Deambulaba por la calle Florida, buscando algo que consumir, miraba topa, zapatos, carteras , vidriera a vidriera , de repente sin pensarlo, ni buscarlo tropecé con él.
Juan Marcelo , un morocho alto bien apuesto, maduro , que había conocido en un weekend en un club de campo en otra ciudad, era un cliente de mi esposo.
Desde aquel día recordaba su cuerpo extraordinariamente sano y cuidado, muy atlético , seductor y simpático.
Astuto enseguida dibujó una enorme sonrisa seguida de una gran sorpresa y una invitación a tonar algo. Incógnito, experimentado, al parecer dispuesto a todo…Juan Marcelo mientras bebíamos unos capuchinos , no cesaba de tirarme alguna indirecta , De proponerme cosas o dejar todo ahí a punto de…
Yo he cultivado siempre los encuentros casuales , sin compromisos, sin necesidad de quererse, sólo por el simple gusto de sacarse las ganas y tirar un buen rato, o sea, pasar un buen rato… ustedes me entienden! .Para compromiso tengo esposo y me basta
Me gusta explorar con quién quiera y cuándo quiera. Él como yo no picaba ninguna de sus indirectas fue directo una vez:-¿Te invito a almorzar algo en el depto dentro de una hora y media maso ?
No dudé tenía tiempo a hasta las 8 de la tarde que mi husband me esperaba en nuestro country .
Fui a su dpto después de la depilación , siempre me gusta ir a las citas donde hubiese con seguridad sexo bien depilada y arreglada , además aprovechaba la situación para tener un toilette ami disposición, para maquillarme y prepararme bien. En definitiva era un almuerzo privado que prometía .
Increíble vivía en un edificio en la Avenida Córdoba , el mismo que hacía unos meses había visitado , había estado con un amante de Mendoza, parecía que ese edificio era el preferido de los empresarios del interior. Toqué al portero eléctrico y al ingresar a su departamento, él me estaba esperando con una copa de vino y algunas cosas para comer. Nos pusimos a conversar sobre nuestras vidas, me preguntó por mi esposo , compartimos historias y algunos experiencias comunes cuando junto ami esposo había ido a su ciudad.. Luego se interesó por lugares de Buenos Aires , teatros, restaurantes, museos y cines. Podía sentir sus ojos clavados en mi escote, no hay mirada más sexy que la de un hombre calentándose conmigo.
Mientras conversábamos, él cocinaba. Su departamento tiene de esas cocinas americanas, con una mesa grande y largo. Me senté arriba y crucé las piernas hacia él, quería que viera lo corto que era mi vestido. Se me acercó lento, se paró frente a mí, me separó las piernas y me tomó de las caderas, me miró fijo a los ojos, pasó su nariz por mi cuello y tomó un posillo que estaba detrás mío. Me apretó las caderas con fuerza, me acarició las piernas y siguió cocinando. Me tomó un par de segundos recuperar el aliento. El calor de la cocina, el olor a chocolate de la fondue y el aroma a macho de Juan Marcelo ya me estaban haciendo transpirar.
La calentura me transforma, no me deja pensar más que en coger , pero él conservaba el temple, aunque podía notar en su mirada y en su respiración que estaba excitado. Tomé su cintura con mis piernas y lo acerqué a mí, besé su cuello y lo acaricié con mi lengua hasta llegar a su mentón, un mentón fuerte y marcado, lo mordí despacio. Sentí que su cuerpo se contrajo y me apretó fuerte hacia él, nos envolvimos en un beso de esos que casi no dejan respirar.
“Deberíamos comer antes de que se enfríe el chocolate”, me dijo, mientras pasaba sus manos por mi cuerpo. Este hombre está jugando, pensé, y a mí me encanta jugar. Pasamos a un sillón y pusimos la comida en la mesita de centro, que extrañamente no estaba en el centro, si no a un lado, al centro había una alfombra.
Miró como yo comía un una frutilla untada en chocolate. Me gusta comerla sobreactuando el erotismo , como las actrices eróticas sentir el chocolate caer por mi boca hasta llegar a mis senos. Cerré los ojos por un momento, para disfrutar la sensación del chocolate caliente rozando mi piel y lo sentí, sentí sus labios en mi escote, sentí su lengua limpiar el chocolate que se derretía aún más con el calor de su respiración. Tomó el chocolate y comenzó a esparcirlo en mi cara, en mi cuello, en mis senos, sobre mi ropa, hasta llegar a mis piernas. Le saqué la camisa y froté su pecho con el mío, me saqué el vestido, me tomó en brazos con fuerza y caminó hasta llegar a la pared. Me afirmé con mis piernas a su cadera y me aprisionó contra la pared, nos besamos y nos tocamos, nos tocamos como si lleváramos mucho tiempo sin ligar.
