tuya…
Al hacerlo noté la presión de sus pechos en el mío y la dureza de sus pezones que se habían erguido por la impresión; estaba sudada, las gotas resbalaban por sus mejillas, cayendo al cuello y deslizándose por el canal de sus pechos, el espectáculo era algo febril.
Nos agachamos para recoger los restos del recipiente, con tan mala suerte que nos dimos un pequeño cabezazo y caímos al suelo quedando ella sobre mí, sus piernas a horcajadas sobre una de mis piernas apretándola por la caída, su blusa medio abierta enseñando sus pechos escondidos tras un sujetador malva que no le hacia falta ninguna, los dos en silencio mirándonos y sonriendo, su pelo rizado cayendo sobre mi cara…
Yo no soy ningún santo, y no creo que nadie con una chica así y en una situación como aquella lo fuese, así que bajo el riesgo del acoso sexual me lancé.
Levanté la cabeza para besar aquellos labios gruesos y pequeños al tiempo que con una de mis manos tomaba uno de sus pechos e intentaba librarlo de la prisión del sujetador.
Ella se quedó quieta, asustada, indecisa, pero al mismo tiempo yo notaba como sus caderas empezaban a moverse para restregarse sobre mi pierna.
El suelo del laboratorio no es el mejor sitio para hacerlo, y tras unos minutos pasamos a mi oficina privada donde hay un sofá cama para hacer más agradables las noches de guardia.
Abrimos el sofá cama y me quité el pantalón, quedándome con el slip, que parecía una carpa de circo , ridículo pensé, así que al momento estaba fuera.
Ella se quitó la bata, tan sólo quedaba un botón abrochado, y me mostraba esa combinación malva tan bonita que yo otras veces solo había imaginado.
La tendí boca arriba y le saqué los pechos por arriba besándolos mientras clavaba mi pierna entre las suyas; estaba preciosa, con la cabeza echada hacia atrás con los pechos apuntando al cielo y con su braguita apretando mi pierna.
Besé sus pechos con ansia, lamía sus pezones mordiéndolos con cuidado, ella decía que no estaba bien, que era peligroso, pero no dejaba de moverse.
Al momento nos dimos cuenta que estábamos bajo las estanterías de los preservativos, de los lubricantes, de los aritos vibradores etc..
Tomé un lubricante de Durex, ese de efecto calor, dulce… y me puse a trabajar.
Le quité la minima expresión de braguitas y descubrí un pubis arregladito, rubito, que emanaba un olor suave pero a la vez penetrante, olía a deseo.
Lo besé mientras mis manos aprisionaban sus pechos, los estrujaba sin miramientos, parecía un panadero amasando la masa, una masa dura y tostadita por el sol, le gusta el top less y la verdad es que unos pechos sin marca de bikini son perfectos.
Su sexo parecía estar en una sauna, húmedo, cálido, aquello era una delicia, pero para probar y así saber de primera mano lo que vendíamos le puse una generosa ración de lubricante, me pasé porque del sexo le fue cayendo hasta su culito; me vi forzado a limpiar aquel desastre, chupé sus labios, su clítoris parecía un botón de disparar misiles, estaba rojo e hinchado, duro, a medida que lo iba chupando Julia temblaba, eran como compulsiones, en una de ellas adiviné un orgasmo, supongo que así era porque sus manos apretaban mi cabeza y sus piernas empujaban mi espalda hacia arriba y se relajó.
Se relajó y le di la vuelta, empecé a comerle el culito, la verdad es que ese gel funciona, no he probado un culito tan dulce como ese, metía mi lengua por su agujerito y sonaba como cuando pisas un charco con cuidado, sonaba liquido.
Julia estaba enfadada, no me había hecho nada y a ella le gusta trabajar, así que decidió probar también el gel .
Me tumbó y puso en la cabeza de mi pene un chorro de lubricante, no sabía que estaba frío al principio, y empezó a deslizar sus labios sobre él; esa boquita que siempre me ha parecido pequeña de repente se hizo grande, me chupaba el glande como si fuese un helado en cucurucho, parecía gustarle ya que al momento veía como desaparecía por entero mi pene.
Con una mano me tomaba la base y la otra fue apretando mi culo, buscando, hasta que encontró un canal, como no avanzaba más me pidió que me levantase, y allí de rodillas ella y yo de pie introdujo un poco su dedito en mi culo; era una sensación rara, no desagradable.