Sentí su cuerpo excitado tocándome, su pija erecta presionándome, su respiración cada vez más fuerte, su torso sudado rozando mi piel.
Le desabroché el cinturón, mientras él soltaba mi sostén. Solté el botón de su pantalón y metí mi mano dentro, tomé su pija y lo apreté. Se excitó tanto que me llevó al suelo y se quitó la ropa. Tomé mi cartera como pude y le pasé un condón, y me miró como si no se hubiera puesto uno en años! “Si te lo pongo con la boca, te aseguro que te va a gustar usarlo“, le dije. Lo abrí y con cuidado lo puse en mi boca, le puse el condón, succionando un poco, cuidando que no se fuera a romper. Es como lamerle bien el glandé , pero afirmando la punta del condón con el paladar y la lengua. Con su pene en mi boca, estiré el condón con una mano y lo miré. Me arrojó al suelo y se puso sobre mí.
Estuvimos dándole ponga y saca por más de una hora, me cogía rito y en variadas posiciones,estábamos llenos de chocolate. La ropa, el pelo, nuestros cuerpos, la alfombra, todo. Nos fuimos a duchar. Nos besamos mientras el agua corría entre nosotros, nos acariciamos, nos limpiamos el chocolate con el agua y con los labios. Comenzó a besar mi cuerpo y llegó a mi entrepierna, me hizo sexo oral hasta que casi no me pude mantener de pie, la mezcla de sus besos y su lengua pasando por mi clítoris, con el agua que caía de la ducha, me excitó como nunca antes. Salimos de la ducha y, antes de que pudiera vestirse, le dije: “¿Quieres conocer el truco del helado?” mostrándole un condón con sabor a frutilla que traje para la ocasión. Lo apoyé en la pared y me arrodillé, le hice una feliato de esas que me encantan, mirando su cara de excitación y sintiendo su pija palpitar en mi boca. Esperé a que acabara en mi boca, le saqué el condón y lo apreté. Siempre me ha gustado apretar una pija que recién eyaculó. Le di el beso más calentón que pude y le pedí un quitamanchas o un buen jabón de ropa para poder limpiar mi vestido para poder irme a mi casa, porque la prenda estaba con manchas de chocolate. Limpié mi vestido, y lo sequé con un secador de cabellos. Tomé mi cartera y me llevó en auto a mi casa del country . Mientras manejaba, tocaba mi pierna, yo tocaba su bulto. Nos estacionamos justo afuera de mi casa, entre unos árboles y me dijo buenas noches , aún no había regresado mi esposo . Desabroché mi cinturón de seguridad, me acerqué a él para despedirme, apagué el motor del auto y me senté arriba de él. Le saqué su cinturón de seguridad y desabroché sus pantalones. Me saqué desabroché el vestido y subí mi falda , tomé sus manos, las puse en el respaldo del asiento del auto.
“Me queda uno“, le dije, con un preservativo en la mano. Se lo puse y me subí sobre él, sólo quería un sentirlo profundo , bien adentro de una y rapidito antes de irme.
La posible llegada de mi esposo me hacía excitar y gozar más, ante la posibilidad que me encontré en aquella situación .El se sació fuerte y me hundió su vara hasta el éxtasis mutuo. Lo besé, me arreglé la ropa interior, tomé mi cartera y me bajé del auto. Me puse el vestido mientras caminaba a mi puerta. Me di media vuelta, lo miré con las manos atadas al asiento y el pantalón desabrochado, le tiré un beso y me volví a acercarse, -¿ te invito a cenar ?-¿ Y tu esposo ?-Llegará en unos minutos, , pero todo bien , no tiene que enterarse que nos vimos, podemos decirles que llamaste y te invité y que llegaste antes que él.
Le di un beso cuando me dijo que si, entramos a mi casa, ,le serví un trago, dejé que él me siguiese tocando las nalgas, las piernas y besando el cuello.
Hasta que escuché el auto de mi esposo que apagaba las luces y reducía su marcha , entonces besé a Juan Marcelo y al oído le dije: -Compórtate ahora ,debemos portarnos bien.
putadelmileniun@yahoo.com