Cada vez que se metía mi pija en su garganta me metía un poco el dedito en el culo y me excitaba, tanto que le dije que parase un poco, notaba que si seguía un poco más la iba a bañar en leche y no quería que eso acabase ahí.
Volvimos al sofá y, sentándome en el borde, la puse en cuclillas sobre mí; no nos hacía falta lubricante, entró de golpe, hasta la empuñadura, era como si su boca hubiese cambiado de sitio y me estuviese comiendo con su conejito.
Sus piernas empujaban, se impulsaban en el sofá para entrar y salir, parecía que estaba trabajando en un banco de gimnasia, cada vez que entraba dentro de ella me hundía en el placer y cuando salía de ella me invadía el miedo a soltar mi leche prematuramente.
Le comía los labios, le chupaba los pechos, tenía uno de mis dedos en su culito- ojo por ojo … -, no sabía que más hacer, quería disfrutar del momento por si no volvía a repetirse.
Me dijo que tuviese cuidado de acabar , que aunque tomase anticonceptivos tenía miedo, la tranquilicé, hace dos años que me hice la vasectomía; al decirlo sonrió y asintió con la cabeza, al chuparme la pija había visto unas pequeñas cicatrices en los huevecillos.
--SP..
No tardamos mas de diez minutos hasta que nos vimos las caras mientras nos corríamos, ella no paraba de gemir y temblar como una hoja, yo empujaba tan fuerte que creía que iba a meterme yo dentro de ella enterito.
Al acabar nos tendimos los dos en el sofá, yo aún dentro de ella, mientras mi pene iba menguando notaba como salían nuestros jugos, calientes, espesos.
Estuvimos abrazados mirándonos cinco o diez minutos, tras los cuales nos levantamos y empezamos a limpiar todo aquel destrozo; mi leche caía de su conejito como si fuesen lágrimas, se limpió un poco y recogimos también lo del laboratorio.
Aún faltaba más de una hora para abrir, así que decidimos ducharnos; mala idea, porque la ducha es pequeña, y mientras nos enjabonábamos la cosa se volvió a alegrar..
Cada uno nos enjabonamos por delante, después ella me enjabonó a mí e insistió en el culo - me ha confesado que muchas veces me miraba el culo y se mojaba imaginando que me lo tomaba mientras cojíamos - , luego me tocó a mí y al enjabonarle el culo empezó a levantarlo, a ponerlo contra mí.
Me encanta su culito, le quité el jabón, y empecé a chupárselo, para entonces mi pija volvía a estar dura.
Con su culo en pompa no podía hacer otra cosa, así que puse la punta de mi pija en el, ahí sí que me ayudé del jabón, nos habíamos dejado el lubricante al lado del sofá y no era cuestión de mojar toda la farmacia...
Mi pija empezó a empujar, tenía vida propia; en un momento la puntita se había metido, lo otro costó más, empujaba y entraba un poquito, Julia se quejaba pero no quería que lo dejase, ella estaba ocupada masturbándose, acariciándose el clítoris y metiéndose los dedos dentro mientras se sujetaba con la otra mano.
Cerramos el agua y seguí empujando hasta que poco a poco le metí casi todo lo que tengo, no es demasiado larga, pero es bastante gruesa ( por si interesa ), Julia estaba con la cabeza hacia atrás, disfrutaba como una loca metiéndose los dedos, le tomé los pechos por detrás y empecé a trabajarlos, la verdad es que me dolía un poco, aún nadie le había hecho lo que yo le estaba haciendo, su esposo decía que eso era para putas , ni siquiera hacían sexo oral entre ellos
A lo que ibamos, el dolor no dejaba que me corriese, así que cuando ella terminó, y lo hizo sonoramente, so saqué mi aparato y después de limpiarlo un poco Julia empezó a chuparlo.
Le tomé la cabeza con mis manos y acompañando sus chupadas iba embistiéndola, un par de arcadas, pero ella seguía, me puse como una moto, aceleraba cada vez más, y cuando ya no podía más mi pija estalló y empezó a sacar unos chorros de leche impresionantes, los primeros se los tragó, pero al final se le salían de la boca y le caían sobre los pechos.
Cuando recuperé la fuerza-por poco me desmayo- la levanté y le dí un beso probando mi propio sabor, mi leche no está tan mala, se lo tendré que decir a mi mujer...
Seguimos duchándonos ya tranquilamente, no me quedaban fuerzas para más, y cuando acabamos de vestirnos y de arreglarlo todo solo faltaban 10 minutos para abrir...
by rickycardalan@yahoo.com.ar